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ABC MARTES 4 s 12 s 2007 ESPAÑA 23 El Supremo justifica condenar a Parot en la carta enviada a ETA El Alto Tribunal considera que el etarra contrajo una renovación en su voluntad delictiva con la misiva J. A. MADRID. La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo justifica su decisión de ratificar la condena de once años de cárcel que la Audiencia Nacional impuso por segunda vez al etarra Henry Parot por pertenencia a organización terrorista, argumentando que con la carta que dirigió a la dirección de la banda en 2001 para animarle a cometer atentados se produjo una renovación en su voluntad delictiva La sentencia del alto tribunal, de la que se adelantó el fallo el pasado 18 de octubre, destaca que Parot experimentó una ruptura física con la banda desde su ingreso en prisión, en 1990, hasta que consiguió un canal de comunicación con el exterior. Hasta que esto no tuvo lugar, es patente que estuvo por más o menos tiempo rota su vinculación con la banda, hasta tanto se lograra de nuevo tal conexión por medio de contactos epistolares argumentan los magistrados. A esa ruptura física con la banda, la resolución, de la que ha sido ponente José Ramón Soriano, añade la existencia de una ruptura jurídica que se sustanció tras la primera sentencia dictada contra Parot. Este fallo, según el Supremo, cerró un periodo de integración en la misma, en la que el recurrente sufrió el correspondiente reproche reflejado en la condigna sanción, lo que supone concluir jurídicamente un periodo de actividad delictiva dentro de la banda Así, cuando el etarra envió a la dirección de ETA la carta en la que reclamaba la elección de objetivos terroristas más vitales reiteró su actividad corporativa en la organización y cometió una renovación en la voluntad delictiva que persiste en la ilicitud, volviendo a introducirse en actividades colaboradoras con los fines criminales de la organización terrorista Antonio García Barbeito EL LUTO CANSADO Condenadas por acoger a sus novios etarras El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de cinco años de prisión por colaboración con banda armada para Ana María López y Ziortza Fernández, compañeras sentimentales de dos etarras, a los que dieron cobijo en sus domicilios en varias ocasiones, junto a otro miembro de ETA huido de la Justicia. La Sala de lo Penal ha rechazado el recurso de casación presentado por las acusadas contra la resolución de diciembre de 2006 de la Audiencia Nacional, que también condenó a sus compañeros, Aitor Herrera y Gorka Martínez, a 17 años de cárcel por integración en organización terrorista. orque es cansancio, amén de dolor y rabia. El luto por acciones terroristas es en España un luto cansado que ya no sabe qué esperar para dejar de serlo. Si nunca tuvo sentido, hoy, al volver a vivirlo después de varios años sin asesinatos directos, nos resulta más innecesario, inútil incluso para los asesinos. Aunque en la sangre estaba fresco, en la ropa iba perdiendo color ese luto que vino del terrorismo. ¿A qué vienen esos tiros en Francia que le desbaratan a España su confiada siesta en paz? Si los terroristas hubieran respetado este tiempo de afasia del plomo, todo- -incluso parte de lo que ellos persiguen- -podría ir tomando su camino. Pero este plomo aislado, a destiempo, este plomo tan frío como el de siempre viene a decirnos que no es posible la domesticación de la fiera. No hay trato posible, no hay P posibilidades de claro amanecer si no es forzándolo. En estas tribus donde el odio enraíza como la grama por un suceso quizá leve en origen pero grave en su persistencia, basta a veces una condescendencia de alguien de un lado, un regate al odio, un gesto de intención pacifista para que la tercera generación inicie un nuevo camino en el que se dejen muy atrás- -si no en el olvido, sí atrás- -palabras y acciones de otros días. En estas tribus he visto amarse a nietos de abuelos que juraron machacarse la sangre; he visto unidos en amistad a hijos de padres que buscaron la manera de matarse en el aire caliente de odio de la guerra. Pero, cansados del odio, pusieron palabras donde estaba el rencoroso silencio. Luego es posible la paz. Y sé que bastaría una palabra de uno de estos hijos, el recuerdo de un día cualquiera del pasado para que el odio renaciera de su umbría. Ojalá nos cansáramos- -se cansaran- -de acarrearnos muerte. Porque esto de hoy de los terroristas es pena, y asco, y dolor, y desesperación, sí. Pero sobre todo es cansancio de ver que para algunos la vida ajena es una enfermedad. Cansancio, cansancio. España, amén de harta, está cansada. Esto es ya el dolor del luto cansado.