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26 ESPAÑA Final feliz del secuestro en la cárcel de Picasent JUEVES 29 s 11 s 2007 ABC Un preso de jerarquía convertido en aliado Tiene un largo historial delictivo y ha participado en muchas revueltas carcelarias. Sus compañeros de la prisión de Picasent le consideran un líder, un preso de jerarquía. Los negociadores le pidieron ayuda para liberar a los funcionarios secuestrados en aislamiento. No les defraudó. Hubo final feliz POR I. RODRÍGUEZ P. MUÑOZ VALENCIA MADRID. El secuestro de tres funcionarios en el módulo de aislamiento de la cárcel de Picasent (Valencia) acabó felizmente a las seis de la mañana de ayer. A esa hora, los cuatro internos que participaron en la revuelta- -sus otros 24 compañeros de módulo no tuvieron intervención alguna en los hechos- -liberaban al último de los rehenes, el más veterano de los vigilantes retenidos y que junto a sus compañeros había jugado un papel activo en las negociaciones. Pero hasta llegar a ese punto, la tarde y la noche habían sido muy largas en la cárcel valenciana y en la Dirección General de Instituciones Penitencias, donde Mercedes Gallizo seguía minuto a minuto los acontecimientos. Su primera orden fue que, por encima de todo, primara la seguridad de los funcionarios Las familias fueron informadas también de la situación. Aunque por el momento no hay una reconstrucción absolutamente fiable de cómo comenzaron los hechos- -Prisiones ha abierto una información reservada- ABC ha podido saber que sobre las seis de la tarde, cuando uno de los funcionarios fue a llevar a un interno hasta el teléfono, recibió un fuerte golpe en el rostro que le dejó conmocionado, hasta el punto de que sólo cuando despertó supo que estaba retenido. El siguiente objetivo de los reclusos fue un funcionario que se encontraba en otra zona realizando labores de vigilancia. Los rebeldes se acercaron a él y tras intimidarle con unos pinchos que habían fabricado le llevaron junto a su compañero. El tercer vigilante, el más veterano de todos ellos y que ocupaba un cargo de mayor responsabilidad, fue soprendido en la cabina de control e igualmente amenazado con las armas blancas. Además, los presos colocaron una barricada en la puerta del módulo para que nadie pudiera entrar en él. Aunque la única violencia efectiva que emplearon los secuestradores fueron los golpes que noquearon al primer funcionario, todos ellos fueron maniatados y estuvieron bajo la amenaza de las armas blancas. A pesar de ello demostraron una enorme profesionalidad y serenidad y contribuyeron de forma decisiva a la buena marcha de las negociaciones y a que, dentro de la lógica tensión, reinara una cierta tranquilidad. Dos de ellos son jóvenes, aunque expertos, y el tercero, el veterano, fue el que llevó la voz cantante, lo que provocó además que fuera el último en ser liberado. Jugaba a su favor, además, que conocían bien a los internos y que éstos les respetaban. Incluso, se dirigían a ellos con educación Las comunicaciones con los internos comenzaron de inmediato. En primer lugar participaron funcionarios de la propia prisión- -el subdirector de seguridad, otros responsables del mismo, médicos, psicólogos- -y más tarde se incorporaron técnicos de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Ya entrada la noche se les unieron los agentes de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil, que cuenta con especialistas en este tipo de negociaciones. Lo primero que llamó la atención es que los secuestradores no tenían reivindicaciones muy concretas, sino que eran bastante confusas y eso añadía algo más de dificultad a la resolución del caso, ya que no se podía plantear una estrategia clara de negociación. Además, eso indicaba que no era de una acción planificada y coordinada, sino sobrevenida y ejecutada al momento. En un principio los reclusos pidieron droga, pero se les explicó que era imposible porque en el centro no había estupefacientes. Lo debieron entender, porque poco después exigían tranquilizantes. En esta ocasión, los encargados de gestionar la crisis decidieron negarse porque se desconocía si habían tomado otras sustancias, y el cóctel podía resultar ex- Aspecto que presentaba ayer el funcionario golpeado por los presos plosivo. También exigían hablar por teléfono con el exterior... Sus 24 compañeros de módulo, mientras, permanecían ajenos a todo, alguno en sus celdas, que permanecían abiertas, y el resto en el patio. A medida que pasaban las horas sin que se avanzase en las negociaciones aumentaba la tensión. Los responsables del caso decidieron entonces que merecía la pena tomar una decisión arriesgada, pero lógica: pedir ayuda a uno de los líderes de los internos, un recluso con largos años de condena a sus espaldas, un auténtico preso de jerarquía que con el tiempo, y por experiencia, ha comprendido la inutilidad de las acciones como las que en ese momento se estaba produciendo. Se le fue a buscar a su celda y se le explicó claramente lo que pasaba y lo que se le pedía. Accedió a colaborar. Naturalmente, el interno siempre estuvo acompañado por los negociadores y en momento alguno podía actuar por su cuenta ni hacer concesiones sin consultar. Sobre todo era útil para hacer ver a sus compañeros que lo único que estaban consiguiendo era empeorar las cosas, que aquello no tenía salida, que lo mejor era liberar a los funcionarios y pasar página. Y además les insistía en que bajo ningún concepto hicieran daño a los rehenes, lo que desencadenaría una actuación fulminante de las fuerzas especiales de la Guardia Civil. Minutos después de la medianoche era liberado el primer funcionario, en concreto el que había sido golpeado y que presentaba contusiones en el rostro y rasguños, aunque su estado no era preocupante. Pasadas las doce y media quedaba en libertad el segundo, que presentaba un pequeño arañazo. Ambos hablaron con Mercedes Gallizo y demostraron una enorme entereza dadas las circunstancias. La mediación del preso de jerarquía, pues, había dado sus frutos y a la una de la madrugada todo apuntaba a un desenlace inminente. De hecho, tres de los secuestradores apostaban ya abiertamente por poner fin a aquello. Pero inesperadamente, el cuarto ordenó seguir adelante con el secuestro. Entrada la madrugada la tensión era enorme porque los negociadores- -ya habían tomado las riendas los de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil- -detectaron que el duro estaba emparanoiado algo fuera de sí, cansado e incapaz ya de articular un discurso coherente más allá de que no habría rendición. En esas condiciones, un individuo armado es imprevisible y por ello se valoró seriamente la posibilidad de comenzar el asalto. No obstante, dado que el funcionario retenido aún mantenía con los secuestradores capacidad de interlocución, lo mismo que los negociadores, se optó por apurar todas las posibilidades. Finalmente, los secuestradores pusieron una última condición para entregarse: querían garantías judiciales de que no les pasaría nada y de A la una de la madrugada, tres de los secuestradores ya se querían entregar, pero el cuarto ordenó seguir Siempre acompañados El primer golpe