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80 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 6 s 12 s 2007 ABC JAZZ Llibert Fortuny Concierto de Llibert Fortuny y el Electric Quintet. Lugar: Sala Caracol, Madrid Terremoto Llibert LUIS MARTÍN Llibert Fortuny ha pasado por Madrid para hacer puesta de largo, algo tardía, para su último disco. Este joven altosaxofonista catalán dice que Double step título del álbum, es, en realidad, un homenaje al pasodoble. Sin embargo, por mucho que esta cadencia tan nuestra haya avanzado denodadamente hacia territorios insospechados, en el epicentro del seísmo artístico disfrutado la otra noche no está- -si no es de forma episódica- -el pasodoble, y sí un espectacular mejunje de rock y jazz avanzado. Música que, quizás partiendo del recuerdo de la pachanga, se abre a la contaminación de otros géneros, enredando el saxo a la políglota guitarra eléctrica, sincronizando la batería sincronizada con el bajo eléctrico y con los efectos de sonido que procura Quim Puigtió, el quinto hombre del grupo en la mesa de mezclas. Y en el repertorio piezas para todos los gustos. De todas, hace Llibert una experiencia nueva y original. La sensualidad se manifiesta en Les tres Maries Y el brío en Els pistolers de Sant Celoni Y también en el homenaje a Steve Coleman, explícito en el título, To Steve Coleman En él, David Soler ha vuelto a ser quien coloca las sonoridades más nuevas con su guitarra. Lástima, no obstante, que en la bonanza de un repertorio que funciona a mitad de camino entre el concierto de rock y la jam- session, Llibert recurra al chiste y a la parodia fáciles, rematando la cosa con uno de esos espectáculos de animación cultural que interaccionan con el público y dan, sobre todo, mucho rubor. Nadie es perfecto. En todo caso, a mi me ha parecido esta vez que la banda ha crecido en equilibrio y en tensión instrumental. Hay mucho alboroto, pero también veracidad en el uso de los materiales. Música para el festejo del cuerpo, pero música hecha con sensibilidad moderna por unos instrumentistas que tienen pulso y saben explicarse con inteligencia en diferentes lenguajes, todos superpuestos y sin puntos de sutura. Un alivio para la afición, cansada de tanto músico sin definición y de un escaparate que confunde lo lúdico con lo mestizo y la desnaturalización con la modernidad. Daniela Barcellona (izquierda) y Patricia Ciofi, durante un ensayo de Tancredi momento todo son parabienes para la primera versión veneciana de la obra con su obligado lieto fine o happy end como lo titulan los modernos. Tanto es así, que fue en ese momento de gloria, en el que Tancredi se funde enamorado con Amenaide, cuando se marcó la cúspide de la representación. No quiere esto decir que fuera lo más logrado, pues hubo otras cosas, pero sí el momento en el que todo se fusionó en una muy conveniente alegría general. Riccardo Frizza desde el foso remató lo que hasta entonces se escuchaba con la exquisita precaución de quien hace filigranas para no llamar la atención, Daniella Barcelona se plantó con la autoridad que siempre la precede y Patrizia Ciofi, por citar a las principales, aseguró con enorme precisión el agudo, fiel a la cautela de quien había aparecido en el escenario con la voz afectada. En este sentido, su progresión fue intachable. Desde la salida, Come dolce all alma mia y el primer dúo con Tancredi en el que la emisión sucia se regodeó en delicadezas, hasta la fantástica cavatina No, che il morir non è cantada despacio, cuidando las notas, afilando los remates y ofreciendo una afinación exquisita. Hay que señalar este detalle, porque no fue así en otros casos. La propia Barcellona que dio lo mejor en la cavatina Ah! Che scordar non so tuvo sus problemas en la famosa cabaletta Di tanti palpiti Eso, por no citar lo poco afortunadas que fueron las intervenciones de Umberto Chiummo, Marisa Martins y Marina Rodríguez- Cusí, aun a pesar de que esta última añadió bondad a ciertas nasalidades de su aria Tu che i miseri conforti Y aún el tenor Bruce Sledge aportando lo justo, corto en el agudo y escaso de seguridad en el adorno. Aunque bien es cierto que él y todos los demás cantaron cómodamente, lo cual debe mucho a Frizza y su trabajo minucioso, a su Rossini comedido y muy camerístico. En su caso, la extraña sensación de que, a veces, pareciera no sentirse la orquesta debe ser tomada como un elogio que añadió calidad al resultado general y dio comodidad a los JAVIER DEL REAL Ópera Rossini: Tancredi (versión de Venecia) Int. B. Sledge, D. Barcellona, U. Chiummo, P. Ciofi, M. Rodríguez- Cusí, M. Martins, Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Dir. escena, esc. y fig. Y. Kokkos. Dir. musical: R. Frizza. Lugar: Teatro Real. Fecha: 5- XII Un Tancredi clásico ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Como no podía ser de otra forma, Tancredi triunfó ayer en el Teatro Real. Es lógico. En este mundo de convenciones que nos ha tocado vivir, el público se siente seguro cuando recibe lo que espera. Si la ópera es seria lo propio es que tenga un final feliz. Así ha sido desde tiempo inmemorial y así deberá seguir ocurriendo como muy bien reafirmó el público anoche. Por mucho que el Teatro Real, que no conoce el miedo, se haya aventurado a programar otro Tancredi paralelo con aquel final dramático que Rossini escribió para Ferrara y que tan poca fortuna le dio. Ya se verá mañana que sucede con el experimento. Por el En época de Rossini llamó la atención por su equilibrio clásico, hoy lo ha hecho por su finura y aparente sencillez cantantes. Aunque estos, quizá, también le debieran otro poco a la dirección escénica de Yannis Kokkos. El director griego se ha presentado en el Real estrenando una producción hecha a medias con Barcelona, Sevilla y Turín. Para que no queden dudas, su escena tiene la virtud de inventar poco pero hacerlo en todo momento con elegancia, buen gusto y agilidad. De hecho, el trabajo de Kokkos estiliza las acotaciones del propio libreto, ya sea el parque delizioso del Palacio de Argirio tan sencillamente apuntado por la palmera silueteada en blanco, el lugar público con otras siluetas de templo y monumentos, la cárcel o la cadena de montañas con el Etna al fondo. Tampoco es nueva la posibilidad de utilizar los pupi sicilianos, ya sea para hacer familiar el enredo ya para caracterizar la vieja Siracusa. La gracia de su trabajo está en el detalle, en el orden y en la calidad. La sensibilidad de Kokkos es la de lo límpio, la del espacio bien proporcionado y la del vestuario refinado. La de la armonía y la distinción que, por otro lado, es algo muy cercano a una obra que si, en época de Rossini, llamó la atención por su equilibrio clásico, hoy lo ha hecho por su finura y aparente sencillez.