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ABC DOMINGO 2 s 12 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 Cannes también baila Cannes, huérfana de estrellas, starlettes y bañistas, es en esta época una ciudad a medio gas; sin embargo, la actividad dentro del Palacio de festivales no cesa. Allí se acaba de celebrar una nueva edición del festival de danza, con presencia española: Israel Galván JULIO BRAVO CANNES. Ayer cayó el telón del festival de danza de Cannes, un certamen por el que han desfilado compañías como el Ballet Nacional de Marsella o el Ballet de Biarritz, así como figuras como Sylvie Guillem, Maguy Marin- -que estrenó en el certamen su nuevo trabajo, Turba o Sidi Larbi Cherkaoui. España siempre ha estado presente en este festival, que en esta edición ha contado con el sevillano Israel Galván, que presentó su espectáculo La edad de oro El innovador artista, una más que singular voz dentro del baile flamenco de nuestros días, fue quien mayor éxito obtuvo de entre los espectáculos de arranque del festival. Su flamenco quebrado y curvo, que busca conectar con las formas modernistas con que escribían sus bailes artistas como Vicente Escudero o Lamparilla- -así lo confiesa el propio bailaor- -convencieron al público del Palacio de festivales de Cannes. Y no es La edad de oro una pieza sencilla; Galván desnuda el escenario y se aloja, sólo junto a un cantaor y un guitarrista (Fernando Terremoto y Pedro Sierra) en un rincón de las tablas. Desde allí surge, de vez en vez, para mostrar su baile; músico extraordinario, con unas condiciones y un sentido del movimiento verdaderamente magníficas, Israel Galván tiende en este trabajo sin embargo a la monotonía, a la repetición. Antes de la actuación del sevillano, había abierto el festival- -dedicado, como es lógico, a la memoria de Maurice Béjart- -el Ballet Nacional de Marsella, con una coreografía de su actual director, Frédéric Flamand, titulada Silent colissions en la que juega un papel fundamental la magnética escenografía del arquitecto estadounidense Thom Mayne. Silent colissions se inspira en el libro de Italo Calvino Las ciudades invisibles y es una hermosísima coreografía. Flammand teje con maestría sus movimientos, se deja mecer por la movilidad de la escenografía y logra un espectáculo de una belleza a menudo casi hipnótica. El Ballet de Biarritz (compañía vinculada desde hace un tiempo a San Sebastián, donde ofrece regularmente sus trabajos y donde se ha formado una compañía joven) también estuvo en Cannes, adonde llevó Les Créatures una inteligente y atractiva obra de Thierry Malandain sobre la obra de Beethoven Las criaturas de Prometeo Malandain convierte su coreografía en un viaje a través de la danza, con homenajes más o menos explícitos. Pero la verdadera fuerza de su magnífico trabajo la otorga la propia compañía, con bailarines de una calidad y una fortaleza extraordinarios. JAZZ Festival de Madrid Conciertos de Gilson Peranzetta y Lee Konitz New Nonet. Lugar: Centro Cultural de la Villa, Madrid Experimentación permanente LUIS MARTÍN Este concierto ha sido uno de los escasos puntos álgidos en la programación. Sobre la escena, la misma formación de noneto que el altosaxofonista Lee Konitz presentó el pasado verano en Guecho. Y, con ello, la constatación de que lo vivido por muchos entonces ha vuelto a transformarse en gozosa realidad ahora. La experiencia funciona a las mil maravillas. Música para archivar en la memoria: Konitz y el tenorista y director de la banda Ohad Talmor, cortejándose en la cuerda floja de unas composiciones de escritura bien fijada, aunque también abierta a toda clase de libertades individuales. Konitz es el experimentador constante que una vez recogió el fuego de la hoguera de los grandes. Ahora retoma la fórmula de noneto que, con la Tuba Band, le permitió participar en las sesiones de graba- Más información sobre el festival: www. festivaldedanse- cannes. com ción de Birth of the cool y que remite a la formulación instrumental con la que igualmente desnudó emociones entre 1977 y 1979. Una banda solvente y reflexiva que tiene un estilo fronterizo y, no a pesar sino por ello, perfectamente definido. En esta gente, desde el momento del arranque, con Konitz haciendo equilibrios con su saxo alto en solitario, hay una inspiración de referencias múltiples que camina sobre una estructura rítmica que, a veces, parece tener origen roquero. Jazz con marchamo de avanzada, surgido de la cabeza para llegar, eventualmente, al corazón. Y Konitz concierta y se tiene la sensación de que despierta en sus músicos a un animal distinto a lo esperado, unos alborotadores urbanos que viven en el centro de cada uno de los temas que ofrecen. Música de una modernidad canónica, que contrastó groseramente con el solista que hizo las veces de telonero. El brasileño Gilson Peranzetta es un pianista convencional y meloso, algo inválido de la mano izquierda, y que con la derecha hizo melodía de escasa inspiración. Hubo revisiones de Chaplin, Pau Casals, Joao Bosco y hasta un bayón. Nada que superarse el concepto pianobar