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ABC LUNES 3- -12- -2007 Elecciones legislativas en Rusia INTERNACIONAL 39 ELECCIONES A LA DUMA En porcentaje. 30 escrutado Rusia Unida 63,6 LDPR Partido (ultranaComunista cionalistas) 11,3 9,6 Alberto Sotillo LA SOLEDAD DEL DECEMBRISTA Rusia Justa (izquierda) 7,2 El resto de partidos no llegaría al 7 exigido ABC para obligarles a votar a favor de Rusia Unida. Kaspárov dijo que las autoridades rusas han violado, no sólo el procedimiento de votación en sí, sino el propio sistema electoral en su conjunto El número dos del Partido Comunista, Iván Mélnikov, afirmó que en las repúblicas de Mordovia y Bashkorstostán hubo casos de introducción en las urnas de paquetes enteros de papeletas a favor de Rusia Unida. Hubo también personas a las que se les entregaron las papeletas ya rellenas. Tales abusos han sido posibles gracias a que muchos colegios electorales fueron instalados directamente en fábricas y centros de trabajo. Los comunistas han anunciado su intención de impugnar los resultados. ABC. es Video con información de las elecciones legislativas rusas en abc. es internacional Un hombre disfrazado de papeleta acude a votar en San Petersburgo REUTERS VLADÍMIR PUTIN PRESIDENTE DE RUSIA OBSESIONADO CON EL ORDEN Ha logrado cotas inimaginables de popularidad gracias a la favorable coyuntura económica y a su peculiar estilo desenvuelto y chulesco POR R. M. MAÑUECO MOSCÚ. Aquel hombre agrio y taciturno que, de forma inesperada, Borís Yeltsin nombró primer ministro en agosto de 1999, tiene poco que ver con el actual presidente de Rusia y vencedor de las elecciones legislativas de ayer domingo. Vladímir Putin es ahora un líder mucho más desenvuelto y seguro de sí mismo. Sin embargo, conserva intactas muchas de las manías y obsesiones que le inculcaron en el KGB. Es desconfiado, opa- EL ZAR DESCONFIADO Y co. Piensa que no hay término medio. El que no es amigo, es enemigo. En sus ocho años en el poder ha sido incapaz de trazar una estrategia que convierta de una vez a Rusia en un estado moderno. Su idea del orden le lleva a querer controlarlo to- do y a no delegar. Ha demostrado no ser un auténtico demócrata aunque cree que lo es en estado puro Para él los derechos y las libertades son el decorado necesario para que Rusia sea aceptada en Occidente. Todavía repite el mismo discurso que le llevó a la presidencia en 2000. Las amenazas a las que Rusia debe hacer frente con todos los medios disponibles siguen estando vigentes: la desintegración del país, la injerencia extranjera, el terrorismo internacional, el caos y la labor de zapa de los oligarcas vendidos a Occidente. De Chechenia sólo habla para decir que todo va bien y que la guerra terminó, pero los periodistas extranjeros continuamos teniendo limitado el acceso a la república rebelde. Tampoco le gusta utilizar la palabra corrupción, aunque ya ha lanzado varias cruzadas para erradicarla. Todas ellas fallidas. Nunca pone sus planes al descubierto. Los rusos le han votado a ciegas confiando sólo en su palabra y en la supuesta existencia del Plan Putin Tras haber fortalecido exageradamente los ya abultados poderes que la Constitución rusa confiere al presidente, haber convertido la Cámaras parlamentarias en departamentos del Kremlin y hacer de la Justicia una correa de transmisión a su servicio, va a ser difícil que Putin pueda hacer sombra a la persona que le suceda. Sus seguidores le alaban por liquidar el desbarajuste habido en los 90, por elevar el papel internacional de Rusia, fortalecer su potencial defensivo y logrado una cierta estabilidad y bonanza económica. Sus detractores le acusan de haber laminado la democracia, monopolizado el poder y la economía, agravado las diferencias sociales y fomentado el nacionalismo y la xenofobia. Lo que sí es cierto es que Putin es un hombre de suerte. Si Yeltsin hubiese vendido el petróleo y el gas a los actuales precios internacionales, no se le hubiese hundido la economía ni a Gorbachov desmoronado la URSS. o hay lugar más alejado del mundo que Ulán Udé, capital de Buriatia, una ciudad rusa fronteriza con Mongolia, a 5.600 kilómetros de Moscú. La urbe en tiempos era famosa por albergar el mayor cabezón de Lenin del mundo entero. En aquellos días se nos ocurrió visitar el lago Baikal sin provisiones y a poco morimos de hambre porque a lo largo de kilómetros y kilómetros no aparecía ni una miserable tienda. Nos salvó la caridad de los habitantes de una cabaña que nos invitaron a compartir unos peces crudos recién pescados para su almuerzo. Dando vueltas por las inmediaciones de la cabaña, topé con una tumba en cuya inscripción decía que ahí descansaba uno de los oficiales decembristas deportados por el zar por su manía de pedir una Constitución para una Rusia democrática y liberal. Imaginé su vida: uno de aquellos patrióticos oficiales que habían combatido a Napoleón sin dejar de admirar las ideas llegadas con el francés. Había intentado acercar su país a París, Londres, Viena... y había acabado con sus ilustrados huesos en Ulán Udé, comiendo pescado crudo a 5.600 kilómetros del Kremlin. ¡Qué soledad! Porque los inquilinos del Kremlin siempre han alardeado de su intención de convertir a Rusia en una gran potencia europea, pero cada vez que algún impetuso oficial puso excesivo empeño en contagiar a la corte alguna de las más suaves costumbres de París le enviaban a predicar sus extravagancias a 5.600 kilómetros del Bolshoi. Si hubiera sobrevivido hasta nuestros días, allí seguiría nuestro decembrista... de tertulia con cosacos olvidados del mundo y algún monje budista buriato. Le dirían, además, que así lo quieren los rusos de hoy, que recuerdan con espanto los tiempos de caos, mafias y recesión de los años en los que su país quiso ser una democracia. Olvidan que la URSS acababa de estallar en mil pedazos, y que suerte tuvieron de que su país no corriera la misma suerte que la antigua Yugoslavia. Olvidan que la calamidad soviética y su petardazo final ocurrió precisamente por esa su sempiterna superstición de resignarse a pensar que en el Kremlin sólo puede habitar un líder fuerte un karateka. N