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Viernes 30 de Noviembre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.588. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. EN EL AIRE Mónica FernándezAceytuno NIEVE EN KABUL ras la ciudad de Kabul se ven hoy los montes nevados. Allí las casas parecen cajas de zapatos, como tantas otras casas de las ciudades donde vive mucha gente y todo son viviendas de una planta, pero en Kabul, en vez de estar coloreadas en azul y amarillo y rojo como las casas y las flores tropicales, tienen aquí el gris sucio del cartón de una caja de zapatos, contra el blanco puro e inocente de unos montes muy erosionados, cubiertos ahora, más bien espolvoreados, de nieve. Tampoco en Kabul se encaraman las casas muy arriba hacia la montaña, como sucede en las colonias que rodean la ciudad de México, sino que se quedan extendidas por el valle las viviendas grisáceas, todas iguales, sin arbolado entre ellas. Para mí esta falta de árboles, en cualquier lugar del mundo, es siempre el mayor signo de pobreza. A veces también de pobreza intelectual, y creo firmemente que si nosotros somos cada vez más así, unos siempre de un lado, y otros siempre del otro, se debe en parte a la aspereza que imprime en el carácter la creciente falta de arbolado también en nuestros paisajes. Empero en Kabul, en la foto que me envían, se ven dos árboles con unas pocas hojas secas que parecen grajillas posadas en las ramas, y por sus bordes lobulados se diría que son hojas de roble, pero resulta arriesgado asegurarlo por una foto. También recibo la fotografía de una familia afgana: un hombre, dos mujeres con burka añil y tres niños, circulando los cinco en una sola moto. Están nuestros soldados en Afganistán, mujeres y hombres uniformados con los colores del desierto, algunos mirando la ciudad de Kabul y esos montes donde, esta semana, ha nevado. T Alba Lucía Cardona, en el salón de su vivienda en la ciudad de Valencia Las tres vidas de Alba A las dos y media sonó su móvil para decirle que por fin había un donante. Hoy hace un año que Alba recuperó sus manos. Tras una larga rehabilitación y tres crisis de rechazo, no lo duda: lo volvería a hacer POR LUZ DERQUI FOTO MIKEL PONCE o ha sido un año, ha sido un sueño Para Alba, los últimos doce meses le han deparado una nueva vida. Puedo planchar, friego y, aunque todavía me da miedo el fuego y los cuchillos, puedo cocinar dice con un movimiento tan lento como orgulloso de sus dedos: no le importa mostrar las cicatrices. Hace ahora un año entró en la historia de la medicina al ser la primera persona en España que recibía un trasplante doble de manos. Doce meses de largas sesiones de rehabilitación, sola en una ciudad desconocida, sin amigos ni familia pesan poco en comparación con lo que ha vuelto a recuperar; una nueva vida, su tercera vida. Viví con manos hasta los 19 años, luego sin ellas otros 28 y ahora vivo una tercera vida con mis nuevas manos; cada etapa tuvo sus cosas buenas: conservo fotos de las tres y muchas veces las miro Alba recuerda cómo fue el accidente en el que perdió sus manos. Fue en su Colombia natal. Era un 16 de noviembre, en una clase de química Pasó ocho días en coma y cuando salió del hospital, no tuvo tiempo para lamentarse. Tuve que aprender a valerme por mí misma, porque mi madre no podía hacerse cargo de mí. Fue muy duro, sobre todo cuando buscaba trabajo... la gente es muy cruel Hace siete años vino a España: me trajo el amor recuerda sonriendo, aunque también buscaba un futuro mejor para su familia. Aquí leyó sobre un trasplante de manos practicado en Lyon y decidió escribir a la clínica, aunque no recibió respuesta. Luego, oí hablar del doctor Cavadas y le escribí contándole mi situación. Al poco, me contesto que estaba en condiciones de ayudarme Para entonces, trabajaba como vigilante en un camping de Oropesa (Castellón) pero no dudó en dejarlo todo y trasladarse a Valencia. Aún tuvo que esperar más de dos años a que se autorizara la intervención y varios meses más para encontrar un donante. Cuando ya había perdido la esperanza, el 30 de noviembre de 2006, a las 14,30 h. sonó su teléfono. Me puse a gritar, a reír, a llorar... luego me quedé en blanco Al despertar de la anestesia se miró las manos y sólo pudo decir a los cirujanos: muchas gracias, me habéis dado unas manos muy bonitas No le preocupa que la recuperación sea lenta, ni tener que operarse otra vez: me quitarán placas y liberarán unos tendones para mejorar la extensión de los dedos, también harán unas mejoras estéticas en los brazos Mientrs, sólo pide encontrar una casa de protección oficial y empezar trabajar, aunque sea barriendo calles De momento, la Fundación Cavadas sigue corriendo con todos sus gastos. N