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ABC LUNES 3 s 12 s 2007 DEPORTES 95 EL MUNDO ES UNA HISTORIA CHUPONES FUERA DE JUEGO Fernando Castro Flórez El caballo Eto o, en plena acción en el hipódromo venezolano de La Rinconada ABC Eto o vuelve a correr Es moreno, fibroso, con sprint explosivo. Es una de las estrellas de su deporte. Se llama Eto o. Y se distigue por llevar en la espalda una camisa azulgrana La de su jóquey. Uno de los mejores caballos de carreras de Venezuela se parece mucho a Samuel. POR MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL CARACAS. De la Prensa: Eto o puso de manifiesto su impetuosidad, dejando claro que va camino a relucir que está nuevamente dispuesto a materializar el triunfo Eto o es moreno, fibroso, atlético. Eto o sube por la banda, esprinta, dosifica y culmina con una carrera explosiva. Eto o porta a los lomos una casaca azulgrana. Pero Eto o tiene cuatro patas, porque es un caballo: una de las figuras del hipódromo caraqueño de La Rinconada. Mas, el día de la carrera, y del mismo modo que le sucede al Barça de Frank Reijkaard, Eto o, el caballo de la cuadra Montalbán, bajó el ritmo en la recta final y fue superado por sus rivales. Montado por el jóquey Uribarri, el recio terminó en la cuarta plaza. El turf venezolano no se libra de la polarización que sacude al país en torno al referéndum por la reforma constitucional que se votaba ayer. Pero la batalla campal que se preparó el pasado domingo en la pista de La Rinconada no tuvo origen político. Un grupo de jinetes salió a protestar por la colocación de una tarima en los jardines internos de la cancha, dispuesta para un concierto de Maná. Y, con sorprendente desmesura, la Guardia Nacional disolvió la manifestación con porras y perdigones. Doce caballeros, encabezados por uno de los dirigentes del Sindicato de Jinetes de la capital, se presentaron en la pista junto a los equinos que debían participar en la primera prueba, sobre un trazado de 1.800 metros. Los fustas condujeron a los animales hasta el aparato de salida, frente a la tribuna B, y se unieron a los jockeys frente a la tribuna A. Luis Chacón, presidente de la Junta Liquidadora del Instituto Nacional de Hipódromos intentó, sin éxito, hacer entrar en razón a los jinetes. Una hora después, dos camiones de la Guardia Nacional se presentaban en la pista y cargaban a porrazo limpio contras los inconformes, llegando a herir a un caballerizo con una escopeta de aire comprimido. Varios de los caballistas resultaron con lesiones, y uno de ellos fue detenido y llevado al Comando de la Guardia Nacional que se encuentra a las puertas del recito, para ser puesto en libertad poco después. A concecuencia de los sucesos, desde entonces no han vuelto las carreras a La Rinconada. Chacón anunció que vamos a tomar las medidas pertinentes en contra de las personas que llevaron a cabo esta acción. Los jinetes no se acercaron para exponer sus preocupaciones. Si hubiesen tomado la vía del diálogo, quizás yo hasta habría suspendido los conciertos. Algunos alegaron que temían por la indocilidad de los animales, pero en otros países estacionan coches en el óvalo, hay personas, toldos y no pasa nada. Cabe preguntarse si aquí están bien domados los purasangre El concierto del grupo mexicano no tuvo repercusiones mayores. El trazado principal de carreras ya está reacondicionado, los tractores con los rastrillos se han esmerado en los 350 metros finales y frente a la raya, donde la arena quedó compactada por el repetido paso de camiones y del público, que la atravesó sobre una lona acolchada. Y la música tampoco parece que afectara a los caballos. La pista sigue operativa todas las mañanas. Cuando así lo deseen, podrán trabajar los ejemplares anunció Chacón. Pero, mientras tanto, el pobre Eto o sigue chupando banquillo ablo con conocimiento de causa. Soy un socrático demenciado que, por lo menos, recuerda el precepto délfico: me he esforzado por conocerme a mí mismo. Fui, lo reconozco, un chupón de tomo y lomo. En cuanto llegaba a mis manos el balón me olvidaba de todo y sólo pensaba en meter la canasta. Tiraba desde todas las posiciones, me daban igual los alaridos del entrenador o las caras de completo desánimo y hondo cabreo de mis compañeros. Perder o ganar era lo mismo, lo decisivo era que yo me saliera del marco, esto es, que el ego se inflara como el pecho de una gallina. Pero cada cerdo, por seguir con la alegoría animalística, tiene su San Martín. He tenido que soportar, en estos años alopécicos, a una legión de chupones que me han llevado a ver bajo una luz diferente mis años de miserable intransitividad. Cada vez que veía a mi hijo Ernesto pidiendo, en vano, que le pasaran la pelota que otro tarugo creía patrimonio heredado aristocráticamente, se me revolvían los hígados. Llegué incluso a darle la chapa superlativa para que él mismo se convirtiera en uno de esos profesionales de la falta de compañerismo y, entregado de esa manera al narcisismo completo, utilizara al equipo para encumbrarse como un héroe Afortunadamente, mis perversas intenciones, fueron rechazadas de plano. Las mañanas de los sábados, contemplando los éxitos de los infantiles del Moscardó, compruebo que los males del chupeteo no tienen tratamiento médico posible. Agarran la pelota en el medio del campo, se ponen a regatear, percuten contra cuatro defensas, tiran a puerta, pero siempre en una acción individual, pasando de todo o, para ser más preciso, de todos los demás. Es lamentable que, desde la más tierna infancia, se aliente la falta de solidaridad, el oportunismo, la ceguera frente al otro. Al final la cultura deportiva del resulta- H El caballo Eto o chupa ahora banquillo después de una accidentada protesta de jinetes y cuidadores Mientras el enfermo del caracoleo no aprenda a establecer vínculos con los demás, el juego será miserable dismo tiende a olvidar la falta de respeto completo de aquel que, aunque metiera un gol o muchos más, se negó en redondo a contribuir al juego del equipo. Porque lo que el chupón no entiende es la naturaleza social del deporte, la construcción de una comunidad que quiere que suceda algo extraordinario y eso es, valga la perogrullada, un intenso sentimiento de estar juntos y de hacer algo entre todos. El himno es la voz descomunal de un estadio, el gol tendría que ser como ese abrazo eufórico que luego se reclama, algo que cohesiona. Mientras el enfermo del caracoleo no aprenda a establecer vínculos con los demás, el juego será, lisa y llanamente, miserable. Los fotógrafos estaban volcados sobre el banquillo del Barcelona, cegando a Ronaldinho que estaba donde se merecía. Esas instantáneas tendrían que fundar una pedagogía reeducadora de los chupones. Onésimo, uno de los maestros del regate futbolero que militó en el Barcelona, el Rayo Vallecano o el Valladolid, declaraba, en una entrevista reciente, que como futbolista, me siento un pelín fracasado A la pregunta de qué le faltó, contesta, lanzando, como es canónico, la culpa fuera: Faltó gente que me dijera a tiempo cuándo debía soltar la pelota, cuándo regatear El paso del tiempo vuelve todo desvaído, pero este jugador que bajaba la cabeza y no miraba a otra cosa que al esférico mientras piruleaba incluso al banderín de corner estaba, literalmente, sordo como una tapia. Algunos se destrozaron las cuerdas vocales gritando pásala otros seguían hechizados cuando al apagarse los focos hacía la última bicicleta. Ahora es entrenador y quiere enseñar a no hacer lo que en él era obsesión. A mí me pasa lo mismo. Me gustaría ver esa jugada en la que hubiera diez pases y algún rasgo de generosidad, una palabra que parece tabú en el deporte. El astro brasileño del Barcelona, al que su mamá le dejaba mancharse sin recriminarle nada, salía del estadio, con un pañuelo de camuflaje sobre el pelo grasiento, unos pinganillos implantados a perpetuidad en las orejas y una sonrisa exagerada. En el graderío únicamente Andrés Montes, Salinas y Valdano, los profetas del tikitaka que seguían divagando a su bola. Ronaldinho levantó el pulgar, saludo al vacío integaláctico y, de remate, hizo el signo del teléfono. Creo que no había aprendido nada de nada. Aunque le llamen desde el Olimpo seguirá a lo suyo, ignorando lo de todos.