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20 ESPAÑA La lucha antiterrorista s Análisis DOMINGO 25 s 11 s 2007 ABC La verdad de las víctimas Ayer, con reivindicaciones muy serias y convenientes, el éxito de la AVT se logró con el apoyo del PP Germán Yanke U n lejano- -e ilustre- -familiar, Vladimir Jankélevitch, que escribió contra el olvido y el perdón del nazismo, relató en uno de esos libros, con una belleza más allá aún de la filosofía, una escena dominguera en el Bosque de Bolonia. Allí se daban cita los novios que se besaban en un recodo, el vendedor de chucherías, el matrimonio de cierta edad que estrenaba abrigo y zapatos, los viejos amigos que caminaban casi en formación conversando en alta voz, y el propio Jankélevitch, azorado, escondido en su amplio gabán, sentado en un banco con la desesperación de quien sabe que podía ser detenido en cualquier momento por los ocupan- tes nazis de París. El filósofo, que lograría librarse gracias a la ayuda de su cuñado y amigo de Unamuno, Jean Cassou, se preguntaba cuál era la verdad: ¿La del jolgorio despreocupado de los domingueros o la suya? ¿La sensación de angustia y persecución que experimentaba o la normalidad de un día festivo en el que se podía disfrutar y reír? No dudó en afirmar que la verdad era la suya y que si los demás se mostraban ajenos era únicamente porque no habían reparado. De otro modo, sus vidas ya no podrían ser las mismas. Pero Jankélevitch es consciente de que su ver- dad, la que años después insiste en que no puede ser perdonada, no concierne a sus ideas filosóficas ni políticas, sino al hecho de que era una víctima porque había unos verdugos ante los que no cabía comportarse sino como ante verdugos. Esa es la verdad de las víctimas. El hecho de serlo no avala, aunque suene crudamente, ni sus propias vidas. Sus ideas, que son dispares y a menudo contradictorias, no se convierten en dogmas indudables por el hecho de ser víctimas, que no aporta sabiduría ni sanción moral. Pero nadie podrá despojar a las víctimas del terrorismo de esa solemne verdad que les acompañará siempre: son los inocentes ante unos verdugos que deben ser tratados, legal y políticamente, como tales. Sin embargo, la política antiterrorista o la aplicación de la ley no puede depender de la afirmación de que las víctimas siempre tienen razón sino del razonable ejercicio de la democracia y el respeto a la ley. El Gobierno, antes, después y en el seno de su atrabiliario proceso de paz ha confundido la negativa a que su política sea dictada por quienes ni siempre tienen razón ni en todo están de acuerdo siempre con un desapego y falta de cercanía sorprendentes. El problema, desde el punto de vista del Gobierno, no es de falta de sintonía con una propuesta determinada, sino de alejarse de la realidad, es decir, que el terrorista, como demuestra la existencia de las víctimas, es un verdugo al que hay que tratar como tal. Si a ello se suman algunas palabras despectivas o comentarios irónicos, se entiende muy bien el malestar de buena parte de las víctimas, incluso no queriendo aceptar que siempre tengan razón. Las víctimas y, en concreto, las organizaciones a las que pertenecen, tampoco deben olvidar esa perspectiva. Es decir, deben evitar la pretensión de identificar sus ideas y sus estrategias concretas con la verdad No tiene ningún sentido, por ejemplo, que, en vez de argumentar solidamente, lo que sin duda es posible, se trate de desacreditar las opiniones divergentes, incluso de quienes han sufrido el terrorismo, diciendo que no representan a las víctimas Ni me parece adecuado pretender convertir al PP, sometido a la tensión de estar con esas organizaciones (en todo, en el tiempo y en la forma) o contra ellas, en parte de su estrategia. Ayer, con reivindicaciones muy serias y convenientes, el éxito de la AVT se logró con el apoyo del PP. No era el momento para inventar, al margen del Estado de Derecho y del propio PP, eso que se llama rebelión cívica como el instrumento más eficaz para derrotar a ETA