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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Las alarmas de Maruja oy al estanco por tabaco. Pido la marca de mayor amargura- -la que fumaba Josep Pla, un colega: tenía una novia en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires- -y encuentro a Maruja, la de toda la vida, alarmada y mostrándome una moneda de un euro. -Me parece que esta pieza es falsa- -me dice- observa: tiene la cara de un indio. En Europa no hay indios. -No, Maruja- -le aclaro- no es un indio, es Dante Alighieri. Al dorso dice RI que quiere decir República Italiana. ¿Y quién es el tal Dante para andar en las monedas? -Es como el Cervantes italiano, el poeta nacional. Escribió una especie de novela en verso donde cuenta su viaje al Infierno. -Pero ¿de veras estuvo en el Infierno? -Nunca se sabe. Los poetas son visionarios, a veces toman el tren equivocado y amanecen en el Infierno. -Ya me dio mala espina esa cara. No es la cara de un escritor, es la cara de un demonio. Se ve que en el Infierno se le puso así. -O sea que Dante no tiene cara de escritor. ¿Qué entiendes tú por eso de tener cara de escritor? -No sé... Algo fetén... Melenas, ojos soñadores, un punto bohemio... ya me entiendes. ¿Y los demás? ¿No tienen caras de escritor? -No. Los demás tienen caras normales. Como tú, por ejemplo. Divagando por la calle, me detengo a mirar el muestrario madrileño de caras anónimas. El prototipo de rostro letrado abunda más de la cuenta. Si todos los melenudos y barbudos, con ojos de vaguedad miope o de ginebra abusiva o de porro crepuscular, son escritores, vaya competencia, es para temerla. Enciendo el cigarro y evoco a Cervantes, manco, y a Camoens, tuerto, y al ciego Homero de los griegos antiguos. Maruja los hallaría escasamente literarios. Aprovecho la digresión para seguir disimulando mi oficio cada vez que vaya al estanco. El sabor amargo del tabaco me recuerda a Josep Pla: boina, pantuflas de botiguer jubilado, dedos amarillos de nicotina y el pelo al rape, muy lejos de toda melena. -Don Pep, usted tampoco tiene cara de escritor- -le digo mentalmente- No es sospechoso como Dante Alighieri. Puede seguir paseándose por los estancos de ultratumba, tan ricamente. V Blas Matamoro De izquierda a derecha: Cristina Creus, César Gil de Santibáñez, M. Luisa Fernández, Pilar García Comendador, Pina Sánchez Errazurix, Tomás Azpitarte, Amaia Ortega, Francisco Morón, Paloma Ruiz de Castroviejo y Fernando Cimorra Ellos también existen... Sí, ellos también existen. Los hombres. En la sede de Nuevo Futuro de Madrid ya tienen voluntarios. Jubilados y estupendos como dice su presidenta. Realizan una labor increíble, están totalmente involucrados y sin ellos no se que sería de estas oficinas Tomás Azpitarte, jefe de Recursos Humanos, resta importancia a estas palabras y habla de la bondad y la inteligencia que reina en la casa Curro Moreno, el tesorero, nos cuenta la satisfacción interna que sientes al saber que estás ayudan- do a los demás No como antes, que la satisfacción, claro, era profesional, cuando ocupaban altos cargos en diferentes compañías. A Francisco Morón, jefe de contabilidad, le llamó Curro y le preguntó si quería ganarse el cielo. Le dije que sí pero que todavía no. Entonces me contestó: hombre pues yo puedo echarte una mano... Y aquí estoy Por último aparece César Gil de Santibáñez, responsable de ordenar el patrimonio inmobiliario de la Asociación. ¿Que qué le diría a los más jóvenes para que se involucren como voluntarios? Muy fácil. Que cualquier camino es bueno para ayudar a los niños que lo necesitan Seguro. ferente a estos niños y El Rastrillo es la vía para obtener el dinero para mantenerlos dice Pili. Sí, sí, parece mentira, pero muchas personas todavía no lo saben indica Marta. Ni a veces las propias voluntarias. A mí me impresionó una vez en El Rastrillo una chica que llevaba años ayudando, y confesó que no sabía ni lo que hacíamos ni a dónde iba el dinero Me interesa destacar- -habla la presidenta- -que Nuevo Futuro está en la Fundación Lealtad, encargada de auditar ongs y de otorgar el sello de calidad. Nosotros lo tenemos y es importantísimo Y mientras, cada una de las voces presentes piden que puntualicemos otras cosas: que El Rastrillo se está modernizando- -y me enseñan las invitaciones y los carteles de este año para que lo vea- que también están cambiando la estética de los puestos... Pina quiere que se sepa que en esos casi 8.000 metros de rastrillo hay una oferta familiar muy amplia, atendida por 1.200 voluntarios. Que no sólo se venden antigüedades Que se puede jugar a las cartas, participar en clases de cocina, ver a un conjunto de rock, o dejar a los niños merendando los domingos mientras te vas a comprar de todo De todo: desde juguetes hasta ropa pasando por bolsos o colonias. Todo son donaciones dejadas en depósito. Si lo venden, les dan un tanto por ciento para la asociación. Que las empresas también les regalan de todo. Comidas, meriendas, joyas, abrigos de piel, viajes, cosméticos. Y muchas de esas cosas pueden tocarle al visitante en mil y una rifas... Incluso un forfait de temporada en Baqueira Beret o una cesta de Navidad, El año pasado, a pesar de las obras sacaron 1.000.000 de euros. Dí que la gente es buena. Mucho mejor de lo que uno imagina y más cuanto más humilde Como unas viejecitas que se pasan el año haciendo labores para donarlas a El Rastrillo O aquel matrimonio que regaló sus dos únicas bandejas de plata porque su hija estaba sana tras sufrir una grave enfermedad. Y cuentan también, con gran sentido del humor, cómo mucha gente, de la que hasta allí acude, pide que les sirvan las marquesas. Si no, no vale. Pues claro que sí. Están en su derecho Y que así sigan. Porque gracias a unos y a otros más de 6.000 niños ya han tenido un hogar donde vivir. Enhorabuena. De corazón.