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ABC MIÉRCOLES 28 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CIELITO UÉ error. Parecía que el juez Bermúdez iba a cuajar en paradigma de equilibrio y firmeza, un Salomón calvorota que se rapaba el coco para imponer más respeto con su cráneo pelado emergiendo de los ropones y las puñetas, y ha resultado más bien un desprevenido Sansón al que su Dalila particular le corta el pelo por las noches para enajenarle la cordura. Hasta ahora, para conservar su independencia, los magistrados españoles tenían que sortear la presión de los políticos, de los medios de comunicación y hasta de sus propios colegas, pero Bermúdez ha revelado que también necesitan ser independientes de sus esposas. Con su inexplicaIGNACIO ble debilidad conyugal, el CMACHO coriáceo Yul Brinner de la Audiencia se ha puesto una zancadilla a sí mismo, ha torpedeado la brillantez de su carrera y, lo que es peor, ha enfangado su encomiable labor al frente del juicio del 11- M, ofreciendo un flanco descubierto a los numerosos enemigos que le ha creado la sentencia. Un flanco... o una costilla. Al permitir que su mujer publique un libro más bien chismosete que jamás habría autorizado a otro periodista o escritor, Bermúdez ha cometido una equivocación impropia de un hombre acostumbrado a sortear adversidades. Todo su admirable equilibrio, su rocosa fortaleza moral, ha quedado en entredicho por una imprudente torpeza mezcla de vanidad y de aturdimiento. Parece mentira que un tipo tan capaz de mantenerse a flote entre inmensas presiones de poder sucumba ingenuamente a la tentación complaciente de un retrato hagiográfico de alcoba. Lo de menos es lo que el libro cuente, que no viene a ser nada del otro mundo; importa el hecho en sí, el síntoma de flaqueza, la pérdida de perspectiva sobre la importancia de su papel en la escena española. El halcón judicial ha aleteado de fatuidad como una paloma enamorada. Y aunque en el plano humano le enternezca ese síntoma de pasión y ternura, cuando uno se mueve en una atmósfera tan cargada de electricidad no ha lugar para el sentimentalismo. Lo malo del libro de Elisa Beni no es que revele algunas confidencias de fuente unívoca que han cabreado a los aludidos en ellas, sino que anda con cierta frivolidad sobre los rastrojos de 192 difuntos y convierte el eco de una tragedia de enorme impacto social y político en telón de fondo de un panegírico personalista. La sociedad española no necesita otra demostración de las bondades del juez que la solidez de los fundamentos de su sentencia; la cielitografía -como le han llamado con venenoso neologismo- -no venía al caso y, lejos de enaltecer su tarea, la banaliza con manifiesta inoportunidad entre amartelados efluvios de incienso marital. El panegírico carece, por lo demás, de eficacia alguna: si hay un elogio que quepa descontar es el de la propia esposa. Pero el ámbito de esta clase de complicidades acarameladas es la intimidad, y el momento cualquiera menos el de estos días convulsos en que aún provoca resaca el veredicto del 11- M. El cielo doméstico de Gómez Bermúdez podía esperar. Y tenía que haber esperado. Q EL RECUADRO ALCOHOLÍMETROS PARA LA SUBVENCIÓN que pretenden subir aun más los impuestos, a fin de que cada vez haya más sectores de la sociedad endrogaítos por la subvención. ¿Cuál de los dos modelos prefiere la gente? A las encuestas me remito: la subvención, naturalmente, y que aquí me las den todas. Hasta hay por ahí quienes piden que todo español reciba una subvención por el mero hecho de serlo. Y como siga esta carrera en pelo de a ver quién subvenciona más cosas, con mayor intervencionismo del Estado dilapidador, seguro que antes de marzo prometerán una subvención por levantarte a las 7 de la mañana, aunque luego no des golpe en todo el día; y otra subvención por cumplir con la parienta en el por aquí te quiero ver; y otra por ducharte diariamente, para que ahorres desodorante del sobaquete y luches así contra el cambio climático. El PER, los fondos europeos de cohesión, las ayudas por hectárea, son minucias al lado de la subvención generalizada, que es la respiración asistida de una sociedad que vive muy por encima de sus posibilidades. El Estado también parece que ha llamado al 902 de las financieras sospechositas donde te acumulan y unifican las deudas y retrasan aparentemente la llegada del Cobrador del Frac... porque le ponen otro uniforme. Las nuevas dos Españas no son la del PSOE y la del PP la de los verdugos y las víctimas, la que excava fosas de los rojos fusilados y la que recuerda a Paracuellos. Las nuevas y lamentables dos Españas son la que vive de la subvención y la breada a impuestos para que ese sistema de públicas mangoletas se extienda y perpetúe. La Guardia Civil caminera ahora, cuando te para, aparte de hacerte soplar el pitorro del alcoholímetro, te analiza para ver si vas de cocaína hasta las mismas trancas. Se impone un alcoholímetro obligatorio contra esta nueva droga social de la subvención. Al empresario que defiende al PSOE con ese ardor guerrero, yo le hacia soplar el canuto del subvencionómetro. Y seguro que la aguja subía tanto que había que retirarle inmediatamente el carné de liberal con el que anda presumiendo por ahí ante sus amigos, so trincón, que eres mucho más trincón de subvenciones que el pobre Miguel, jornalero del PER y socio fundador del Club del Voto Cautivo... AY una nueva droga. De diseño, por supuesto. De consumo generalizado. Nociva como la que más. Paralizante. Más perjudicial que la yerba marroquina y que el tripi con el que aguantas hasta que abren el afteragüer. Extendidísima por toda la sociedad española: de los palacios a las cabañas, de la CEOE al Sindicato de Obreros del Campo. Como se trata de una droga más social que química, acaba de ser descubierta en sus laboratorios de la vergüenza torera y de la alta resolución de llamar a las cosas por su nombre por un sevillano que no es de Ciencias, sino de Letras: el abogado Joaquín Moeckel. Que con ese apellido alemán no me negarán que tiene ganado mucho para el Premio Nobel que se merece. No es lo mismo darle el Nobel de Química Social a un señor que se llama Moeckel que a otro que se apellida García. Pues con la misma naturalidad con que defiende a los toreros o a las cajeras de Carrefour, ha descubierto mi vecino del Arenal de Sevilla (y olé) el ilustre letrado Moeckel, que la más terrible droga del siglo XXI es la subvención. Las próximas elecciones de los idus de marzo, sin ir más lejos, dependerán en bueANTONIO na parte de esa droga. El Gobierno ya BURGOS tiene a sus futuros votantes endrogaos como dicen en los pueblos andaluces. Al que no le ha prometido 2.500 euros por hijo nacido es porque le va a dar la morterá por el alquiler; y al que no le subvencionará el dentista gratis para el niño es porque le pondrá de balde una asistenta que cuide a la abuela impedida. Que en esto de las subvenciones para cuidar a los enfermos e impedidos se hable de personas dependientes como si estuvieran enganchadas a la cocaína o a la grifa, demuestra bien a las claras que se trata de la nueva, peligrosa y anuladora droga social de la demagogia y el paternalismo: la subvención. Dos modelos sociales se enfrentarán en las próximas elecciones: los que quieren bajar los impuestos para que cada cual haga lo que tenga por conveniente con el dinero que le sobre a fin de mes (crear riqueza mismo) y los H