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28 RELIGIÓN Salvados en la esperanza segunda encíclica de Benedicto XVI SÁBADO 1 s 12 s 2007 ABC LA GRAN ESPERANZA La verdadera esperanza del hombre, que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo EL ERROR DEL MARXISMO Es olvidar que el hombre es siempre hombre, con libertad incluso para el mal EL JUICIO El fuego que arde, y a la vez salva, es Cristo. El encuentro con él es el acto decisivo del Juicio BUSCAR EL BIEN La búsqueda es una tarea de cada generación que tiene que establecer un orden de libertad y de bien (Viene de la página anterior) Bakhita prefirió no volver a Sudán, recibió el bautismo de manos del patriarca de Venecia e ingresó en la orden Canosiana, derrochando dulzura toda su vida a pesar de haber vivido una infancia y juventud de auténtica pesadilla, motivos por los que Juan Pablo II la beatificó en 1992 y la canonizó en el 2000. Otro ejemplo, todavía mas contemporáneo, es el del cardenal François Xavier Nguyen Van Thuan, autor de numerosos libros de espiritualidad y presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz hasta su fallecimiento en 2002. Van Thuan aceptó el nombramiento de obispo de Saigón poco antes de la caída de la capital y pasó trece años en las cárceles vietnamitas, nueve de ellos en régimen de aislamiento. El Papa lo presenta como ejemplo de oración, uno de los cuatro medios para aumentar la esperanza junto con la acción, el sufrimiento y la certeza del Juicio Final. Meditando este último punto, con todas sus resonancias sobre el sentido de la justicia- -el premio a los buenos y el castigo a los malos- -en el Antiguo Testamento, Joseph Ratzinger vuelve a una de las especialidades teológicas que más le apasionaron en su día: el estudio de las realidades últimas, conocido como Escatología. El restablecimiento del equilibrio en el Juicio Final es la respuesta de fe al problema que plantea el triunfo del mal en el mundo en numerosas ocasiones. Pero antes de ese juicio habrá uno individual y un paso por el Purgatorio, que Benedicto XVI plantea de modo muy distinto a su predecesor. El teólogo Karol Wojtyla escribió en su día que el Purgatorio es un momento de purificación por el intenso dolor que el alma siente por la ausencia de Dios, a quien ansía con todas sus fuerzas para un encuentro definitivo, eterno. Para el teólogo Joseph Ratzinger, el Purgatorio era una purificación precisamente por lo contrario, por el primer contacto intenso con la presencia de Dios. En la encíclica firmada ayer, Benedicto XVI expone que algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador. El encuentro con él es el acto decisivo del Juicio. En el dolor de ese encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad, está la salvación Y ésa es la esperanza que salva. Pero la esperanza no es una virtud individual ni centrada exclusivamente en el más allá, sino que se vive de modo colectivo, al servicio de los demás, y lleva a mejorar en la medida de lo posible el mundo en que vivimos. Según el Santo Padre, la búsqueda siempre nueva y fatigosa de rectos ordenamientos para las realidades humanas es una tarea de cada generación, nunca una tarea que se pueda dar definitivamente por concluida. Cada generación tiene que establecer un orden de libertad y de bien La esperanza lleva a la vida futura, pero también a mejorar la vida presente. El portavoz del Vaticano, padre Lombardi, manifestó ayer que el Papa comenzó a escribir esta encíclica después de la Pascua del año pasado, y logró terminar la mayor parte del trabajo, mucho y muy discreto el pasado verano durante sus vacaciones alpinas en Lorenzago di Cadore y, posteriormente, en Castelgandolfo. Lombardi se preguntó si después de una encíclica sobre la caridad y otra sobre la esperanza, ¿habrá una tercera encíclica sobre la fe? Según el portavoz del Papa, no se puede excluir, pero tampoco está previsto La tercera encíclica abordará temas sociales y será para la próxima primavera. El texto completo de la encíclica está disponible en http: www. abc. es La eternidad es sumergirse en el océano del amor infinito El texto resume las ideas que guiaron su trabajo con Juan Pablo II J. V. BOO, CORRESPONSAL ROMA. Cuando el concepto de vida eterna deja de ser algo apetecible, la esperanza en el más allá se resiente. Benedicto XVI reconoce en su encíclica que la expresión vida eterna como intento de describir el cielo es una expresión insuficiente que crea confusión. En efecto, eterno suscita en nosotros la idea de lo interminable, y eso nos da miedo, mientras que vida nos hace pensar en la vida que conocemos y amamos, pero que incluye frecuentemente más fatiga que satisfacción Ante el desafió de encontrar palabras que presenten el mas allá de manera sugestiva, el autor de Escatología, la muerte y la vida eterna (1977) calificada por Joseph Ratzinger como mi obra más completa recurre al lenguaje poético. Según el Papa, la eternidad no es un continuo sucederse de días del calendario, sino el momento gratísimo de sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo- -el antes y el después- -ya no existe El encuentro con Dios es encontrar la plenitud de la bondad y sumergirse en la inmensidad del ser a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría La segunda encíclica de Benedicto XVI, Salvados en la Esperanza resume muchas de las ideas que protagoniza- El Papa, en el momento de firmar, ayer, su segunda encíclica ron su trabajo y el de Juan Pablo II a lo largo de más de un cuarto de siglo como la sinergia entre fe y razón, el gigantesco y trágico costo humano de las utopías modernas como el nazismo y el marxismo, o la necesidad de respetar la verdad POOL El don de la eternidad El Santo Padre pide una autocrítica del cristianismo moderno y también a la propia modernidad objetiva, como límite a las dictaduras políticas o ideológicas. El Papa invita a la modernidad a realizar una autocrítica, teniendo en cuenta el resultado amargo de las utopías, pero también pide que incluya una autocrítica del cristianismo moderno, que debe aprender a comprenderse a sí mismo a partir de sus propias raíces La raíz está, evidentemente, en la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret, protagonista del último libro de Benedicto XVI, que está vendiendo millones de ejemplares en una decena de idiomas. Caridad, esperanza, ¿fe? LA MISIÓN Jesús Higueras ESPERANZA EN JESUCRISTO l Papa Benedicto XVI regala a la Iglesia un nuevo documento. En esta ocasión nos habla sobre la esperanza, ese don de Dios que consiste en creer que el futuro puede ser mejor. El Santo Padre nos explica cómo la esperanza del hombre no la sacia nada en la tierra, ni las ideologías, ni el bienestar. El sentido de la justicia E San Agustín dijo: Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti y así nos dice con toda claridad que la única esperanza del hombre es Dios con un rostro humano. Jesús de Nazaret ha venido a la tierra para compartir con nosotros un destino, para vivir nuestra historia y comprendernos viviendo lo que somos y experimentamos, y para prometernos con una Palabra que sabemos que no puede fallar y un futuro diferente y mejor. Es tarea del cristiano acoger la esperanza que Dios nos regala en Cristo, sabiendo que esta esperanza se alimenta con la vida de oración y se ve fortalecida en los momentos en los que no entendemos la providencia de Dios, no conocemos sus planes y aún así, no desconfia- mos, no nos dejamos invadir por el miedo, el abatimiento o la tristeza. El alma del cristiano solo puede esperar en el Señor y en su Palabra. Así lo han testimoniado millones de creyentes a lo largo de la historia. Sabemos que el Señor no decepciona, no defrauda. Cristo no vino a la tierra a hacernos una visita y después marcharse a la comodidad del Cielo, sino que sigue presente en cada ser humano que sufre y lucha. Las Bienaventuranzas no son solamente un programa de vida para el futuro, sino que se hacen muy reales en el presente. Sólo en ese rostro humano de Dios podemos encontrar nuestra ilusión, el sentido de nuestra vida y el motivo para nunca decaer en nuestra esperanza.