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ABC LUNES 26 s 11 s 2007 DEPORTES 95 EL MUNDO ES UNA HISTORIA HIMNOS Los himnos se inventaron para unificar espíritus guerreros y así marchar al combate. La distancia que media entre el fútbol y la batalla cabe en su canto testas. Agresiones verbales que se extendieron a los rastas que acompañaban al Gainsbourg. Así andaban las cosas cuando, llegado el momento de subirse al escenario, con la sala petada, aparece la plantilla de boinas rojas con ganas de gresca. Los músicos arrugaron y el Gainsbourg tuvo que salir a escena solo. Y con el puño levantado, sin más compañía que la de su garganta desnuda, afiló La Marsellesa. Se armó tal revuelo que los boinas rojas se dieron el piro protegidos por la policía. Con todo, La Marsellesa, además de ser el himno más cantado, es también el más pitado. Baste recordar lo sucedido hace media docena de años, en un amistoso entre Francia y Argelia, cuando las gradas morunas se hincharon a insultar a sus contrincantes al compás de los acordes del himno francés. El encuentro acabó en batalla campal y la policía se empleó de lo lindo, sacudiendo liendres y pulgas expiatorias de las cabezas. En nuestro país, donde los himnos se cruzan desde primera hora de la mañana y las gargantas resuenan en los atascos, Fernando Sánchez Dragó consiguió algo parecido a lo del Gainsbourg, pero al revés. Fue en un programa del Hermida, una tertulia de fútbol a la que estaba invitado. Sólo habló cinco minutos y a lo último del programa. Sin embargo, se pegó tal roción, despotricando contra el fútbol y los futboleros, contra los estadios, contra los hinchas y contra la prensa deportiva que, al otro día, ante su sorpresa, la gente le paraba por la calle para darle la mano. Si los himnos se inventaron para unificar espíritus guerreros, lo que soltó el Dragó fue todo un himno. Y con tal asunto, su paisano, Jesús Gil, aprovechando el tirón de este hijo de Tartessos, le invitó al palco para ver al Atleti. El Dragó, aunque presentía la gresca, no pudo rechazar la oferta. Aún temiéndose lo peor, allí que se plantó el tío. Lo chachi vino después, cuando el Dragó se asomó al estadio y la gente vitoreaba su nombre, igual que si fuera futbolista. Desde el fondo Sur, los ultras le saludaban con el brazo a la romana. Es entonces cuando el Dragó, pasmado ante el desenlace, toma nota de la cara y de la cruz de una misma moneda. Y aprende que la distancia que media entre el fútbol y la batalla cabe en su canto. Montero Glez Escritor Yang Yang es un niño de cuatro años que promociona los Juegos con una ballena beluga AP Los Juegos de la locura Páginas web de venta de entradas colapsadas, extraños nombres de mascotas para los niños y menores forzados al más difícil todavía... Un peculiar sentido del espíritu olímpico ha vuelto locos a los chinos a menos de un año de Pekín 2008 POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. A menos de un año para que los Juegos de Pekín comiencen, a las ocho de la tarde del ocho de agosto de 2008- -un número especialmente propicio para los chinos- el gigante asiático rezuma olimpismo por los cuatro costados. Y ese entusiasmo, que en cualquier otro lugar del mundo sería encomiable, aquí, en el país más poblado del planeta, está causando bastantes quebraderos de cabeza a las autoridades. A finales del pasado octubre, una página web puso a la venta en internet las entradas para los Juegos Olímpicos. En una hora, el portal se había colapsado al recibir ocho millones de visitas. Ante tal avalancha, el Comité Olímpico Organizador de Pekín 2008 ha decidido celebrar un sorteo, en el que habrá que registrarse previamente, para que la suerte reparta entre el público lo que la más avanzada tecnología se ha mostrado incapaz de hacer. Y es que entre los chinos ha estallado tal fiebre por el deporte que ya hay 3.491 niños que se llaman Aoyun que significa, precisamente, Olimpiadas en mandarín. Pero hay otros 4.000 pequeños que se llaman igual que las mascotas olímpicas: Huan Huan (1.063) Ying Ying (624) Ni Ni (642) Bei Bei (880) y Jing Jing (1.240) Si se juntan los primeros de estos nombres repetidos, se forma una frase que en chino quiere decir Bienvenidos a Pekín Al igual que con los nombres, los niños son los que más están sufriendo el espíritu olímpico de sus mayores. Que le pregunten, si no, a Huang Li, una chica de diez años a quien su padre ató los pies y las manos para que nadara durante tres horas en las frías aguas de un río. Según explicó el progenitor, no era ninguna tortura ni un castigo contra las travesuras de la muchacha, sino su particular forma de entrenarla para alcanzar sus dos aspiraciones deportivas: convertirse en nadadora olímpica y cruzar el Canal de la Mancha. Lo malo es que tales sueños pueden derivar en una pesadilla, como la que sufrió Zhang Huimin, otra niña de ocho años que en verano corrió más de 60 kilómetros al día para recorrer los 3.560 kilómetros que separan a su isla natal del sur de China, Hainan, de la capital del país, Pekín, en seis semanas. Mientras tanto, su padre la seguía animándola a distancia pero, eso sí, cómodamente en una bicicleta eléctrica. Por su parte, un niño de cuatro años conocido como Yang Yang, se ha hecho famoso por cabalgar desde hace cuatro meses una enorme ballena beluga en el acuario de Qingdao. A pesar de los riesgos que supone para su seguridad bañarse junto a una ballena, los responsables del acuario superaron sus reticencias iniciales y el chaval y Xiao Qiang, que así se llama el cetáceo, se han hecho grandes amigos. Un ejemplo significativo de la conciencia por la infancia vigente en China, muy distinta al instinto de protección que predomina en Occidente, y que presiona a los niños, nacidos al amparo de la política del hijo único, para que alcancen cotas que a veces rayan lo sobrehumano. Por desgracia, pocos podrán criticar tales abusos en el dragón rojo donde el autoritario régimen comunista ya ha advertido de que no permitirá protestas ni manifestaciones durante los Juegos Olímpicos. Junto a las de Moscú en 1980, éstas serán las Olimpiadas más politizadas de la Historia y ya hay numerosos grupos pro- derechos humanos y de apoyo a los disidentes que presionan para boicotear tan magno evento. uando los franceses entonan La Marsellesa, un ruido de armas resuena en sus gargantas. De acuerdo con esto, lo ocurrido el otro día en el Stade de France, allí donde los marroquíes abuchearon el himno gabacho, ha sido una ofensa para las laringes del país vecino. Ante la amenaza a ser desarmados por lo que consideran una invasión racial, los de la Administración gala reparten paquetes de medidas llamadas sociales, así que la chusma rasque barriga y la policía haga su trabajo de tranqui. Sin embargo, llegada la hora del escape, es en el campo de fútbol donde toca desnudar navaja y convertir la fiesta en una letrina en la que pueda quedar sepultado para siempre el mito de las tres culturas. Hay que hacerse cargo, los himnos se inventaron para unificar espíritus guerreros, todos en uno, y así marchar al combate. Napoleón, que sabía de qué iba el asunto, advirtió en su momento que se iban a ahorrar muchos cañones gracias a La Marsellesa, y los Beatles, que se pasaron media vida componiendo himnos, se sirvieron de La Marsellesa para cantar a la necesidad del amor. Por seguir con interpretaciones musicales del pasado siglo, cabe decir que Reinhardt y Grapelli se marcaron su apunte llorón y nervioso para los discos de pizarra y que Serge Gainsbourg realizó la adaptación más valiente. Ocurrió hace la tira de años, en Estrasburgo, cuando el artista andaba rulando con una orquesta jamaicana. Uno de los números del repertorio era La Marsellesa a ritmo de reggae. Las laringes de los gabachos de entonces se irritaron ante la provocación y, el día del estreno, la ciudad amaneció alfombrada con pro- C Los niños son las principales víctimas del peculiar espíritu olímpico el más politizado desde Moscú Dragó despotricó contra el fútbol y, ante su sorpresa, la gente le paraba por la calle para darle la mano