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46 MADRID www. abc. es madrid tes policiales y de la Guardia Civil consultadas. Como ya informó ABC, otra banda dedicada a asaltar con pistolas eléctricas- Taser -a usuarios del Metro se autodenominaban salvatruchas extremo que no se constató, aseguran. Sin embargo, existe la posibilidad de que lleguen, ante el control férreo impuesto por EE. UU. que lo considera una amenaza similar al terrorismo, y el de sus países de origen, en donde influyen hasta en las elecciones y desestabilizan a los gobiernos. Es una opción que elijan España, Italia o cualquier punto de Europa u otros. Y hay que prever lo que pueda suceder Así lo expuso Gallego, experto e investigador en este ámbito, que ha residido en Honduras y EE. UU. Con el fin de conocer a fondo a los mareros para poder prevenir el fenómeno y darle la respuesta adecuada, la Agencia para la Reinserción del Menor Infractor de la Consejería de Justicia ha celebrado las jornadas tituladas: Las Bandas: Agrupaciones juveniles de carácter violento Durante dos días, ha reunido a jueces, fiscales, agentes del Grume, personal de los centros de internamiento y de medio abierto- -psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc. Las maras -cuyo origen podía provenir de la palabra marabunta o del budismo, diablo que personifica el mal- nacieron en Centroamérica. Son agrupaciones de jóvenes de ambos sexos, de entre 5 y 35 años, que se unen para controlar un barrio o un territorio. En la ponencia de Gallego La mara al desnudo que se dio a conocer en el monográfico se detalla quiénes son y cómo actúan. No se parecen en nada a los Latin, Ñetas o Dominican Don t Play, que llevan tiempo dormidas. Son muy sangrientas y actúan a modo de secta destructiva indicó Gallego. Algunas realizan ritos satánicos y sus miembros practican el esoterismo. Las principales son dos: La MS 13 o Salvatruchas y la Calle 18. Deben su nombre a las calles de Los Ángeles en donde recalaron sus integrantes, salvadoreños en la primera y espaldas mojadas en la segunda. En su nuevo destino las pandillas sanguinarias se hicieron fuertes y adquirieron mayores dimensiones a su regreso a sus LUNES 3- -12- -2007 ABC El rugido de la mara (bunta) Usan la violencia indiscriminada y matan por matar. Viven de la extorsión, atracos, secuestros e implantan la ley del miedo. Así funcionan las maras integradas por miles de niños. Los expertos alertan del riesgo de que aterricen aquí POR M. J. ÁLVAREZ MADRID. Vivir la vida loca Es el lema o la religión de las violentas maras que se caracterizan por su crueldad extrema. En ella está incluido matar por el mero hecho de matar. Se mueven y se unen por la lucha del territorio o placa (barrio) hasta el punto de hacer de su permanencia en el grupo una forma de vida que les lleva a cometer cualquier tipo de delito e incluso a perder la vida siguiendo las directrices de éste. Utilizan un argot especial para comunicarse y códigos. Mira bato, aquí el rollo es sencillo: solo se trata de vivir la vida... la vida loca. El día a día, de hacernos el paro (apoyarnos) entre todos; el resto de la banda (gente) pela (no importa) de ellos tenemos que vivir nosotros y se tienen que aguantar Esta frase figurada resume la filosofía de los mareros. Detrás de los tatuajes que cubren sus cuerpos, rostro y cabeza existe una cuidada estructura organizativa. No cuentan con líderes únicos e indiscutibles ni tampoco profesan adoración a un dios todopoderoso, pero basan su existencia en el desprecio a la vida, propia y ajena. Se imponen mediante el terror sobre la población más indefensa. Existe el riesgo de que se produzca una nueva oleada de inmigración procedente de Centroamérica, y al calor de ella, lleguen las maras como ocurrió en Méjico y en EE. UU. dijo la semana pasada Pedro Gallego, investigador de estos grupos en un seminario monográfico de la Comunidad. De momento, no hay constancia de su implantación ni en Madrid ni en España. Han aparecido pintadas puntuales en ciudades como Madrid o Barcelona, pero son una mera imitación afirman las fuen- Cambios de estética y de rituales para pasar desapercibidos Estar marcados era, hasta hace varios años, lo habitual entre los mareros. Llevar en la piel el nombre de la mara, tumbas, calaveras, telas de araña, etc, cada una de ellas con una simbología concreta, en función de su tamaño y de la parte del cuerpo en la que estuviese. Era una de sus señas de identidad y de comunicación. Sin embargo, los tatuajes están siendo borrados por muchos mareros, sobre todo, por parte de los jefes de las clicas o los leaderes con el fin de pasar desapercibidos ante la Policía. La persecución de la que son objeto es la causante de los cambios de estética y de rituales. El proceso de transformación de las maras se dio en las cárceles de California y de ahí pasó a los países de Centroamérica. El hecho de que no se dejen ver en EE. UU ni en Honduras, El Salvador, etc, es considerado un peligro de cara a su implantación en otros países. Ese es el peligro que hay en España, a juicio de Pedro Gallego. Crecimiento y expansión países de origen. En toda su zona de influencia aglutinan a entre 81.000 y 95.000 miembros activos. Abundan los niños, con numerosos crímenes en su historial. Implantan la ley de miedo, la inseguridad y el temor entre la población. Estas bandas se diferencian de las que han llegado a nuestro país por el uso de la violencia indiscriminada; por sus vínculos con el crimen organizado: por el elevado número de integrantes; por la comisión de delitos graves- -violaciones, torturas, además de asesinatos- por estar en permanente estado de guerra con grupos rivales; por la obediencia ciega hacia el líder; por ocupar una determinada zona territorial y por estar atado de por vida a la mara: la salida no autorizada se paga con la muerte. Solo se puede dejarlo para hacerte cristiano, para dedicarse a la familia o en caso de enfermedad grave, pero siempre con permiso de un líder Absorben al resto de bandas Un pandillero muestra las secuelas de un enfrentamiento con otra banda rival en Venezuela AP