Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 25- -11- -2007 MADRID 73 Las abuelas coraje tienen hasta un blog Las abuelas de Ventorrillo se han hecho famosas. Tanto es así que han creado un blog. Se encuentra en http: y ahí se da cumplida cuenta de todas sus desdichas y los apoyos que están recibiendo. Abre la página una foto, de este verano, con alguna de las afectadas. A continuación, se anuncia una tertulia- debate, para el día 29, sobre especulación urbanística que, por lo visto, tiene como punto de partida la situación en esta corrala. También se describe la situación vivida el pasado 6 de noviembre: Han vuelto las amenazas y el juego sucio. Un grifo abierto, la rotura de una cañería, provocada o no. El caso es que han tenido que venir los bomberos Y, también, una visita inesperada. Se trata de un arquitecto, al parecer a sueldo de la propiedad, que, a grito pelado, nos decía que esta casa está en ruinas por culpa de ustedes Las abuelas insisten en su blog que si el edificio está ahora en mal estado es por culpa de las obras de reforma. el 7 deventorrillo. wordpress. com Las abuelas de Ventorrillo 7 se resisten a dejar sus casas sin una garantía de retorno peran los 600 euros al mes. Eso nos dicen. Ahora pagan una renta de entre de entre 40 y 75 euros al mes. Sus contratos son indefinidos. De ahí, que todas defiendan su derecho a permanecer en estas viviendas después de los arreglos. El calvario para estas mujeres empezó en marzo. La mayoría de las 43 viviendas de esta corrala estaban entonces habitadas y todos se llevaban muy bien. No había problemas. Todo era régimen de alquiler. De muchos tipos y duraciones. Lo sigue siendo. Hoy, sólo quedan las abuelas de Ventorrillo como las conocen en Lavapiés. Adelaida Salas nos cuenta el proceso. No teníamos problemas. Es cierto que el edificio tenía que arreglarse porque había humedades. El Ayuntamiento lo sabía y no hacía nada por forzar al antiguo casero a que lo adecentara. El antiguo casero murió y en marzo, después de pasar por varias manos, la corrala la compra la empresa que está ahora. Ahí empezó nuestro padecimiento. Van a construir pisos de lujo. La mayoría de nosotras tiene un contrato de alquiler de antes de la guerra, con unos derechos, y no nos pueden echar. Como no tenemos seguro que si nos vamos para que hagan las obras de reforma vayamos a volver, pues aquí estamos hasta que nos lo aseguren, por escrito, si es necesario Adelaida no se rinde. Está operada de cadera y lo que más teme es tener que ir, por la noche, al WC comunitario que hay en el pasillo de su planta. Un horror porque está sucio y abandonado. Ella, en su casa, no dispone de servicio. Alguna de sus vecinas sí ha podido hacerlo- -con permiso del antiguo casero- -en unos poquitos metros cuadrados que robaron al resto de la vivienda. Con un lavabo y un retrete se apañan y eso que, en algunos casos, casi hay que entrar de lado por lo estrecho que es el baño. Desde marzo La propiedad está reformando el inmueble, en pleno Lavapiés, para albergar mini- pisos de lujo Nosotras les sobramos y, claro, nos están haciendo la vida imposible. Nos asustan y no vemos solución Así es uno de los WC de uso común del edificio Lo que menos quiero es dar pena dice Juanita, con lágrimas en los ojos. Lo que nos está pasando es una pesadilla. Ya hemos recurrido a todos los sitios y nadie nos da una solución. ¿Salir de aquí? Lo que nos tienen que asegurar es que vayamos a volver añade. Estas palabras Juanita nos las cuenta mientras visitamos a su vecino Ramón Tebar, un anciano postrado en cama, enfermo de los bronquios, del corazón y con una sordera severa. La mujer de Ramón, María, no está en casa. Ha ido a su sesión de rehabilitación porque acaba de operarse de una rodilla. La casa de este matrimonio es lo más parecido a un dedal. Chiquitita, pero les ha dado para poner un retrete pequeño, con lavabo y todo. De cualquier forma, las paredes muestran, con toda su crudeza, las grietas y las humedades que se han adueñado de todo el edificio. La polémica, no hay duda, está servida entre las abuelas coraje y la empresa propietaria del edificio. Son las dos caras de una misma moneda. Pasan los días y, mientras tanto, un puñado de ancianas, con edad suficiente para que las dejen en paz, están en jaque porque no saben muy bien dónde ni cómo acabarán viviendo el día menos pensado.