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82 JUEVES DE ESCENA www. abc. es juevesdeescena JUEVES 6 s 12 s 2007 ABC Oler, tocar, gustar, ver, oír el teatro Las Naves del Español, en el antiguo Matadero, acogen desde ayer un nuevo montaje del Teatro de los Sentidos, una singular compañía creada hace quince años por el colombiano Enrique Vargas, que propone una nueva forma de sentir el teatro JULIO BRAVO MADRID. La memoria del vino Un título sugerente para la nueva propuesta de la compañía Teatro de los Sentidos, que nació en Colombia hace quince años y desde hace un tiempo desarrolla su trabajo en Barcelona. La memoria del vino subtitulada Los juegos de Dionisio es, según explica su creador, Enrique Vargas, una experiencia para sentir la unidad de la vida y la muerte a través del camino de la uva Lo que le proponemos al público- -dice Enrique Vargas- -es un viaje. Fernando Pessoa decía que viajar es sentir y eso es lo que queremos, que el público sienta... y juegue. Un buen juego es siempre algo muy serio. Y en todo buen juego hay un misterio. Y es la búsqueda de ese misterio lo que setá presente en el espectáculo. La memoria del vino lleva al espectador a viajar desde la vendimia hasta la degustación y la celebración final. Trabajamos- -dice Vargas- -consecutivamente las poéticas de la curiosidad, del asombro, de la sorpresa, y luego de las pruebas Los veinte componentes de la compañía son los habitantes del recinto en el que los espectadores (únicamente ochenta por función) son viajeros- invitados Estos han de entrar descalzos y dejarse llevar durante dos horas por los sentidos: probarán la uva, la pisarán, olerán el mosto... en una fiesta en la que participan únicamente quienes quieran. No se obliga a nadie a nada- -advierte Enrique Vargas- A mí me molesta mucho ese tipo de teatro en el que te obligan a subir al escenario. ¡Ese no es el trato! Me molesta que me obliguen a nada. Así que aquellos que únicamente quieren observar también pueden hacerlo. Al final se propone una fiesta y un baile, y el que no quiere bailar ni participar no tiene por qué hacerlo La vendimia es la primera de las etapas de un recorrido que se desarrolla en la penumbra de una feria de ensueño. La oscuridad despierta al resto de los sentidos- -dice Vargas- y una vez que se descorre la negra cortina y se penetra en el poblado, comienza la relación de los habitantes con el fantasmagórico espacio Todo empieza cuando Dionisos, el dios del vino, se niega a compartirlo con los mortales, Allí empieza el juego, en el que el público irá descubriendo a extraños personajes, experiencias y juegos, donde nada es lo que parece ser y donde detrás de cada rincón puede surgir lo inesperado Los espectadores, los viajeros, son los verdaderos protagonistas de este viaje, que Vargas califica de reto. Nosotros somos simplemente los habitantes de un imaginario al que el público entra En el fondo, asegura, esto es un pretexto para tomarse un vino con los amigos ríe Vargas. Es un espectáculo- -añade- -hecho desde el deseo y el placer, que busca una ebriedad no necesariamente alcohólica para así arriesgar y jugar a ser otro Naturalmente, el éxito de la función depende en buena manera de la actitud de los espectadores. La compañía ya ha podido probar al público madrileño en otras ocasiones y en alguna función previa. Según Enrique Vargas, el público de aquí es más lanzado que el de otros lugares como Francia o Alemania, donde hemos estado anteriormente; no es que allí no participen, pero aquí la gente se entrega más Vargas está, además, encantado con las Naves del Español. Son un lugar muy apropiado para esta obra, porque en ellas se combina la sensación de una tradición con un magnífico espacio escénico Es el tercer espectáculo de Teatro de los Sentidos, que nació en 1993 en Bogotá. Antes de La memoria del vino llegaron El hilo de Ariadna y Oráculos Las tres obras forman parte de la trilogía Bajo el signo del laberinto Fue precisamente El hilo de Ariadna el germen de La memoria del vino En aquel montaje- -que pudo verse en la Casa de América de Madrid hace ya trece años, y que era un recorrido por un laberinto en busca del Minotauro- ya se les ocurrió, cuenta Vargas, qué pasaría si se soltara el Minotauro. Aquí, ese personaje se convierte en Dionisos. Teatro de los Sentidos es una compañía singular, no sólo por sus propuestas escénicas, sino por su trabajo de investigación. Para preparar La memoria del vino la compañía se trasladó, según cuen- Tercer espectáculo Habitantes y viajeros Los espectadores (sólo ochenta en cada función) que acudan a ver La memoria del vino han de entrar descalzos y deben dejarse llevar durante dos horas por los sentidos y el juego ta Vargas, a Adelaida (Australia) para participar en la vendimia. Nos fuimos tan lejos porque allí no tenían la plaga de la filoxera se explica. Más tarde se trasladaron a Italia pa- ra conocer mejor y participar en el proceso de la elaboración del vino. Allí llegaron a tener dos barricas, el vino del rimorso (arrepentimiento, en italiano) y el vino del pecato El antiguo polvorín del Castillo de Montjuic, sede de la compañía y del centro de investigación Desde hace unos años, el Teatro de los Sentidos está establecido en Barcelona; el Ayuntamiento de la Ciudad Condal, dice Vargas, quería crear un centro de investigación sobre las poéticas del sentir, y hablaron con nosotros Nuestra sede está en Montjuic, en el antiguo Polvorín del castillo; un edificio del siglo XVII que se ha convertido en una Caja de J. B. herramientas Así se llama el centro, donde además de ensayarse los espectáculos se realiza un trabajo de documentación, entrenamiento y producción. Hay laboratorios y talleres, de los que han surgido varios de los actores que más tarde se han incorporado a la compañía. Se trabaja también con personas procedentes de otras disciplinas interesadas en trasladar a sus vidas y sus profesiones el lenguaje sensorial. Hay- -explican los responsables de la compañía- -un continuo proceso de transformación en el que es necesario el equilibrio entre la instalación visual y la acción teatral En La memoria del vino participan diez actores, de diez nacionalidades distintas presume Vargas. Hay españoles, colombianos, daneses... Pero en la compañía trabaja gente de dieciséis nacionalidades No ha sido algo buscado premeditadamente- -añade- sino que se ha dado de una manera natural y es reflejo del mundo en que vivimos.