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ABC LUNES 26 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CANDIDATO PREGUNTAS PARA EL ÁNGULO OSCURO PELOTAS DE CÉLULAS tadas, cuanto más rimbombantes mejor, que anestesien lo que antaño llamábamos conciencia. Y cuando los hombres dejan de serlo, la vida deja de tener una dignidad intrínseca; se puede seguir defendiendo con argumentos meramente utilitarios, pero ya nunca más como una verdad indestructible que nos interpela y demanda una defensa obstinada. Se entroniza así una concepción puramente funcional de la vida: su dignidad ya no es algo inscrito en su propia naturaleza, sino un reconocimiento que se le otorga o se le deniega a discreción, por razones de pura conveniencia, según la perspectiva desde la que la miremos (y ya se sabe que, contemplada desde una noria o atalaya progre, toda vida se convierte en un puntito negro) Incluso se maquinan coartadas de apariencia humanitaria que maquillen esta consideración puramente funcional de la vida: y así, por ejemplo, se justifica la destrucción de esas pelotas de células que ni sienten ni padecen porque de este modo se puede ayudar a sanar otras vidas. Por supuesto, cualquiera que se atreva a poner en cuestión tal aserto se convierte ipso facto en fundamentalista; título honrosísimo, pues, en efecto, la vida es el fundamento de quienes aún queremos ser humanos. Pero, puesto que estas coartadas pretendidamente humanitarias no pueden en realidad serlo, por haberlas urdido quienes ya han dejado de ser hombres, hemos de esforzarnos por penetrar la verdad que se esconde detrás de la cortina de las justificaciones. Y la verdad, descarnada y pestilente, la formulaba Harry Lime en el parlamento que iniciaba este artículo: se llama dinero, dinero obtenido disparando sobre diminutos puntitos negros. Los últimos avances científicos nos revelan que se pueden sanar vidas sin destruir embriones. Pero, mientras consideremos a esos embriones pelotas de células que ni sienten ni padecen, seguiremos encontrando coartadas que justifiquen su destrucción. Y es que, cuando la vida es despojada de su dignidad intrínseca, deja de ser vida: será respetada mientras nos resulte útil o rentable; cuando sea más útil o rentable destruirla, lo haremos sin vacilación. No sin antes urdir, por supuesto, una coartada humanitaria. www. juanmanueldeprada. com L otro día leía en un periódico que los embriones utilizados en investigaciones científicas son pelotas de células que ni sienten ni padecen Siempre que me tropiezo con afirmaciones tan sumarias me acuerdo de una de las secuencias más célebres de El tercer hombre Holly Martins, el escritor de noveluchas ínfimas interpretado por Joseph Cotten, ha logrado al fin reunirse con su amigo Harry Lime (Orson Welles) un cínico asesino que se ha enriquecido vendiendo fármacos adulterados. El encuentro entre los dos protagonistas acontece en el Prater vienés; montan juntos en la noria y, cuando se hallan en lo más alto, Martins pregunta, horrorizado: ¿Has visto a alguna de tus víctimas? Harry Lime esboza una sonrisa cínica y dirige con desapego la mirada a la gente que pasea por el descampado, allá a lo lejos: ¿Víctimas? -se mofa- No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntitos negros si dejara de moverse? Si te ofreciera veinte mil dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que me guardase mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? ¡Y libre de impuestos, JUAN MANUEL amigo, libre de impuestos! Hoy es la úniDE PRADA ca manera de ganar dinero Basta subirse a una noria para que los hombres se conviertan en puntitos negros; basta encaramarse en la atalaya progre para que los embriones se conviertan en pelotas de células que ni sienten ni padecen. Siempre me ha provocado estupor que una época como la nuestra, que se declara compasiva y ha querido extender los frutos de esa compasión hacia ámbitos más allá de lo puramente humano (pensemos, por ejemplo, en la defensa de los animales) se muestre en cambio tan impiadosa cuando se trata de proteger la vida embrionaria. Lo cual me hace pensar que tales muestras de pretendida humanidad no son sino aspavientos de una época que ha dejado de ser humana. No una época de hombres malvados, sino una época en que los hombres han dejado de serlo; y que, para fingir que lo siguen siendo, urden coar- E HORA que ya es oficialmente candidato a sucederse a sí mismo, y, aunque parezca increíble, con razonables expectativas de triunfo, el presidente Zapatero tendría que comprometerse ante los ciudadanos a despejar algunas incógnitas que requieren una respuesta precisa y tajante, sin los casuismos ni las ambigüedades escapistas que tanto le gustan. Los políticos detestan las respuestas concretas en época electoral, porque son la clase de compromisos que les atan las manos, pero hay cuestiones que los españoles tenemos que saber con máxima claridad antes deemitir el voto. Si va a haber debates en la IGNACIO campaña, alguien debería CAMACHO ponerlo en la tesitura de un sí o un no, cerrándole la evasiva, ante ciertos interrogantes cruciales que conviene despejar antes de darle a nadie el cheque en blanco de una legislatura abierta. La primera cuestión es bien sencilla y conocida. ¿Descarta el presidente volver a negociar con ETA en cualquier circunstancia o hipótesis? ¿O interpretaría la nueva mayoría como un aval de su malograda intentona? De momento, ANV sigue siendo un partido legal y, por lo tanto, en condiciones de presentarse a las elecciones y colocar parlamentarios- ¿interlocutores? -de ETA en el Congreso. Los ciudadanos que sospechan que estamos en el descanso del proceso, como repite con feliz metáfora Mayor Oreja, sólo pueden tranquilizarse al respecto si escuchan de boca de Zapatero el pitido expreso y contundente del final del partido. Cualquier rodeo o indeterminación supone abrir la posibilidad de retomar el diálogo a la primera oportunidad que se presente. La segunda pregunta es una precisión sobre su voluntad de no intentar gobernar si no saca un voto más que su adversario. ¿Se entiende ese compromiso extensivo a la hipótesis de que el PP no logre formar mayoría de investidura? ¿Está ZP dispuesto a dejar gobernar en minoría a la fuerza más votada sin recurrir a una alianza de perdedores que suplante el sentido del sufragio universal? Y la tercera tiene que ver con su propio horizonte de poder. ¿Tiene prevista el presidente una fecha límite para su mandato? ¿Asume la autolimitación que se impuso Aznar o prefiere continuar por la senda de González hasta que le retire elelectorado? Setratadeuna cuestión sumamente incómoda para un gobernante, porque la respuesta afirmativa implica abrir un engorroso procesosucesorio interno, pero convendríairsabiendo si, a falta de regulación constitucional, la democracia española puede irse ordenando a sí mismamedianteel establecimientodeprecedentes consuetudinarios. ¿Cuánto tiempo quiere estar en elpoder este dirigentede sedicente regeneracionismo? ¿Cuántos años cree que necesita para consumar su impreciso proyecto político? En realidad, se trata de preguntas retóricas, porque resulta ingenuo albergar esperanzas de réplicas concretas en una política como la española, que se caracteriza por su confusión, su oscuridad, su subterfugio y su falta de respeto a la ciudadanía, pero al menos convendría que fuesen formuladas en un escenario y un momento adecuados. Incluso la ausencia de respuestas sería una respuesta en sí misma; significaría dejar la contestación flotando en el familiar viento de la ambigüedad, la conveniencia y el relativismo. A