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8 12 07 EN PORTADA La Reina Doña Victoria Eugenia fue una gran aficionada a las joyas, que conocieron una agitada vida en el exilio. Es famosa la peripecia de su collar de chatones Subastas El collar de la reina (Viene de la página anterior) capar de sus carceleros, junto con su familia. Un ulterior capítulo de esa historia se abrirá el próximo miércoles, a golpe de mazo, en la sala de subastas Christie s de Londres cuando se adjudique al mejor postor el último sueño de la desdichada Soberana. Y es que lady Elizabeth, tras la muerte de María Antonieta, siguió protegiendo aquel saquito de joyas que su amiga le había confiado. Con el tiempo, los diamantes se convirtieron en collar, pero los Sutherland esperaron casi cincuenta años a montar las perlas y los rubíes. Lo hicieron en 1849, con ocasión de la boda de un nieto de lady Sutherland y, desde entonces, la joya siempre ha estado en manos de la familia. Christie s no ha dicho qué miembro de los Sutherland vende el collar, aunque uno de sus directivos, Raymond Sancrolf- Baker, ha comentado que la joya había permanecido todo el tiempo en la caja fuerte de un banco y que había llegado el momento- excepcional -de ponerla en circulación. La joya podría alcanzar el medio millón de euros y se sabe que el Museo del Louvre está interesado en su compra. Curiosamente, el mismo día 12 de diciembre, Sotheby s de Londres también sacará a subasta Un día movido Arriba, aguamarinas de la Gran Duquesa Isabel Feodorovna de Rusia, asesinada en 1918 por los bolcheviques. Se subastaron en Londres en 1996. La Regente una de las perlas más grandes del mundo, vendida en Ginebra en 2005. Regalo (1811) de Napoleón I a su segunda esposa, Maria Luisa ocho piezas de alta joyería que pertenecieron a Anita Delgado, la guapa española que se convirtió en maharaní de Kapurtala. Las joyas, sobre todo estas piezas con historia, son objeto preferido de coleccionistas y amantes del arte en general asegura Jaime Matos, de la sala de Subastas española Ansorena, quien añade que este tipo de piezas suelen moverse en mercados como Londres o Ginebra, y que los propietarios ya no se desprenden de ellas por motivos económicos, sino por falta de interés, por reparto de herencias... o por el fisco. Piezas de ida y vuelta Lo curioso con muchas joyas regias es que se venden en círculo Las subasta un miembro de una familia y las recompra otro de la misma o las adquiere alguien de otra Casa. Así ocurrió con las famosas esmeraldas colombianas que Napoleón III regalara a su esposa Eugenia de Montijo, brevemente lucidas en Ma-