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84 Tribuna abierta MARTES 4 s 12 s 2007 ABC Marcelino Oreja Ex ministro de Asuntos Exteriores FERNANDO MARÍA CASTIELLA Castiella fue siempre un vizcaíno español, embebido con pasión a la vida común de España y vizcaíno universal que jugó un papel crucial en sus responsabilidades públicas al frente de la política exterior de España ÁNGEL DE ANTONIO petuoso con la libertad esencial de los demás. Hay que situarse en aquellos años sesenta y en las circunstancias de la España de entonces para comprender que sólo una profunda convicción es capaz de proporcionar la energía necesaria, incluso frente a altos dignatarios de la Iglesia, para intentar devolver a los españoles un principio tan esencial como el de la libertad religiosa. al vez el problema que tuvo Castiella fue intentar realizar una política exterior objetiva y a largo plazo partiendo de un sistema que necesariamente operaba a corto y subjetivaba cualquier planteamiento internacional en razón de unos supuestos muy concretos. Esa dificultad es la que condujo a la existencia de una política exterior no siempre congruente con la interior, disparidad insostenible más allá de la voluntad de un hombre y que lógicamente debería conducir o al cambio del sistema o a la sustitución del hombre. Pero ese planteamiento inicial no hace sino engrandecer la personalidad de quien conscientemente lo asumía, con todos los riesgos. En 1976 fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Morales Y Políticas. En su discurso Castiella dejó un mensaje sencillo pero enormemente lúcido resumen de su experiencia política: No hay política exterior posible, ni simplemente política sin un esfuerzo contenido e inteligente, sin un análisis sereno y probado de cada problema, sin un espíritu animoso ante todo signo de desfallecimiento Y más adelante nos dio un consejo que sus colaboradores escuchamos muchas veces: No olvidemos que hay intereses permanentes de España, hay problemas antiguos que aún esperan una solución. Y no podemos soltar la presa de nuestra atención un día, para vagar erráticos, en busca de otra presa tentadora, dando así la razón a quienes nos tienen por inconstantes y juegan con nuestra volubilidad y falta de empeño tenaz Algo que no se puede omitir en la biografía de Castiella es el orgullo que sentía de su condición de vasco. Muchas veces puso de manifiesto- -y con gran solemnidad lo manifestó en Guernica en 1964 al conmemorar la Fiesta de la Hispanidad- -cómo lo vasco no sólo no es un elemento extraño a la línea histórica común de España, sino que es un ingrediente purísimo de españolidad e hispanidad. Castiella fue siempre un vizcaíno español, embebido con pasión a la vida común de España y vizcaíno universal que jugó un papel crucial en sus responsabilidades públicas al frente de la política exterior de España. T En la imagen, de izquierda a derecha, Marcelino Oreja, Gonzalo Anes, Sabino Fernández Campo, Juan Velarde y Rafael Sánchez Mantero. STOS días se cumple el centenario de una de las personalidades más representativas de la política exterior del pasado siglo y ministro de Asuntos Exteriores de España entre 1957 y 1959. Un grupo de colaboradores y varios catedráticos le hemos dedicado un libro recogiendo algunos de los capítulos más significativos de su actividad internacional y que ha sido presentado en la Academia de Ciencias Morales y Políticas de la que fue académico. La actuación de Castiella constituyó un hito en la historia de nuestras relaciones exteriores, ejemplo de dedicación y entrega, maestro creador de escuela, político íntegro e inteligente que supo trabajar sin descanso al servicio de los intereses de España. Los muchos años pasados a su lado fueron para nosotros la mejor herencia, la más segura enseñanza y el recuerdo firme de cómo un hombre público debe saber en todo momento mantener sus auténticas convicciones dando un ejemplo permanente de dignidad y buen hacer. Su paso por Exteriores fue un duro, tenaz y sostenido intento de llevar a España desde la anquilosada realidad de unas estructuras políticas y sociológicas desfasadas, hacia ese entorno de países democráticos que forjaban a pasos agigantados una Europa de libertades y derechos humanos. Castiella dio al Ministerio un empuje cálido y renovador. Creó equipos de trabajo con espíritu conjuntado y audaz. Despertó en las nuevas generaciones diplomáticas una iluminada esperanza. Modernizó reglamentos y administración. Y una vez puesta a punto la máquina instrumental, se lanzó a E múltiples iniciativas llevadas a cabo durante tan largo e importante período de nuestra historia. astiella se encaró tesoneramente con todos los problemas sociales del periodo histórico que le tocó vivir. Su actuación internacional ofrece la clara imagen de un plan coherente que trata siempre, adaptándose a la coyuntura del día, de conseguir unos resultados. Se enfrenta así con los problemas derivados de la relación de vecindad con otros Estados, como los que se deducen de nuestra situación geográfica, de nuestra condición de europeos, con el hecho de nuestra pertenencia a la Comunidad Iberoamericana de Naciones y nuestra historia común con los países árabes, sin olvidar el amplio capítulo de nuestra relación con Estados Unidos y con el bloque de países del Este. Moderno y pragmático, acepta sin vacilar las consecuencias del gran movimiento descolonizador y a la hora de los principios defiende la no injerencia en los asuntos de terceros, la igualdad entre todos los Estados, el derecho a la integridad territorial y al respeto de la soberanía en todos los espacios soberanos del Estado. La entrada de Castiella en el Ministerio se caracteriza también por la puesta en marcha del proceso de integración de España en los organismos económicos como la O. C. D. E. y el Fondo Monetario Internacional, y en 1962 inicia el proceso de acercamiento a la integración europea que culmina, aunque ya no lleve su firma, con el Acuerdo Comercial Preferencial. Mención especial merece la política de Castiella en relación con Gibraltar. Cuando el C Gobierno británico, pretendiendo ampararse en la ola descolonizadora de los sesenta para anular el Tratado de Utrecht, inscribió el tema de Gibraltar ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, Castiella impidió que la colonia perdiera su ligamen jurídico de origen con España y ello gracias a una dura pelea en la ONU en la que los nuevos países independientes salidos de la descolonización entendieron y apoyaron las tesis españolas, aunque vinieran de un viejo gran país con historia colonial. n relación con Estados Unidos, al expirar en 1968 la prórroga de los Acuerdos Castiella decidió elevar el precio de los mismos. Pidió que el rango del Acuerdo se elevase a Tratado; que las contrapartidas financieras fueran tres veces mayores; que se pusiera plazo final a la presencia del armamento nuclear en las bases españolas; que el Tratado fuera de amistad y cooperación y que esa cooperación nos abriera las puertas de la Alianza Atlántica y se extendiera además al campo educativo, tecnológico, económico y cultural entre dos países. Al no alcanzarse soluciones satisfactorias impuso una prórroga hasta 1.970 lo que en buena medida fue la causa de su cese el 29 de Octubre de 1.969. En la incesante actividad de Castiella hay un tema que resalta por su indudable profundidad, pero que trasciende de la pura política exterior. Es el tema de la libertad religiosa, planteado por el ministro dos años antes de comenzar el Concilio Vaticano. Con él tenemos una ventana abierta sobre las ideas de un hombre profundamente católico, pero res- E