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ABC VIERNES 7 s 12 s 2007 VIERNES deESTRENO 81 Al matar a George Bush quería mostrar que su sustituto puede ser peor Gabriel Range s Director de Matar a un presidente La izquierda lo criticó por no pintar al presidente como a un idiota, y la derecha por invitar al magnicidio. La escena del atentado contra Bush en este falso documental dirigido por Range ha generado una viva polémica POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. Gabriel Range nació en el Reino Unido y estudió Medicina, pero recondujo su carrera hacia el periodismo. Con un solo fotograma, el de George W. Bush doblado por el impacto de una bala, se convirtió en uno de los directores más odiados del planeta, denostado por figuras como Hillary Clinton y Kevin Costner. -Háblenos de sus problemas para estrenar la película. -Cuando se difundió la primera fotografía hubo una reacción visceral de disgusto y horror. Asumían que era una celebración de la muerte de Bush y casi todo el mundo se puso en contra sin haber visto siquiera la película. Cuando se estrenó en Toronto (donde ganó el premio de la crítica) la reacción fue muy diferente y en 24 horas la vendimos en todo el mundo, aunque las grandes cadenas de cines americanas querían que prometiéramos que nunca sería exhibida en EE. UU. Este fotograma de Muerte de un presidente despertó olas de indignación en EE. UU. antes incluso de que se estrenara la película de los ejemplos más claros es el enorme poder de cadenas como Fox para formar a la opinión pública. Cuando leemos un artículo en prensa sabemos que detrás está la opinión de un periodista, pero cuando vemos la televisión tendemos a olvidar que ocurre lo mismo, pensamos que la cámara no miente y olvidamos el poder de los que editan las noticias. ABC con él en que el Gobierno siembra el miedo entre la población. -Su retrato de Bush es amable. -La izquierda nos criticó porque pintábamos a Bush demasiado inteligente. Pero aparte de ese momento de fantasía de ver su muerte, lo que buscábamos era conmover con el atentado, incluso a los detractores. Lejos de animar a la gente a matar a Bush, pretendíamos demostrar que su sustituto, Cheney, puede ser mucho peor. -Parece más fácil que nunca organizar una conspiración, incluso más que en tiempos de Kennedy. -Es curioso, sí. Lógicamente, una conspiración florece mejor en tiempos sin mucha información, pero sí, aunque es difícil responder a esta cuestión. -Usted, que fue periodista, culpa a la prensa de no contar que vivimos en un clima de terror -Entre el 11- S y la invasión de Irak la Administración Bush manipuló a los medios de una manera increíblemente cínica. Parte de la película está articulada para mostrar esto. ¿Somos más vulnerables que nunca a la desinformación? -En teoría tenemos más información que nunca, pero uno -Es terriblemente frustrante hacer un falso documental, porque debes cumplir ciertas reglas, al pie de la letra. Cada plano debe respetar la lógica interna que tú mismo te has impuesto. Al mismo tiempo es muy interesante cómo puedes interactuar con la historia y contar a la vez otras cosas. ¿Qué da más libertad, la ficción o un falso documental? ¿Usted cree, como uno de los personajes, que Bush debería ser juzgado por crímenes de guerra? -La película nació justo en el momento en que yo veía desfilar a los sospechosos de terrorismo y los convertían en lo que llamo chicos de póster. Nos decían: esta es una guerra muy peligrosa, que transcurre delante de tus narices y por eso estamos autorizados para tomar estas medidas tan extremas para protegerte. Pero la justicia es una cosa muy seria. En Europa hay un mínimo de garantías cuando se detiene a alguien, pero en Estados Unidos no. Esa argumentación siniestra del Gobierno, con la que margina toda posibilidad de discrepancia, es lo que me animó a rodar la película. Es el clima que les permitió meternos en una guerra basándose en un montón de mentiras. Muerte de un presidente Gran Bretaña 2006 93 minutos Género- -Falso documental Director- -Gabriel Range Actores- -Hend Ayoub, Brian Boland, Becky- Ann Baker, Michael Reilly Burke Política- ficción ANTONIO WEINRICHTER No cabe duda de que la política exterior de Bush ha propiciado una politización del cine americano como no se veía desde Vietnam. En ese contexto, que ha revitalizado la vocación de agitación del cine documental, se enmarca Muerte de un presidente Con dos salvedades: es obra, curiosamente, de un británico, el veterano realizador de la BBC Gabriel Range, y adopta el controvertido formato de un falso documental, lo que le permite ampliar el margen de especulación más allá de lo factual. En concreto, Range especula con la idea de un atentado que acaba con la vida del presidente en un hotel de Chicago en octubre de 2007, lo que afortunadamente- -ya estamos en diciembre- -coloca a la película en el espectro de la pura ficción. Pe- -Sí, probablemente. Y Tony Blair también. -Su estilo es muy diferente al de Michael Moore, pero coincide Más información sobre la película: www. deathofapresident. com ro lo que le interesa no es satisfacer, de forma inversa a lo que hizo en su momento la saga de Rambo, el espíritu revanchista de los numerosos detractores de Bush. En ese sentido el filme es sorprendentemente moderado, respetuoso casi, y se muestra atento sobre todo a los efectos del magnicidio, lo que no le ha impedido beneficiarse de la proverbial onda expansiva de escándalo y boicot por parte de quienes no se han molestado en ir a verlo. Lo interesante es ver cómo resucita el espíritu conspirativo rayano en la paranoia que emergió en el cine americano tras la serie de asesinatos de estadistas en los años 60, actualizándolo con imaginería de atentados posteriores, como el que sufrió Reagan. Igualmente interesante es el método: la mezcla de material factual de noticiarios y de insertos falsificados que siguen el modelo posorwelliano de reescritura de la Historia que hemos visto de Zelig a Forrest Gump Todo ello en beneficio de un estimulante ejercicio de políticaficción: la premisa es falsa, no tanto lo que se sigue de ella.