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ABC SÁBADO 1- -12- -2007 RELIGIÓN www. abc. es religion 27 El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, rodeado de los cardenales franceses Vanhoye y Martin Cottier, al presentar ayer la encíclica POOL La segunda encíclica de Benedicto XVI sitúa a Dios en el centro de la esperanza A la fe ciega en la ciencia, la economía o la política, Salvados en la Esperanza contrapone la fe en el Dios que nos ama JUAN VICENTE BOO, CORRESPONSAL ROMA. Las grandes evoluciones de la historia son imposibles de ver si uno vive distraído por la última novedad, y Benedicto XVI presentó ayer un gran cuadro panorámico para devolver la esperanza a un mundo que la esta perdiendo pero sin saber siquiera el motivo principal. Su segunda encíclica Spe Salvi Salvados en la Esperanza es muy diferente de la primera, Dios es Amor publicada en 2006, pero igual de rectilínea a la hora de clarificar un elemento central- -y enormemente estimulante- -del cristianismo. Después de pasar revista al fracaso histórico de las ideologías que pusieron esperanzas desmedidas en el progreso científico (Bacon) la economía (Marx) o la política (Lenin) Benedicto XVI concluye que la verdadera gran esperanza del hombre, que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo El progreso científico, en el que muchos pusieron su fe a pies juntillas, no es en opinión del Santo Padre en sí mismo garantía del bien, puesto que, al igual que ha traído muchas mejoras, también ha llevado a la humanidad de la honda a la superbomba según una expresión de Theodor Adorno citada por el Papa. La redención del hombre mediante la igualdad económica, predicada por Carlos Marx, ha dejado secuelas tremendas pues no logró mejorar las sociedades sino que las empeoró. Su error, según Benedicto XVI, es olvidar que el hombre es siempre hombre, con libertad incluso para el mal. Marx creyó que, solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su error es el materialismo, pues el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas Cuando Lenin comprendió que la mera expropiación de los bienes productivos no bastaba, el líder revolucionario pasó a poner toda la esperanza en la redención a través de la política aplicada por la fuerza. Pero ese intento, según el Papa, en lugar de alumbrar un mundo sano ha dejado tras de sí una destrucción desoladora Si la primera encíclica Dios es Amor apuntaba como una flecha a la naturaleza fundamental de Dios, Salvados en la esperanza expone una característica esencial del cristianismo: no es solamente una buena noticia un mensaje informativo sino performativo El Evangelio no es sólo una comunicación de saberes sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida Según el Papa, quien tiene esperanza vive de otra manera y es capaz de hacer cosas que consideraba imposibles. El esfuerzo se vuelve optimista, como el del escalador que sube a una cumbre, o el navegante que busca un Nuevo Mundo. En cambio, si cunde el desánimo o el pesimismo, las adversidades paralizan y destruyen a las personas. Benedicto XVI expone el conmovedor ejemplo de Josefina Bakhita, una chiquilla sudanesa, nacida en el Darfur en 1869, secuestrada como esclava y vendida cinco veces a diversos dueños que la maltrataban y azotaban a latigazos- -dejándole 144 cicatrices en la piel- -hasta que la compró el cónsul italiano Callisto Legani, quien la llevó consigo de vuelta a Italia y le dio la libertad a los 21 años. (Pasa a la página siguiente) Ejemplos conmovedores Dios, auténtica esperanza Un texto repleto de citas de Marx, San Francisco y Bernardo de Claraval La segunda encíclica del Pontificado de Benedicto XVI, dedicada a la virtud de la esperanza es, además de un texto de fácil y ágil lectura, un documento repleto de citas de los autores más variados. Así, a lo largo de sus 77 páginas, divididas en doce apartados, Benedicto XVI utiliza por igual las Sagradas Escrituras- -está inspirada en la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos- -que filósofos, intelectuales o revolucionarios tan alejados de la fe católica como Francis Bacon, Martín Lutero, Marx, Lenin o Dostoievsky. El Pontífice rinde en las páginas de Spe Salvi un homenaje al cardenal Van Thuan, ejemplo de esperanza ante el sufrimiento, y a la sudanesa Bakhita, canonizada por Juan Pablo II. También se encuentran citas de algunos de los grandes renovadores de la Iglesia, como San Francisco de Asís y San Bernardo de Claraval, y concluye con una advocación a María, estrella de la esperanza