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8 12 07 EN PORTADA Subastas El collar de la reina (Viene de la página anterior) segunda en importancia de las subastas en Suiza, tras la que protagonizó el legado de la duquesa de Windsor- -fue a parar a fortunas anónimas que compraron por medio de hombres de paja para no ser reconocidas. Eran fabulosas creaciones firmadas por Bulgary, Tiffany, Harry Winston, Cartier, Van Cleef Arpels, Buccellati... además de exquisitas joyas de arte mongol y collares del siglo XVIII. El propio Aga Khan pujó para recuperar los 26 lotes de piezas de carácter religioso. Es lo que se llama vengarse de un ex marido. El fabuloso Begum Blue estrella del lote de joyas subastado por Salimah Aga Khan en Ginebra, en 1995, tras su divorcio A la sombra del Trono Cuando Wallis Simpson hizo que Eduardo VIII renunciara al Trono por amor- -o por lo menos eso quiso pensar- bien sabía que no iba tener una vida de Reina pero su marido, en cuestión de joyas, la trató como a tal. Su colección constituía un verdadero tesoro formado por los regalos que le hizo su amado a lo largo de sus años de vida en común. Wallis era caprichosa y el duque visitaba la parisina Rue de la Paix con mucha frecuencia para detenerse en Cartier, Van Cleef, Boucheron... A la muerte de la duquesa las joyas se subastaron en Sotheby s y Cartier pujó por todas las que llevaban su firma. Hoy las tiene en depósito y las muestra en exposiciones itine- Solitario diseñado por Harry Winston y vendido en Ginebra en el año 2000, de la begum Aga Khan (padre) una locura y estuvo precedida de una polémica familiar, pues Isabel II no quería que sus sobrinos llevasen a Christie s las joyas de su hermana Margarita. El conflicto se subsanó cuando los hijos donaron un porcentaje de las ganancias a obras benéficas. La estrella indiscutible de aquella subasta fue la tiara de Poltimore (convertible en gargantilla o broche) un tocado de diamantes sobre soporte de oro y plata, creado en 1870 por la joyería londinense Garrards para lady Poltimore, esposa del tesorero de la Reina Victoria. La Princesa lució la tiara en su boda con Anthony Amstrong- Jones y se remató en 1,35 millones de euros, cinco veces el precio estimado. Quien la adquirió bien sabía que se llevaba un pedazo de la historia de la realeza que, para los ingleses, significa mucho. En el lote figuraba también una pulsera rivière de diamantes, de principios del XX, regalo de la Reina Mary. Un toque de fetichismo rantes, como la que actualmente se exhibe en la joyería de esta firma en Madrid. La última de las grandes subasta de joyas royal fue hace apenas un año, cuando el vizconde Linley y lady Sarah, hijos de la Princesa Margarita de Inglaterra, decidieron sacar a la venta unas doscientas joyas de su madre para hacer frente a los más de cinco millones de euros de impuestos que les pedía el fisco británico por la herencia materna. La subasta fue Gafas de leer (réplica) de Cartier (1927) con su característica pantera. De Wallis Simpson, duquesa de Windsor Diamantes amarillos para esta pieza de la Princesa von Donnersmarck, subastada el pasado mayo Los Saboya, reinantes en Italia hasta 1946, también tuvieron que servirse de sus joyas para ponerse a bien con las autoridades fiscales. La Princesa María Gabriela de Saboya, hija del último Rey de Italia, Humberto II, subastó en la sala londinense Christie s las joyas de su madre, la Reina María José para poder pagar el impuesto de sucesión pendiente con el Estado italiano. Entre las joyas destacó una diadema de diamantes, realizada en 1890 y firmada por August Holmström, de la casa Fabergé, montada con seis diamantes de la talla briolette que pertenecieron a la Emperatriz Josefina de Francia, quien los recibió de uno de sus admiradores, el Zar Alejandro I de Rusia. María José la había heredado de su familia, así como un aderezo de turquesas, regalo de bodas de sus padres cuando se casó con Humberto II. Eran joyas privadas de la familia Saboya, porque las de la Corona están custodiadas en el Banco de Italia desde que los italianos abolieron, tras la guerra, la Monarquía. Coleccionistas de joyas, millonarios, caprichosos, amantes del arte en general y fetichistas de una pequeña parte de la Historia en particular, pujarán el miércoles en Londres para llevarse esas piezas vintage hoy tan de moda, que llevaron grandes testas, destronadas o no, y que por diversas circunstancias de la vida (a veces tristes) salen a la luz para hacer sentir como un reina a cualquier mujer que, eso sí, disponga de un buen talonario de cheques.