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68 MADRID DOMINGO 25 s 11 s 2007 ABC El incendio de contenedores más grave se produjo en la calle de Guillermo de Osma Dos hombres de mediana edad plantaron cara a los antidisturbios Una nueva protesta ilegal de radicales antisistema acaba en otra batalla campal Centenares de ultraizquierdistas montaron barricadas incendiarias y lanzaron botellas y piedras a la Policía CARLOS HIDALGO MADRID. Cuando ya se ha perdido la cuenta de las manifestaciones y concentraciones de protesta tras la muerte del menor antifascista Carlos Javier Palomino, de 16 años, el día 11 en el Metro de Legazpi a manos de un soldado skin head ayer se celebró otra que terminó en una nueva batalla campal. Pese a que se veía venir y no contaba ni con el permiso de la Delegación del Gobierno ni del Tribunal Superior de Justicia, la marcha se celebró, eso sí, salpicada por continuos incidentes. El balance oficial de las tres horas de revueltas apenas refleja algo que pudo haber sido mucho peor: varios manifestantes atendidos por el Samur- Protección Civil en la glorieta de Embajadores por cortes en la cara, crisis de ansiedad y contusión en una pierna. Más tarde, cerca de Legazpi, el Samur tuvo que atender a dos agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) o antidisturbios y a otro joven. Presentaban contusiones, cortes en la cara y en la mano. Sólo uno de los funcionarios tuvo que ser trasladado a un centro hospitalario, la Clínica La Milagrosa, informó Emergencias Madrid. Pero hubo también otros jóvenes- -y no tan jóvenes- -heridos, que declinaron la atención médica. En total, diez atendidos y cuatro detenidos. La jornada fue de menos a más. La cita era a las cinco de la tarde en la glorieta del Emperador Carlos V (Atocha) Una hora antes, ya se veía a decenas de antidisturbios cacheando e identificando a todo aquel que pareciera sospechoso. Al otro lado de la plaza, a los pies de la estación, otro grupo de agentes hacía lo propio. La primera carga policial se produjo en la glorieta de Embajadores, protagonizada por jóvenes radicales encapuchados Se respiraba una calma tensa. Pasadas las cinco, medio centenar de personas emprendía la marcha por la Ronda de Atocha, hacia Legazpi. Las consignas, los gritos, no tardaron en llegar: ¡Carlos, hermano, nosotros no olvidamos! ¡Delegada, dimisión! o ¡Ilegalizad Democracia Nacional! Todo ello, aliñado con el tipismo reiterativo de este tipo de actos: muchos pañuelos palestinos, bragas en la cara, gorras, capuchas e, incluso, rostros pintados de camuflaje. También se veían caras jóvenes, pero también de adultos, que ya habían acudido a otros actos similares, como los del sábado 17 en Sol. Yo es que voy a todas las que puedo afirmaba una mujer. El serpenteo de gente fue ocupando la acera de la Ronda de Atocha que se dirige a la glorieta de Embajadores, sin que cesaran las proclamas. Más grupos que salían de calles adyacentes, de Lavapiés, se fueron sumando. El Madrid kitsch a veces tan cotidiano, dejaba la estampa de una mujer que salía de su casa vestida de novia, de blanco radiante y empuñando un ramo de flores, que cambiaba el gesto al tener que atravesar la muchedumbre para entrar en su coche camino de la iglesia. Pasó junto a rapados con botas militares y símbolos antinazis. En me- FOTOS FRANCISCO SECO dio de la manifestación, una inmensa bandera con el escudo de Izquierda Castellana rompía el cielo a la altura del Teatro Circo Price, cuando la multitud comenzó a abandonar la acera y a tomar el carril de la calzada que se dirige a Embajadores. Hasta el momento, la marcha se había desarrollado en una falsa calma, siempre bajo la mirada atenta de los antidisturbios que comenzaron a reprender a los jóvenes que cor-