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ABC JUEVES 6- -12- -2007 MADRID 51 AL DÍA Cuando Andrés leía el artículo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, moría el guardia civil tiroteado por ETA La lengua española y los derechos fundamentales, los aspectos más recordados ayer Ignacio Ruiz Quintano FESTOLÍN stamos en el festolín de la Constitución, ese Mahabarata y Ramayana de la democracia a la española. ¡La Constitución! Soy español; nunca he podido disfrutar a gusto, largo tiempo, de los placeres constitucionales; en mayor o menor medida, mi libertad sufrió siempre coacciones. O me suspendían las garantías, o me obligaban a obedecer leyes restrictivas, o... Toda la vida así. En el papel, mis derechos eran innumerables. Pocos ciudadanos en el mundo entero gozaban de tanto respeto como yo. Una montaña de legajos guardaba, consignados en magnífica letra de imprenta, mis prerrogativas de español, enumerados los infinitos actos de mi pensamiento o de mi voluntad que contaban con el amparo de los Gobiernos, de la Policía, del Ejército, de los catedráticos y de la Guardia municipal... La realidad era distinta. Nos perdemos en detalles menudos, tomamos el efecto por la causa, atacamos el mal muy lejos de su origen, gustamos de gritar y de bracear, como una tribu de monos. Hacemos una Constitución excelente que no podemos implantar Así se explicaba Fernández Flórez en diciembre de 1931, mientras los diputados votaban una Constitución bajo la espada de la Ley de Defensa de la República. Y el gran Azaña, modelo liberal de los Aznar y los Rodríguez de nuestras tribulaciones, matizaba: La Constitución dirá lo que quiera... pero, lo que yo digo... Todo en una atmósfera tan laica como la del Madrid de Gallardón. Recuerdo, escribe Unamuno- -sí, el rector- que después de que aquellas Constituyentes, de nefasta memoria (Dios nos perdone) votaran (yo no voté, ni asistí a aquellas sesiones) aquel artículo 26, en el que se incluyeron muchas cosas verdaderamente injustas, como se lo reproché a uno de los prohombres revolucionarios, el cual me contestó: Sí, es injusta, pero aquí no se trata de justicia, sino de política Y me dio a entender que ciertas medidas persecutorias injustas se tomaron para proteger a los perseguidos contra otras persecuciones populares. Es como si un tribunal dijera: le hemos condenado a muerte, porque, si no, la turba lo saca de la cárcel y lo lincha Un cubo de Larrea en la Castellana. Eso es hoy la Constitución. E La delegada del Gobierno de Madrid, Soledad Mestre, prefirió el todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral que consagra el artículo 15. Al Palacio de Cibeles también se acercaron la presidenta de la Asamblea de Madrid, Elvira Rodríguez; la delegada municipal de Familia, Concepción Dancausa; la de Urbanismo, Pilar Martínez; la de Obras, Paz González; y la de Las Artes, Alicia Moreno. Entre los rostros conocidos, el actor Paco Valladares, el judoka Ernesto Pérez Lobo, el atleta Chema Martínez y el ex jugador del Real Madrid de baloncesto, José Luis Llorente. El cierre de la lectura corrió a cargo de Manuel Fraga que, pese a sus años, no dudó en acudir a la sede consistorial. Él, uno de los padres de la Constitución, también leyó otra parte del preámbulo del texto constitucional. Si las cuentas no fallan, los artículos más leídos ayer fueron el 3 El castellano es la lengua oficial del Estado el 9 y el 10 (sobre derechos y deberes fundamentales) 11 (de la nacionalidad española) el 14 (igualdad ante la ley) 27 (derecho a la educación y a la libertad de enseñanza) el 50 (sobre las pensiones) y el 56 El Rey es el jefe del Estado, símbolo de su unidad Fraga cierra el acto Una ciudadana lee, dentro de su turno, uno de los artículos de la Constitución JAIME GARCÍA Las fans del alcalde También se escucharon en diversas ocasiones el artículo 1 La soberanía reside en el pueblo el 2 (sobre la unidad de la Nación y el derecho a la autonomía) el 4 (sobre la bandera) el 16 (libertad ideológica y religiosa) así como el 45 (sobre el respeto al medio ambiente) y el 47, sobre el derecho a la vivienda. Matilde Martín Zahonero, una jubilada madrileña, bajaba del altillo a toda prisa y enfilaba hacia donde se sentaba el alcalde. Es que quiero que me firme un autógrafo Tras varios segundos de titubeo, se arrancó y consiguió la rúbrica de Ruiz- Gallardón que, por cierto, no era la primera que estampó ayer. Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz- Gallardón, en animada charla ayer, en el Palacio de Cibeles EFE