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ABC MIÉRCOLES 28 s 11 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Miguel Ángel Moratinos Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación NUESTRA APUESTA POR EUROPA L año 2007 ha sido un año de celebraciones en el calendario europeo. Los Tratados de Roma, que sentaron las bases de un proceso que ha desembocado en la actual Unión Europea, han cumplido cincuenta años y hemos celebrado los treinta años de la presentación de nuestra solicitud de adhesión a las entonces Comunidades Europeas. Muchas cosas han pasado y cambiado desde entonces en Europa y en España. En Europa, hemos triplicado el número de miembros, pasando de nueve a veintisiete. Hemos transformado lo que fueron originariamente tres comunidades de carácter económico en una única entidad, la Unión Europea, con amplias competencias y con una relación reforzada con sus Estados miembros. Hemos prosperado, como nunca antes, en un marco abierto de estabilidad y de futuro del que se benefician el conjunto de los ciudadanos por vez primera en nuestra Historia. No existe ninguna otra región del mundo que pueda hacer gala de un nivel de libertad, prosperidad y justicia e integración social que alcance a un número tan grande de ciudadanos como el que hemos conseguido en Europa desde la posguerra. España ha dejado bien patente una vez más que nuestra vocación prioritaria es estar dentro de Europa y con sus instituciones. Así fue ratificado por nuestro referéndum sobre el Tratado Constitucional E que permitirá a la Unión Europea desarrollar sus objetivos y hacer frente a sus responsabilidades hasta 2014. En esta ocasión revistieron una importancia estratégica de primer orden para Europa y para España. Para nosotros ha supuesto poder asegurar una transición ordenada de país beneficiario neto a la condición de contribuyente neto al final del periodo. Muy lejos de ser algo de lo que haya que lamentarse, supone el éxito y culminación de nuestra gran ambición inicial al integrarnos en Europa: poder acometer un proceso de modernización que acelerara nuestra convergencia económica y social con nuestros socios más prósperos. Pero también el nuevo marco financiero nos va a permitir abordar con mayor seguridad nuestra convergencia tecnológica con los socios más avanzados, otro proceso aún pendiente y del que depende nuestra futura competitividad y prosperidad. n tercer lugar, la inmigración ha sido otro de nuestros logros durante este trienio en la Unión Europea y una prueba palpable de que se puede avanzar en nuevos ámbitos complejos y sensibles. Sin duda ha sido la política que más se ha desarrollado en estos años y en gran parte gracias al papel motor y sensibilizador de España. Hemos pasado de una situación de precariedad, con una política titubeante, a otra situación bien distinta, que se ha traducido en un compromiso y dirección política firmes y al más alto nivel tanto en el seno de la Unión como en el ámbito de nuestras relaciones exteriores con los países de origen y tránsito, con los que hemos abierto una nueva era de relaciones tras las conferencias de Rabat y Trípoli y dentro de unos días en el marco de la Cumbre UE- África. El proceso de integración es ante todo un proceso dinámico de realizaciones acumulativas por etapas. En los próximos cuatro años nuestras prioridades españolas, y confiamos que también comunitarias, se centrarán en la aplicación y el desarrollo del nuevo Tratado de Lisboa en medidas concretas que respondan plenamente a las preocupaciones de nuestros ciudadanos y nos permitan ir ganando su interés por lo que hacemos juntos en Europa. Contaremos para ello con una nueva oportunidad excepcional, nuestra próxima Presidencia del Consejo de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 y bajo el nuevo Tratado. Con ambos instrumentos tendremos una ocasión más para revalidar nuestra apuesta por estar dentro de Europa y contribuir activamente a su desarrollo. E E n España hemos sabido aprovechar todas las nuevas oportunidades, como miembro de pleno derecho de la Unión Europea, para realizar la transformación más espectacular de toda nuestra Historia. Es cierto que escribimos grandes páginas en el pasado, pero nunca antes un número tan elevado de españoles consiguieron compartir los beneficios de nuestros éxitos. Pasamos a lo largo de nuestra historia demasiado tiempo en Europa sin conseguir estar dentro de Europa. Hoy nuestra situación es diametralmente diferente. Un elemento clave de una integración tan exitosa en tan corto período de tiempo ha sido, sin duda alguna, el constante consenso político y social sobre nuestra vocación europea. Los tres últimos años transcurridos en paralelo con nuestra legislatura han sido, estoy convencido, los años en los que hemos consolidado definitivamente nuestra apuesta inicial por estar dentro de Europa y convertirnos en un socio de vanguardia, sólido, activo, y digno de confianza. Y este trienio ha coincidido, precisamente, con uno de los momentos más críticos de todo el proceso de integración europea. España, de nuevo, ha estado a la altura de las circunstancias, en los tres grandes procesos de estos años. Tres procesos en los que nos jugábamos, en primer lugar, poder afrontar el futuro de la Unión Europea en un mundo crecientemente globalizado y con importantes responsabilidades adquiridas o pendientes de realizar; en segundo lugar, no poder asumirlas con medios presupuestarios apropiados; y, en tercer lugar, no poder responder con medidas prácticas a un fenómeno que desborda nuestras capacidades nacionales individuales, como es la inmigración. En los tres, la respuesta común ha sido positiva una vez más. En efecto, con el futuro Tratado de Lisboa hemos superado las dificultades e incertidumbres de estos dos últimos años. Se abre ahora ante noso- tros la hora de las realizaciones. El Tratado no es más que un instrumento al servicio de las decisiones políticas. España ha dejado bien patente una vez más que nuestra vocación prioritaria es estar dentro de Europa y con sus instituciones. Así fue ratificado por nuestro referéndum sobre el Tratado Constitucional. También ha sido confirmado a lo largo del proceso de elaboración del futuro Tratado de Lisboa. Nuestro objetivo siempre ha sido no perder esta oportunidad de reforzar la Unión Europea. Ahora, con mayor motivo, queremos mantenernos en la vanguardia de la voluntad política para contribuir activamente a acordar las respuestas precisas de la Unión a los grandes retos globales en el marco del nuevo Tratado. emos vuelto a ser un socio de referencia en una segunda prioridad: las negociaciones presupuestarias para acordar el marco financiero H