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ABC VIERNES 30- -11- -2007 La Cabalgata de Reyes volverá a recorrer el paseo de La Castellana el 5 de enero 45 tuación en poco más de 20 minutos. Desde el miércoles y durante todo el día de ayer la Policía mantuvo controles en la entrada del poblado para evitar nuevos conflictos. FOTOS: IGNACIO GIL deben presenciar escenas como las vividas tras el desalojo de una de las viviendas okupadas ni soportar las cargas de los antidisturbios. El pasado miércoles, los vecinos del poblado se atrincheraron en el barrio con neumáticos y contenedores en llamas para evitar el paso de posibles piquetas que iban a tirar algunas de las casas. Sin embargo una huelga de funcionarios de la Adminis- tración de Justicia de la Comunidad pospuso el derribo pero no logró que se calmaran los ánimos. A falta de excavadoras, medio centenar de vecinos la emprendieron a piedras contra varias patrullas de la Policía Nacional que dejaron paso a un nutrido grupo de la UIP (Unidad de Intervención Policial) más conocidos como antidisturbios, apoyados por un helicóptero, que controlaron la si- Ataques nocturnos Aunque la batalla, que no se cobró heridos ni detenidos, cesó a medio día, los vecinos del poblado cuentan que varios agentes antidisturbios llegaron por la noche y lanzaron pelotas de goma y proyectiles de sal a los camiones del barrio, lo que provocó que se desatase de nuevo una guerra que continuó hasta la madrugada. No obstante, fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid afirmaron ayer que no tenían constancia de los enfrentamientos nocturnos ni de ninguna acción de los agentes antidisturbios. Los vecinos muestran, como prueba, lunas de camiones y furgonetas rotas y el rostro de varios heridos, como Rufino Bruno, que recibieron el impacto de las pelotas de goma mientras conducían, sin venir a nada indicaban. Después de la reunión con los responsables policiales, los patriarcas comunicaron por la tarde sus conclusiones al resto del poblado que, según explicó José, uno de los jefes del núcleo chabolista, acató la decisión de sus mayores. No obstante, los patriarcas avisan de que no se quedarán de brazos cruzados si intentan tirar las chabolas, ya que son las únicas viviendas que tienen sus habitantes. Desde Las Mimbreras solicitan reuniones con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón para intentar atajar el problema. Según explican, ni siquiera solicitan una casa mejor, se conforman con que los dejen vivir donde están ya que, aunque sus condiciones son penosas, no molestan a nadie Para ellos, actualmente no están sufriendo el racismo de la ciudadanía, sino una clara discriminación por parte de las instituciones Mi domicilio, la furgoneta La familia que vivía desde hace seis años en la casa derribada afirma que lo ha perdido todo. El único hogar de sus cuatro hijos es, de momento, una furgoneta donde duermen y guardan sus pertenencias POR L. TOSCANO MADRID. Se llama José María y a sus 33 años ha tenido que ver como sus cuatro hijos pasan la noche prácticamente a la intemperie, resguardados del frío otoñal sólo por el techo de una furgoneta. La familia de José María ha sido la primera del poblado chabolista de Las Mimbreras en sufrir las consecuencias de la piqueta que amenaza a todo el núcleo de infraviviendas. Los escombros que ocupan el solar del que hasta el miércoles fue su domicilio no sólo muestran restos de paredes y azulejos, también esconden sus pertenencias: un sofá, la televisión, las camas, los utensilios de cocina... sólo tenemos un par de macutos con ropa contaba José María. Este hombre se instaló con su familia en una de las viviendas vacías del poblado hace seis años y sólo una semana después de su entrada en el inmueble, la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid les advirtió de que su situación era ilegal. Sin embargo, desde entonces no han tenido ningún problema y les han permitido empadronarse en ese domicilio, reciben allí la correspondencia y tienen escolarizados a los niños. ¿Por qué no ha hecho algo antes? se pregunta José María quien, según él no pide que le regalen nada, sino que miren la situación en la que han dejado a su familia. De oficio chatarrero, José María no puede ni salir a trabajar porque la furgoneta está llena de la ropa de sus hijos y previsiblemente tendrán que dormir allí una temporada. Para evitar que los niños se expongan al frío, el sobrino de José María les ha dejado dormir en su chabola: un espacio de apenas 20 metros en los que en dos camas de matrimonio durmieron 12 personas. Por lo menos no están en la calle, como perros explicaba Tamara, la mujer del sobrino de José María. La próxima en la lista A punto de encontrarse en esa situación están Vanesa, su marido y sus dos hijos de tres y seis años. Su casa, heredada de su suegra, en la que se metieron hace dos años, es la siguiente en la lista de espera de los desahucios. Esta familia habitó la vivienda cuando, a causa de una fuerte tormenta, la chabola en la que vivían se vino abajo y no los cogió dentro de milagro Desde entonces, Vanesa y su marido han cuidado del inmueble, lo han acondicionado y hasta lo han rehabilitado después de un incendio que sufrieron hace poco. Con tristeza, explican que todavía queda por pintar el techo de la cocina y no saben si les dará tiempo a hacerlo antes de que tiren su casa abajo. El futuro, para ellos, vuelve a ser la furgoneta.