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60 AGENDA Tribuna Abierta JUEVES 6 s 12 s 2007 ABC Blas Camacho Abogado y ex diputado del PP GABRIEL CISNEROS LABORDA, ICEN que no existe el demonio pero ya lo creo que existe! fueron las últimas palabras que pronunció Gabriel Cisneros momentos antes de morir en medio de una gran paz que traslució su rostro demacrado por la cruel enfermedad. Semejante afirmación me ha impresionado más por venir de un hombre tan riguroso, honesto y preciso en la idea y en la palabra, pero aún así he querido confirmarlas con su familia y vencer una especie de resistencia para escribirlas y publicarlas. Hasta el extremo que las líneas que iba a dedicar a su memoria en torno al veintinueve aniversario de la Constitución Española me llevan a añadir algo nuevo que he tenido el privilegio de compartir con él y no se debe hurtar a la opinión pública para dar a conocer la exquisita personalidad del primer ponente de la Constitución fallecido. Los diputados constituyentes pasamos muchas horas juntos los primeros años de la transición y se entablaron muy buenas relaciones de respeto y amistad entre todos. Destacaba entre nosotros Gabriel Cisneros por su agilidad física, verbal e intelectual y porque hablaba con una riqueza y erudición impropias de su juventud. Se multiplicaba por diez, no perdía un minuto y, sin que se notara, prestaba generosa ayuda a todos. los años ochenta, un día que estábamos sentados en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso me empezó a hablar de religión, quizás más movido por una inquietud natural que por el afán de entablar un debate. Sin embargo, fueron tantas las dudas, los requerimientos y su deseo de profundizar en algunas materias que acabamos hablando con don Ángel García Dorronsoro, un sacerdote admirado por ambos desde finales de los sesenta, aquellos años que la televisión cerraba a medianoche y tenía el último espacio titulado Tiempo para creer que era considerado de los de mayor audiencia. Los dejé solos el resto de la tarde. A primeros de junio de este año, cuando ya estaba muy enfermo, me telefoneó su hija Paula para decirme que su padre quería hablar conmigo aprovechando que venía a Madrid para los actos del treinta aniversario de las primeras elecciones generales. El 15 de junio, por la mañana, en una larga conversación me dijo que le gustaría hablar con un sacerdote y, si fuera posible, con García Dorronsoro. Al día siguiente, sábado, me TESTIGO DE LA RECONCILIACIÓN zona, con sus hijas... hasta que se quedó rendido por el cansancio. En la madrugada del 27 se despertó muy agitado y así estuvo algún tiempo empezó a rezar una oración que repetía con frecuencia: Señor, ayúdame, que Tú tambien has pasado por esto y pronunció las palabras con las que se inicia este artículo. Vio derrotado al demonio, que es la muerte, y quedó descansando en paz en manos de Dios y de su Virgen del Pilar. Cuando muy temprano me dieron la noticia llegué a tiempo de asistir a la capilla ardiente en el Congreso de los Diputados, cuyos salones habían sido abiertos por decisión del presidente Manuel Marín, quien asumió en persona, con la urgencia y las dificultades que surgieron, las honras fúnebres del primer ponente de la Constitución en la casa donde con toda seguridad más horas había pasado de su vida, sirviendo los intereses de España y de los españoles. presidente Marín también tuvo la gentileza de presidir junto con el presidente de Partido Popular Mariano Rajoy el homenaje que le tributó el Grupo Popular el pasado mes de noviembre, y pronunció unas palabras en las que dijo que había aprendido de Gabriel Cisneros, cuando él aún era sólo un humilde secretario de notas entre otras cosas, el significado de lo que era la reforma y la ruptura y calificó a Gabriel como un cristiano viejo que tenía un gran respeto por las instituciones. A continuación se celebró el funeral corpore insepulto en la iglesia de San Fermín de los Navarros, donde lloraba con un río de lágrimas Carmen Chacón, con quien había compartido la Mesa del Congreso y había recibido de Gabriel ayuda y consejo en el desempeño de su función parlamentaria. Servir fue la prioridad de Gabriel, servir leal y fielmente a todos, a España y a los españoles, desde que nació en 1940. Por eso sufrió tanto. Sufrió como todos los que nacimos en aquellos años por las vivencias y consecuencias de la Guerra Civil. Oíamos relatos tan crueles y vivos que nos parecía que habíamos intervenido en ella. Pero gracias a esa sensibilidad la reconciliación se convirtió en el objetivo primero de todos los españoles que, generacionalmente, hicimos la transición. También sufrió viendo a aquella numerosa juventud analfabeta, pobre y sin futuro y, por ello, se propuso servirla y orientarla enseñándoles nuevos caminos de progreso. Su talento más valioso ha si- Servir fue la prioridad de Gabriel, servir leal y fielmente a todos, a España y a los españoles, desde que nació en 1940. Por eso sufrió tanto. Sufrió como todos los que nacimos en aquellos años por las vivencias y consecuencias de la Guerra Civil ¡D Gabriel Cisneros ABC En presenté en su casa para recogerle y acompañarle a ver a don Ángel pero como necesitaba la silla de ruedas para moverse y estaba en el coche escolta guardado en el garaje del Congreso nos retrasó dos horas, y como esa mañana yo tenía que salir de viaje no pude acompañarle. Llovía torrencialmente y, con bastantes dificultades, incluido un pequeño accidente de tráfico, llegaron a la cita. El domingo me dijo que estaba feliz porque se había reconciliado con Dios y con él mismo, había confesado, comulgado y recibido el sacramento de la unción de enfermos, y se volvía a Murcia con muy buenos ánimos. A los pocos días me llamó desde Murcia para decirme que se encontraba tan fuerte y feliz que nos podíamos ver en Madrid porque pensaba venir al debate sobre el Estado de la Nación en los primeros días de julio y después viajar a Zaragoza, donde le iban a entregar la Medalla de Santa Isabel de Portugal en la Diputación Provincial. El día 6 asistió a la revisión habitual en la Clínica de la Universidad de Navarra y pasó el fin de semana en Tarazona ordenando la casa y los libros que había donado a la Fundación Gabriel Cisneros, según su última voluntad. Regresó a Murcia tan agotado que hubo de ser internado varios días en el hospital. Por teléfono me contó que no podía salir a la calle pero le llevaban la comunión a casa todos los días y el sacerdote que lo atendía le hizo un escapulario con las dos estampas que tenía: la Virgen del Pilar y el Cristo de Torreciudad. El día 26 de julio, víspera de su fallecimiento, a media tarde, dijo que quería comulgar y cuando el cura llegó con una sola forma consagrada quiso compartirla con las tres mujeres que le acompañaban en aquel momento. Después de comulgar aún tuvo tiempo y humor para hablar con el PP de Murcia, con el Foro de Ermua, con el alcalde de Tara- El do el don de la palabra, oral y escrita; hablaba como escribía y escribía como hablaba, con perfección gramatical, léxica, cultural, jurídica e ideológica. Un ejemplo: alguna vez le llamaron de ABC a mi despacho para que enviara el editorial porque tenían pendiente de cerrar la edición y, contestando al teléfono, dictaba el editorial que se publicaba a la mañana siguiente. Al leerlo podía comprobar que era fiel reflejo de lo dictado y estaba extraordinariamente bien construido. Este don lo puso íntegramente al servicio de la reconciliación. Era muy joven cuando escribió el primer discurso de apertura política del régimen que se pronunció oficialmente en España por el presidente Arias Navarro. Se conoció como el espíritu del 12 de Febrero espíritu que terminó sus días ahogado por el temor y la ambición. Contenía una frase que le solía recordar Rodolfo Martín Villa, tomándolo a broma: de la juventud había que esperar actitudes críticas y no repetitivas También metió su buena pluma en las famosas palabras que pronunció el Cardenal Enrique y Tarancón en la Iglesia de los Jerónimos. el sangriento zarpazo del terrorismo de ETA en sus carnes, pero no pudieron acabar con él porque no había llegado el momento, y sufrió en silencio viendo a los presuntos asesinos en libertad y con honores. En el intento de golpe del 23- F, su mujer Irene, que estaba con la mía y otras amigas en la Tribuna Diplomática del Congreso y escaparon milagrosamente de la ráfaga de ametralladora que se incrustó a treinta centímetros bajo sus pies en la rejilla del aire acondicionado, en un arranque insuperable de nervios preguntó a mi mujer cómo podía ella explicar a sus hijos que a su padre primero lo había querido asesinar ETA y después la Guardia Civil. Estos últimos años, además de la enfermedad, ha sufrido extraordinariamente al ver en peligro los pilares de la reconciliación a los que había dedicado su vida: la transición y la Constitución. Para concluir añadiré otras virtudes que desarrolló heroicamente con singular eficacia y esfuerzo, poniéndolas también al servicio de todos. Las virtudes de la lealtad y de la fidelidad: a la Corona, a todos los gobiernos, a las instituciones, a los amigos y a las personas con las que trabajó, sin servilismo, y hasta la muerte. Y la virtud de la pobreza, tan mal comprendida hoy: la amó porque le hacía sentirse libre y murió pobre y desprendido de todo, a pesar de haber vivido la mayor parte de su vida en el centro del poder. Quizás por eso mismo la amó y la practicó Sufrió