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ABC VIERNES 30 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PROSTITUCIÓN POLÍTICA ABEMOS, aunque a menudo finjamos ignorarlo, que en política todo tiene un precio, y las más de las veces nos conformamos con que nuestros representantes nos oculten pudorosamente la procaz compraventa de decisiones y se tomen la molestia de disimular u ocultarse en el crudo momento del toma y daca. Sobre todo habida cuenta de que la Constitución suprimió ingenuamente el mandato imperativo en un sistema de listas cerradas, lo cual venía a suplantar la voluntad de los electores por ladelospartidos, quetejensustrapicheos enelCongreso sin que los diputados IGNACIO tengan que someterse de CAMACHO hecho alescrutinio dequienes los han elegido. Así sepueden verespectáculos más bien indecorosos como el del cambalache de la reprobación de Magdalena Álvarez, salvada in extremis mediante una negociación impúdica en la que ciertas minorías y algunos tránsfugas exprimieron con oportunismo y codicia el mercado negro de la aritmética parlamentaria. Esos tipos del BNG gallego o del PNV vasco que votaron a favor de la ministra lo hicieron, sin duda, con la nariz tapada ante la evidencia de que le estaban dando el visto bueno a una gestión que a ellos también les repugna por su arrogante ineficacia. A cambio le pegaron un mordisco al pastel presupuestario, trincando en un caso tela para inversiones en Galicia y en el otro nada menos que la autorización para un banco público, en el que acaso manejarán los nacionalistas los fondos que se ahorran en solidaridad con el resto del Estado. Mediante este impúdico regateo quizá salven la cara ante sus electores más pragmáticos o menos escrupulosos, pero han dejado clara su concepción de la política como una caja registradora, escabroso tejemaneje en el que se subordinan los principios a la cuenta de resultados. Aunque no se trate de nada que no se sepa de antiguo, ha resultado algo descarnada la genuflexa prostitución con que han resuelto el expediente, retratados ante la nación entera con los pantalones de la dignidad bajados por una partida de euros. Falta por saber cuánto ha costado el voto de los dos tránsfugas, uno canario y otro del PP que acabaron a la postre por decidir la es, caramuza. El transfuguismo mercenario es uno de los abusos más deshonestos posibles del mandato representativo, que convierte la sagrada libertad decisoria del elegido en una herramienta para incrementar su cotización en la bolsa de los favores. Estos dos simplementesedespojaron desu precariavestimenta ideológica para arropar a una ministra en apuros, gesto que sólo desde la más ufana ingenuidad sepodríainterpretar como caballeroso en medio del chalaneo que se organizó para evitar el descalabro gubernamental en una votación ciertamente apurada. Si tuviesen gallardía explicarían a los ciudadanos que los eligieron a cambio de qué se prestaron a salvar a Álvarez, qué imprescindibles inversiones parasu circunscripción arrancaron del Gobierno en trance tan comprometido. Porque lo que no cuela es que nadie se crea que consideren el honor de Magdalena tan valioso como para taparle las vergüenzas a cambio de dejar las suyas al descubierto. S EL BURLADERO NO SE DEJE MANIPULAR, BARONESA O siento, baronesa, pero creo sinceramente que no tiene usted razón. Tal y como ayer señalaba el comentario editorial de ABC, los trámites administrativos y políticos tienen protocolos determinados que hipotéticamente salvaguardan los intereses privados de los ciudadanos. Así, si usted cree que los coches que circulan por delante de su museo pueden alterar la vida de sus muy valiosos cuadros, hay a su alcance una serie de trámites mediante los cuales puede impugnar alguna de las decisiones del ayuntamiento de su ciudad. El chantaje, si me lo permite, no es la mejor medida negociadora. Los cuadros que cuelgan de mi comedor no son precisamente ninguna joya- -valor sentimental y aprecio meramente estético- pero si tuviera que preocuparme por las vibraciones que transmite la calle estrecha en la que vivo no hubiera colgado ni la foto de mi primera comunión. Ni que decir tiene que no les ha pasado nada. Creo que nos la cogemos con papel de fumar, y sepa usted disculparme. No soy un técnico en la materia, pero me llaman la atención las diferentes varas de medir CARLOS con las que se calibran estas vibracioHERRERA nes. En Sevilla, ciudad en la que vivo, un churrete de tranvía expone a nuestra Catedral a muchos más temblores de aquellos a los que estaba expuesta cuando rodábamos en coche por el frente de su fachada. No digamos lo feo que resulta el conjunto de catenarias y vagones con publicidad frente a uno de los grandes templos de la cristiandad. Aquí no ha pasado nada: ni siquiera la pandilla de cuentistas de la Junta que, teóricamente, deberían velar por su integridad estética ha dicho esta boca es mía. En Madrid el proyecto ha sido expuesto a consideración ciudadana y, por lo que sé, ha sido recibido sin exceso de críticas aceradas. Se trataría de remodelar el eje Prado- Recoletos dotando al Museo ampliado por Moneo de una acera más amplia y derivando el tráfico res- L tante por la puerta del museo que sorprendió al mundo gracias a sus gestiones y la generosidad del que fue su marido, aquel simpático caballero de agradable recuerdo para los que llegamos a conocerle aunque fuera sólo por unos minutos. Está muy bien que el poder civil quiera echarle pulsos al poder municipal, pero, si me lo permite, siempre cuidando las proporciones. Usted no es la alcadesa de Madrid. El alcalde fue elegido por mayoría absoluta y goza de la confianza de sus conciudadanos, por mucho que levante las sospechas de los más suspicaces interpretadores de la política. Puedo estar de acuerdo con usted en que a Ruiz- Gallardón le gusta más enredar que a mí cortar jamón, pero ello no es óbice para que resulte exagerado amenazar con la retirada de unos cuadros que, de momento, están sujetos a un contrato de depósito durante un largo periodo de tiempo. A la mayoría de los ciudadanos nos parece una inexplicable exageración que vaya a resultar perjudicial para un lienzo el paso de automóviles a unos metros de distancia. Seremos ignorantes, pero nos preguntamos qué pasa con los que están pasando ahora mismo por los bajos del palacio que el Estado español puso a disposición de su generosa gestión. ¿La reforma supone que vayan a pasar muchos más? ¿De veras la vibración llega al tercer piso? ¿No hay técnicas que eviten ese supuesto deterioro? Créame que me hizo sospechar que el ministro de Cultura dijera que le entendía perfectamente. Creo que ahí cantó la gallina. No han podido con Gallardón con las salpicaduras de la Operación Guateque y aprovechan su inusitado cabreo para empitonar al alcalde. Pero no cuela. No se deje manipular. No deje que aprovechen su febricular amor por los árboles del Prado para que la campaña de Madrid les salga más barata a los que luego le dejarán tirada en cuanto no les convenga. No entre en peleas que no deben salpicar su generosa ejecutoria. La política lo mancha todo. Hasta los cuadros. www. carlosherrera. com