Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MARTES 4- -12- -2007 ABC Mark Wallinger gana el Turner más osado por Sleeper En el vídeo aparece el artista vestido de oso deambulando diez noches por un museo EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Mark Wallinger se alzó anoche con los 36.000 euros del premio Turner, al que optó con su vídeo Sleeper en el que el artista aparece vestido de oso deambulando por el amplio vestíbulo de un museo. Wallinger hizo de sus palabras de agradecimiento una breve arenga política, dedicando el premio a Brian Haw, un destacado activista contra la guerra de Irak, cuyas pancartas frente al Parlamento de Westminster Wallinger recreó este año en su obra State Britain El premio, otorgado por la Tate, se entregó por primera vez en Liverpool para apoyar la capitalidad cultural europea que esa ciudad ejerce en 2008. Las obras de los cuatro artistas que aspiraban al galardón seguirán expuestas en la Tate Liverpool hasta el 13 de enero. Willinger, que optó al premio en 1995, año en que ganó Damien Hirst, ya presentó Sleeper hace dos años en la Bienal de Venecia. El vídeo, de dos horas de duración, muestra al artista disfrazado de oso, deambulando por la Nueva Galería Nacional de Berlín, edificio de Mies van der Rohe. Wallinger se pasó diez noches bajo el peludo disfraz, visto desde el exterior por los transeúntes. La obra tiene mensajes múltiples, según ha explicado Wallinger. Ese oso durmiente hace referencia a los informantes de la antigua RDA, espías en medio de la población que delataban a sus iguales, pero también tiene que ver con las barreras invisibles que dividen a las sociedades y con los osos del zoológico de Berlín, que al parecer no pueden procrear. Otro de los favoritos al premio había sido Nathan Coley, que ha ocupado titulares por el pequeño listón que puso en el suelo del pasillo de acceso a una sala de la Tate Liverpool. Presentado como escultura en sí mismo, junto al listón ha tenido que instalarse un empleado del museo para advertir a los visitantes del peligro de tropezar. Fascinado por la idea de fe, en una era de incertezas morales, Coley sugiere que el arte puede erigirse en sustituto de los ideales religiosos, aunque nadie debe esperar milagros. Aquí no habrá milagros era el título de su obra principal, palabras expuestas en un letrero luminoso como el que puede verse sobre un teatro. Zarina Bhimji aportaba diversas fotografías, entre ellas Ilegal sleep una imagen de armas de fuego apoyadas contra la pared. El muro es precisamente un elemento recurrente de la artista, como algo que ha absorbido parte de la identidad de su constructor y sus anteriores moradores. Por su parte, Mike Nelson había presentado otra instalación de su serie Amnesiac que son como flashbacks de los supuestos miembros de un club ciclista formado por veteranos de la Guerra del Golfo. En esta ocasión, había creado un santuario amnésico en el que la arena y los espejos buscaban explicitar parte de la memoria de los imaginados soldados. Más información en: www. tate. org. uk britain turnerprize Wallinger aparece disfrazado de oso en Sleeper obra ganadora del premio Turner Fernando Castro Flórez Crítico de arte SIN MILAGROS staba cantado: ganaría el premio Turner una obra mala, malísima o, sencillamente, penosa. Es una tradición posmoderna y, por su propia naturaleza simulácrica, tiene que ir rumbo a peor. Desde los animales en formol de Hirst, un artista con una tendencia extremada a fusionar lo cursi con lo megalómano, hasta las cerámicas funestas de un creador travestido, solamente habíamos contemplado el paso de lo hermético (la habitación vacía de Martín Creed) a lo totalmente patético o a la pura nadería ornamental (las pinturas de Tomma Abts) Si bien este premio se instituyó hace más de veinte años, ha sido en la última década E El premio se entregó por primera vez en Liverpool para apoyar la capitalidad cultural europea de esa ciudad en 2008 Wallinger dedicó el galardón a Brian Haw, un destacado activista contra la guerra de Irak cuando se ha convertido en un evento mediático que ha llevado al público en general a confirmar que el arte contemporáneo es, lisa y llanamente, demencial o una bagatela mistificada, preparada para activar la pulsión turística. Aunque sea lamentable, es lógico el éxito de gente tan insustancial o torpe como Tracey Emin, de la misma forma que el escándalo frente a las pinturas escatológicas de Chris Ofili es una pose que revela un sustrato de aburrimiento, eso sí, verdaderamente aterrador. Hay algo de truco fácil en la obra de Mark Wallinger, ganador finalmente del Turner 2007, al meter dentro de la Tate una reproducción de las pancartas con las que el pacifista Brian Haw protestó durante meses frente al Parlamento Británico contra la Guerra de Irak. Porque, desde el momento en el que el antagonismo real se introduce en la nevera museal, se pierden todas las aristas críticas. Aquel dictamen que cerraba el ensayo de Walter Benjamin sobre la obra de arte en la época de su repro- ductibilidad técnica se ha invertido: regresa a la tendencia, a la estética de la política. Nosotros hemos asistido a la conversión de las consignas políticas en private jokes, fórmulas con las que camuflar la impotencia o, algo más grave, el cinismo. Duchamp ha sido la coartada fácil para deslizarse por la pendiente de la ironía autocomplaciente. Una cabal actitud epigónica llevó al citacionismo e, inmediatamente, al cóctel global en el que la estrategia principal es la tematización y el bienalismo, cómplices en la imposición de la banalidad sin asideros. ¿Qué sueños incuba el artista Mark Wallinger disfrazado de oso? ¿Se trata de una comparación sutil o humorística sobre el arte como zoológico? ¿O es una deconstrucción de la pureza modernista de un edificio de Mies Van der Rohe? Al final nos calentamos la sesera por puras naderías. Un letrero luminoso de Nathan Coley, candidato derrotado al premio popular resumía la situación: No hay milagros aquí