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4 OPINIÓN LUNES 26 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro MUERTA EN BOLIVIA CONSTITUCIÓN EL CANDIDATO VACÍO ODRÍGUEZ Zapatero dedicó ayer el discurso de su proclamación como candidato a un mensaje central: pedir votos para una reelección que no tiene asegurada. El resto de su alocución fue una sucesión de tópicos contra el Partido Popular, sin la más mínima autocrítica y con la exhibición de una España tan idílica que resulta incomprensible que las encuestas no le den una ventaja ya irreversible. Es cierto que en actos de este tipo todo candidato a la reelección se entrega al ensalzamiento de su gestión, pero Rodríguez Zapatero está incurriendo excesivamente en el error de confundir la ilusión con el ilusionismo y el resultado es la fabricación de un discurso cada día más ficticio y alejado de la realidad social a la que tantas veces apela para intentar desgajar al PP de los ciudadanos. Hace una semana, Mariano Rajoy asestó un golpe letal a la estrategia preelectoral socialista con una oferta histórica de reforma del sistema fiscal español por la que más de siete millones de españoles dejarán de pagar el impuesto de la renta de las personas físicas. Pocos días después, el Centro de Estudios Sociológicos, dependiente del Ministerio de la Presidencia, situaba al PP sólo 2,3 puntos porcentuales por detrás del PSOE, en un sondeo en el que los encuestados ya conocían el cheque- bebé y las ayudas al alquiler de vivienda, pero no el anuncio de la rebaja fiscal hecho por Rajoy. Para más precisión del alcance político de esa encuesta, el PP lograba recortar distancias en una coyuntura en la que el terrorismo pasaba a ser la cuarta preocupación de los españoles, demostrándose que para la oposición de los populares también hay opciones más allá de la crítica a la política antiterrorista. Pues bien, frente a estos datos que confirman que, en efecto, el PSOE no tiene ganadas las elecciones porque el PP le pisa los talones, Rodríguez Zapatero no fue capaz ayer de plantear un programa de futuro con alguna- -sólo alguna- -propuesta concreta que desmienta la apariencia de que se ha quedado sin ideas para España. Zapatero y el PSOE están reescribiendo a marchas forzadas una histo- R ria virtual de esta legislatura, en la que han desaparecido la indigna negociación política con ETA, el aislamiento internacional de España, el declive de los principales indicadores económicos, la dislocación del Estado autonómico por el Estatuto confederal de Cataluña, las discordias cívicas por el revisionismo histórico, la irrupción desmedida en la estructura de valores con reformas como el matrimonio homosexual, las reformas sociales que no cuajan- -como la ley de dependencia o la lucha contra la violencia machista- -o la devaluación del sistema educativo. Pero, sobre todo, Zapatero está incurriendo en el error del que siempre dijo que no cometería: ha dejado de conocer el estado real de los ciudadanos, quienes, más allá de cuál sea la orientación de su futuro voto, ya no se identifican con un Gobierno que ha optado por ignorar las dificultades de las economías familiares para usos tan cotidianos como poder llenar la cesta de la compra con productos básicos. Cualquier Gobierno puede despistar- -en el peor de los casos, hasta engañar- -a los ciudadanos cuando los problemas del país se sitúan en niveles ajenos al bienestar de cada uno de ellos. Pero España no está ahora mismo en esa situación. Los problemas han llegado, y más de lo que cree el Gobierno, a los hogares españoles. Por eso, las críticas al PP tan de manual como repetitivas, serán insuficientes pa, ra sumar esos votos que reclama Rodríguez Zapatero, entre otras razones, porque es pura hipocresía lamentar la supuesta obstrucción practicada por el PP, cuando la estrategia de Zapatero ha sido, desde 2003, el aislamiento y la marginación de la derecha democrática. Frutos de este diseño sectario de la dinámica democrática fueron el Pacto del Tinell, sin precedentes en España, y todas las rupturas de consensos provocadas directamente por el PSOE, en cumplimiento de ese cinturón sanitario que forjó con minorías que ahora le van abandonando y, sobre todo, con los partidos más extremistas. Zapatero ha visto el saldo de su mandato y necesita un culpable exterior al que endosárselo para recuperar la iniciativa y tapar su fracaso. CRECE LA VIOLENCIA ANTISISTEMA ROLIFERAN desde hace semanas las manifestaciones de grupos radicales que se hacen llamar antifascistas pero que practican la violencia y la lucha callejera al más puro estilo totalitario. Bajo cualquier excusa o pretexto, estos grupos provocan desórdenes públicos y ballatas campales contra la Policía, contra extremistas de otro signo o, como ha sido el caso de Madrid hace unos días, contra otros grupos que defienden sus mismos postulados teóricos. Su actitud fuertemente agresiva exige de las Fuerzas de Seguridad una respuesta enérgica y eficaz, que por ahora produce mejores resultados en Madrid que en Barcelona, aunque en la capital el control de la situación se puede perder en cualquier momento. Más allá de su disfraz ideológico, las nuevas tribus urbanas son la expresión de unos jóvenes sin expectativas, carentes de valores cívicos e incapaces de encontrar su lugar en la sociedad. Al parecer, nadie les ha enseñado las normas más elementales de la sociedad democrática y la convivencia. Destruyen el mobiliario urbano, toman las calles o el Metro y amenazan a los vecinos como parte de una conducta antisistema cuyas raíces se sitúan más en el terreno social que en el político, aunque encuentran en este ámbito un pretexto adecuado al servicio de sus objetivos. Por supuesto, no respetan las prohibiciones gubernativas o judiciales de las concentraciones P violentas, sino que se sirven de ellas para justificar su lucha contra el mismo Estado de Derecho que les acoge. La quiebra del consenso social es una consecuencia más del fracaso de este Gobierno. encelado en reabrir cuestiones ya cerradas desde la Transición. Una sociedad crispada y fracturada en aspectos esenciales es un terreno abonado para los desórdenes públicos. Quien siembra vientos recoge tempestades: por tanto, no vale ahora rasgarse las vestiduras cuando determinados grupos marginales pasan al primer plano con sus conductas que incurren con frecuencia en el ámbito del Código Penal. Estos jóvenes agresivos y dispuestos a todo han creado ya graves conflictos de orden público y es preciso tomarse muy en serio la amenaza de que van a seguir actuando. Ahora se movilizan por la muerte de un adolescente en el contexto de un conflicto entre sectores enfrentados, pero cualquier motivo les sirve para sembrar el pánico en la calle y provocar la reacción policial. Es una derivada de la kale borroka que combina falsas reivindicaciones políticas con el encuadramiento de elementos antisistema. De hecho, su actuación se prolonga en el control de barrios y espacios públicos, en los ultras del fútbol o en las pandillas juveniles de distinto tipo. El Ministerio del Interior debe atajar con firmeza el despliegue de estos grupos organizados antes de que el fenómeno sea irreversible. NA Constitución es el conjunto de reglas básicas para el funcionamiento de una sociedad y en un contexto ideal debería ser, por tanto, aceptada por todos sus miembros. Una Constitución aprobada solamente por la parte oficialista de la Asamblea de Bolivia, reunida ésta en un cuartel a puerta cerrada para no permitir la participación de los discrepantes, no puede decirse que sea un instrumento de consenso ni que vaya a servir para la concordia de ningún país. Evo Morales y su Movimiento Al Socialismo (MAS) han decidido que puesto que no podían persuadir a una mayoría significativa con sus argumentos, no les quedaba más remedio que imponerlos por la vía de los hechos consumados. No se puede justificar la reacción violenta de los opositores, pero es evidente que el Gobierno boliviano es el principal responsable de que se haya producido una explosión social de protesta que ya está costando la vida a mucha gente. Hace dos años que Morales está en el poder y en este tiempo la economía boliviana no ha mejorado en absoluto ni se ha aprovechado de las condiciones favorables en los mercados mundiales para sus principales productos: gas y minerales. En el vecino Perú, por ejemplo, los dos últimos gobiernos a los que Morales abomina por neoliberales han logrado reducir la pobreza en diez puntos. En Bolivia hay inflación y no aumenta el empleo. La decisión más emblemática de esta legislatura, la nacionalización de los hidrocarburos, sólo ha servido para frenar la llegada de inversiones externas y para impedir que el país se beneficiase de las extraordinarias condiciones del mercado internacional de la energía. En lugar de ello, el gas está racionado para los bolivianos y empiezan a escasear productos de primera necesidad en las tiendas. Después de un siglo XX francamente desastroso, en el que hubo en Bolivia más golpes de Estado que años, la idea de refundar en serio las estructuras políticas del país no era mala, si no fuera porque en lugar de haber buscado el consenso positivo de la sociedad y el mundo de hoy, ha acabado siendo inspirada por ideologías censurables como el racismo indigenista o simplemente caducadas como el socialismo totalitario. Desde su llegada al poder, Morales ha preferido la dependencia política y doctrinaria del caudillo venezolano Hugo Chávez, y quién sabe si este gesto irracional de aprobar a golpes su Constitución no se debe al temor de que el día 2 de diciembre Chávez no pudiera ver aprobada la suya, con lo que podría perder su principal respaldo estratégico. Cuando un gobierno no sabe qué hacer- -y en eso son iguales Chávez o Evo Morales- -suele utilizar el mito del cambio, de la utopía o incluso de la revolución como pura estratagema. El cambio por el cambio no lleva a ninguna parte, solamente a desgastar la esperanza de que un país prospere. Y en Bolivia, si lo que se ha aprobado es una Constitución, tiene todos los visos de haber nacido muerta. U