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ABC LUNES 3 s 12 s 2007 MADRID 53 Antonio Sáenz de Miera Presidente de Amigos del Guadarrama TODOS VERDES SOBRE EL PAPEL os sorprendió a muchos que Mariano Rajoy, a pocos meses de las elecciones, hiciera unas declaraciones socarronas, familiares y distantes sobre el cambio climático. Nuestra presidenta, tan temperamental y rajoniana, le apoyó de forma inmediata. Y a los pocos días nos enteramos de que el Partido Popular va a hacer del cambio climático uno de los ejes de su programa electoral. Era de esperar. En estos tiempos todos somos verdes y ningún político sensato puede permitirse el lujo de hacer bromas con esas cosas. Podría regañarle Al Gore. Ahora bien, eso de que todos somos verdes hay que matizarlo mucho. Es cierto, quizás, en el plano nacional en el que el compromiso verde de los ciudadanos queda muy lejano y no toca en general ningún interés. La cuestión se plantea de forma ya muy diferente en el plano regional. No creo, por ejemplo, que en Castilla y León la defensa de la Sierra de Guadarrama, tal como muchos la entendemos, claro, proporcione votos y ello explica los recelos de la Junta sobre el Parque Nacional. En Madrid es otra cosa. El Guadarrma es nuestro espacio natural más importante, la ciudadanía se muestra más exigente y por eso, probablemente, nuestros responsables medioambientales se están pensado seriamente, creo, lo del Parque Nacional. Ya veremos. Pero donde lo verde se complica es en el plano local. En las elecciones municipales, sobre todo en localidades de poca población, aparece un elemento que puede ser muy perturbador y alterar seriamente las creencias ecológicas de los ciudadanos. Me refiero, ya lo anticipé, a los intereses particulares. A nadie le gusta prescindir de la carretera que le lleve en automóvil hasta la puerta de su casa; a nadie le gusta cambiar su vehículo potente y amplio por otro menos rápido pero que contamine menos; pocos están dispuestos a dejar de soñar en los adosados que podrían ser construidos en ese huerto o en ese prado que tiene en el pueblo y que no les reporta nada... Verde que te quiero verde que diría Lorca. Todos somos verdes, sobre el papel y en teoría. N El grupo británico Chemical Brothers, en un momento de su actuación ayer en el Madrid Arena FRANCISCO SECO Chemical Brothers, cónclave electrónico en la Casa de Campo La banda británica y su telonero James Holroyd, protagonistas de la última fiesta del fin de semana madrileño, que reunió en el Madrid Telefónica Arena a miles de seguidores del techno IGNACIO SERRANO MADRID. El ambiente en los alrededores del Madrid Arena ayer por la noche prometía juerga. Cientos de jóvenes montándose sus chiringuitos particulares en maleteros de coches fueron calentando motores durante las horas previas al concierto de los británicos Chemical Brothers, que invitaron a su viejo conocido James Holroyd para acompañarles en su cita madrileña. Música a todo trapo, gente bailando como loca, el desperdigado botellón se prolongó hasta pasadas las nueve, cuando Holroyd ya había comenzado su sesión. ¡Aquí hasta mañana por la mañana! gritaban eufóricos algunos, acabándose los últimos tragos de alcohol antes de unirse a la cola para entrar al pabellón. Demasiado optimistas, pues tras el reglamentario cacheo en la entrada se produjeron las primeras bajas, cayendo algunos chavales en las profundidades de su cogorza en mitad del pasillo hacia la pista central. James Holroyd, antes de ser paje de los Chemical Brothers, fue en varias ocasiones segundo de a bordo de Carl Cox, y lleva girando por todo el planeta desde hace más de un decenio. Gran currículum, pero anoche tuvo que cumplir su función de telonero pinchando lo mejor de su techno- house ante un público todavía frío y poco bailón. No se había completado aún el aforo, y no se completaría después, circunstancia quizá achacable a la promoción del concierto. Un miembro del control de accesos contaba que las gradas probablemente se cerraran porque no había gente con qué llenarlas. Lo cierto es que quedaron bastantes entradas en taquilla, otro error de cálculo como el de organizar este concierto un domingo, sobre todo teniendo en cuenta el estilo de vida del público potencial. Javi, que acabó acudiendo a la cita sólo con su novia, aseguraba un poco decepcionado: Muchos colegas míos iban a venir, pero entre que mañana curran y que hoy estaban hechos polvo por la fiesta de ayer, me han dejado tirado y se han quedado en casa Pasadas las diez de la noche, y sin apenas dejar unos segundos tras el fin de la sesión de Holroyd, el impresionante juego visual de los Chemical Brothers empezó a iluminar el Madrid Arena, y los aullidos y botes comenzaron al ritmo de Galvanize primer corte del álbum Push the button Los lásers cruzando el humo que ascendía desde de la abarrotada pista de baile, clubbers con ropas y gafas fluorescentes, robots, matrices de números e imágenes espaciales no aptas para epilépticos llenando las gigantescas pantallas... y la cosa sólo acababa de empezar. We are the night -pieza del disco homónimo que presentaban anoche y Do it again levantaron las manos del público, que coreaba los ritmos sin parar de bailar, y con los temas del disco Surrender la cosa se desparramó por completo. Out of control y la conocidísima Hey boy, hey girl con su energético estribillo de ¡Here we go! confirmaron que el tercer álbum de los británicos es de los más apreciados por sus seguidores. Muchos levantaban sus móviles, pero no para grabar vídeos ni para hacer fotos, sino para hacer morir de envidia a los amigos que o no pudieron con los casi cuarenta euros de entrada o no pudieron con su alma, obligándoles a apechugar con el disfrute de los que sí lo hicieron a través del teléfono. Los que quedaron un poco decepcionados con la intervención de Tom Rowlands y Ed Simons (así se llaman los tipos) en el pasado Summercase aseguraban que aquello fue un auténtico tostón comparado con ésto y se mostraban exultantes por haber confiado de nuevo en los hermanos químicos. En medio de un subidón tremendo con la basílica de San Pedro de fondo, la multitud decidió dar todo lo que le quedaba de fuerzas, y prácticamente no paró de botar hasta el final. Tras dos horas de espectáculo y un fugaz y discreto bis, Chemical Brothers se retiraron dejando a la gente extrañamente satisfecha, porque cuando estas sesiones acaban, a muchos les suele quedar cuerda para rato. Claro, quedaba la vuelta a los coches. El grupo ofreció dos horas frenéticas, con un sonido que invitaba a no dejar de bailar, acompañado de luces e imágenes espaciales no aptas para epilépticos