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84 CIENCIAyFUTURO MIÉRCOLES 28 s 11 s 2007 ABC ÍNDICE DESARROLLO HUMANO 2007 Los más desarrollados 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 Islandia Noruega Australia Canadá Irlanda Suecia Suiza Japón Países Bajos Francia Finlandia EE. UU. España Rep. Dem. Congo Etiopía Chad Rep. Centroafricana Mozambique Mali Níger Guinea- Bissau Burkina Faso Sierra Leona Países que más han aumentado sus emisiones de CO 2 desde 1990 Entre paréntesis, diferencia con el objetivo marcado en Kioto IDH, elaborado por Naciones Unidas Evolución 1,0 0,9 0,8 0,7 0,6 0,5 0,4 0,3 Personas sin acceso al agua potable sobre población actual 50 1990 2007 72,6 España OCDE Europa Iberoamérica Asia (este) Asia (sur) África Subsahariana 40 30 20 10 0 53,3 +15) 0,2 0,1 0 42,8 +27) 1975 80 85 90 95 00 2007 África Asia Sur Estados Iberoam. TOTAL Subsah. (este) de árabes y Pacífico Asia Caribe 26,6 -6) 26,3 +25) 25,6 25,3 +13) 24,7 (0) 18 -13) 17,4 -8) 16,3 ABC Turquía ESPAÑA Portugal Grecia Irlanda Australia Canadá Nueva Zelanda Austria Liechtenstein Estados Unidos La ONU prevé un futuro devastador para el planeta por el cambio climático El último Informe de la PNUD sobre Desarrollo Humano (IDH) sopesa por primera vez sus efectos sobre la sanidad y la pobreza en el mundo ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. La mala noticia es que hay un nuevo informe devastador sobre el futuro de la especie humana y la del planeta. La buena noticia es que podemos y debemos cambiar ese futuro. Así lo proclama el nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre el desarrollo humano, que ayer se dio a conocer simultáneamente en Nueva York y en Brasilia. Un total de 177 países han pasado nuevamente el escrutinio de la ONU para evaluar sus expectativas de vida, de calidad de ella, de alfabetización, de salud, de posibilidades de llegar a cumplir los ambiciosos Objetivos del Milenio. Por primera vez se ha cruzado todo eso con el leviatán que asoma por el horizonte: el cambio climático. En el pecado del hombre está su propia penitencia, sólo que muy mal repartida. Los pobres y los desfavorecidos, los habitantes de países con menos recursos para pagar la factura de la contaminación, son los que llevan el peso de los efectos negativos del cambio climático. Basta con menos de la mitad del aumento previsto de las temperaturas para que millares de cultivadores de maíz de la América Latina se mueran de hambre y de sed. África y Asia quedan cada vez más inermes frente a una climatología incontrolada. Están en juego décadas de esfuerzos para combatir y mitigar la pobreza. España aparece entre los quince primeros países por lo que a desarrollo humano se refiere, junto con Islandia, Noruega, Australia, Canadá, Irlanda, Suecia, Suiza, Japón, Holanda, Francia, Finlandia, Estados Unidos, Dinamarca y Austria. Este ránking coincide con el de la contaminación. Constituyendo la India y China dos potencias contaminantes emergentes. Estados Unidos sigue lanzando a la atmósfera tantas emisiones de dióxido de carbono como esos dos países juntos. Una vez más llegamos a lo mismo: si el tono de estos informes no es apocalíptico, nadie en el mundo se los toma en serio; menos aún los dirigentes. Pero si lo es demasiado, ¿entonces ya no hay nada que hacer? Contra esa clase de inercia luchan a brazo partido los redactores del informe y el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki- Moon. Nada es inevitable, insisten, poniendo el ejemplo de los primeros estallidos crueles de inflación en las economías capitalistas avanzadas. Se buscaron mecanismos de contención y, así sean imperfectos, se encontraron. El mundo y la economía supieron adaptarse. Otro ejemplo que ponen es el de la vieja Guerra Fría y la espantosa acumulación de amenazas nucleares que se desarrolló en su seno. Pero si en aquella ocasión la estrategia de no hacer nada podía ser incluso sensata dado el riesgo que entrañaba cualquier acción unilateral, no lo es en este caso, advierte el PNUD. Aquí hay que imponer un sentido de urgencia. El informe propone poner el precio de los derivados del carbón y todas las sustancias afines a la altura de su verdadero impacto contaminante, entre otras estrategias de mitigación. También llama a abordar inmediatamente estrategias de adaptación. Estas ya empiezan a cuajar en el mundo desarrollado: en zonas de Holanda particularmente proclives a la inundación ya se construyen residencias capaces de alzarse sobre las aguas gracias a unos grandes pivotes de hierro. Una especie de gigantescos palafitos. Pero lo más importante es trasladar a esta cultura a los países más pobres y vulnerables. Y si no hay dinero para hacer casas anfibias, pues por lo menos dar chalecos salvavidas a las personas y asegurarse de que todas saben nadar, como hace el gobierno de Vietnam con los habitantes del delta del Mekong. O creando una póliza de seguros contra sequías para agricultores, como se ha hecho en Malawi con apoyo del Banco Mundial. Este informe del Programa de la ONU para el Desarrollo viene a trascender todas las visiones anteriores del desarrollo humano para advertir que, frente a una amenaza como la del cambio climático ningún país puede desentenderse de otro: porque es inmoral y porque nadie se va a salvar solo. Ha llegado la hora de la verdadera cooperación y de la responsabilidad diferenciada pero compartida advierten. Casas anfibias España, en el número 13 La vieja Guerra Fría El informe propone poner el precio de los derivados del carbón a la altura de su impacto contaminante Informe completo en: http: www. undp. org