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ABC MARTES 27 s 11 s 2007 AGENDA 69 Francisco Soto Nieto Doctor en Derecho Ex Magistrado del Tribunal Supremo INQUIETUD ESPIRITUAL NGMAR Bergman ha muerto en verano, en su retiro en la isla de Farö, época mítica para nuestro cineasta en la que su inspiración ha alcanzado las cotas más altas. Para los no iniciados el descubrimiento de Ingmar Bergman tuvo lugar con la proyección de El séptimo sello a la que, realmente, secundó una repercusión internacional. Estamos en el siglo XIV Un caballe. ro, Antonius Blok, y su escudero regresan de las Cruzadas tras diez años de ausencia. En el camino se cruza con la Muerte a la que solicita, en medio de un clima desolador proveniente de la peste, una tregua con el pretexto de llevar a término antes de morir una buena acción que pueda redimirle de su pasado. A tal fin reta a la Muerte a una partida de ajedrez que permita dilatar el temido final. La epidemia devastadora avanza irreprimible. El horrible impacto de la peste en la etapa medieval se ha parangonado con el terror vivido en nuestros días con las armas atómicas. En El séptimo sello se imprime sugestibilidad y profundidad al eterno problema que invade la mente humana; la búsqueda y el ansia de certeza acerca de la idea de Dios y el auténtico significado de la muerte como remate de todo vestigio existencial o como fenómeno traslaticio hacia otra vida, colofón retributivo o abocamiento en inapelable juicio inculpatorio. Fundamentalmente se ha destacado que en el cine de Bergman las realidades humanas son siempre percibidas desde una perspectiva que incluye inexorablemente la reflexión y el sentimiento de la muerte. INGMAR BERGMAN Y SU Pese al ambiente vivido en su familia- -su padre fue pastor protestante- -Bergman se debate constantemente acerca de la existencia de Dios, perviviendo en una abstracción oscilante entre la idea superior de Dios fuera de toda adscripción institucional y ciertas crisis periódicas en las que impele a sus personajes hacia los límites de un vacío impresionante, obligados a descubrir el sentido de la vida I que reconocer que Bergman, en ocasiones incómodo en su tenebrosidad lacerante, alcanza por momentos chispazos del mejor tenor religioso y aleccionamiento ético. Mas de ordinario es nota primordial suya dejar inacabado el discurso y conducirnos confusamente hacia el vértigo de lo incierto o desconocido. preparación y advertimiento. Es una constante en Bergman la concienciación del amor y su realidad en las relaciones humanas. Al final del diálogo entre Minus y David en Como en un espejo, se afirma por el último que mientras haya hombres, tiene que existir el amor. Es tan eterno como la vida y tan indestructible como ella En Fresas salvajes se abunda en la convicción de que la felicidad parte de la absoluta necesidad del amor. El amor dota de sentido a la vida, traduciéndose en un reguero de buenas acciones, por encima de cualquier egoísmo. admirado director sueco experimenta un acusado anhelo por descifrar el misterio y los enigmas que la vida plantea. Imposible resulta desprenderse de los sufrimientos y angustias que salpican la existencia y de la misma muerte que inexorablemente cierra aquel círculo de inquietudes. La búsqueda de Dios se ofrece necesaria, sin su presencia no hay posibilidad de poner orden en el caos que nos circunda ni de hallar sentido al conjunto de acaeceres en que nos hallamos inmersos. Bergman descubre la significación e importancia que el amor representa al tiempo de configurar una solución que transfiera al espíritu serenidad y transparencia, liberándole de ruindades oscuras y convulsiones ocultas. Llega al convencimiento de que la única forma de existir es amando, y sólo conseguirán la felicidad El ra en sus plegarias y pavorosa en su imaginería delirante desborda las calles. Filas de frailes con negras vestiduras y agudos capuchones se flagelan violentamente entre fuertes alaridos de dolor, exhortando al arrepentimiento y abandono del pecado. Las mujeres caen de rodillas en medio de una lluvia de desgarradoras invocaciones penitenciales. Un incienso abrumador oscurece y confunde el cuadro de tintes apocalípticos. Señor, ten piedad de nosotros en nuestro abatimiento Momentos hay en que el caballero Blok se sume en el rezo del De Profundis. El hombre tiene un miedo espantoso a la muerte y no se resigna a su absurdidad La indefectibilidad de la muerte suscita Unaprocesiónensordecedo- terrenal y escaparán a la victoria de la muerte aquellos seres capaces de amar Así lo señala Zubiaur en su preciosa obra Fuentes creadoras del cineasta sueco, presintiendo semejante brote de buen espíritu en El séptimo sello. Los personajes de Bergman son dados a la reflexión, sus palabras se engarzan como en un collar refulgente hilvanando consideraciones sobre el tiempo presente, tendencioso en su entronque con experiencias y sentimientos pasados. Es el mundo entre dos párpados, la tristeza entre dos latidos, el gozo de vivir entre dos aplausos (Jean- Luc Godard) En Fresas salvajes hay una larga confrontación entre el tortuoso pasado y el inquietante presente del viejo profesor. Se puede decir- -escribe Juan Miguel Company- -que el profesor Borg visita literalmente su pasado desde el presente, viendo siempre escenas del mismo en las que él no participa. cial de Bergman en las que afloran convicciones harto estimables. El manantial de la doncella es realmente una producción religiosa en su más riguroso sentido. El mal hace su presencia como brote fatal del ser humano, pero la figura de Dios está viva. La oración, el arrepentimiento, la propia expiación, el manantial brotando milagrosamente bajo el cuerpo inerte de Karin, impregnan la obra de una suave belleza y emotiva espiritualidad. El Cristo sufriente de Los comulgantes, como una vid retorcida y crispada, nos impresiona en su tosquedad y abandono. No es éste el tenor de su producción a lo largo de los años. Pese al ambiente vivido en su familia- -su padre fue pastor protestante- -Bergman se debate constantemente acerca de la existencia de Dios, perviviendo en una abstracción oscilante entre la idea superior de Dios fuera de toda adscripción institucional y ciertas crisis periódicas en las que impele a sus personajes hacia los límites de un vacío impresionante, obligados a descubrir el sentido de la vida. Películashaydelaetapaini- tos de Bergman al cine teníamos la impresión de que él mismo integraba, junto a directores como Dreyer o Bresson, un grupo, ciertamente muy reducido, de cineastas ganados por una sincera desazón espiritual. Lo religioso para ellos no habría de reducirse a una puntual observación incrustada ocasionalmente en el decurso de un filme sino a una explanación filosófica o metafísica vertebrando reflexivamente la producción cinematográfica. Hay Enlosprimerosacercamien- da una vida ha sido presa de la duda y de la incertidumbre. Bergman se inscribe en la corriente filosófica del existencialismo. Lector asiduo de Kierkegaard y también de Nietzsche, lo que le lleva sucesivamente a una inclinación agnóstica y a un escepticismo revisor. La reciente y brillante obra de Jordi Puigdomènech El último existencialista constituye una apreciable aportación al respecto. Dios no es difícil cuando se avanza sinceramente a su encuentro. La maravilla del ser humano es un trasunto de su semejanza con el Creador. En el filme Palabra y utopía de Manuel de Oliveira se exalta la trascendencia del hombre frente al sentir materialista que todo lo empequeñece o anula. Tratemos la conciencia, tan delicada como la libertad lapidaria afirmación de Vieira. Como recomendación de urgencia cuánto bien podemos recibir de la lectura de Las confesiones de San Agustín o de las páginas de Joseph Pearce Escritores conversos, especie de murmullo de espíritus advertidos de su encuentro con la Verdad. Hemosdecomprobarqueto-