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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA El bosque sumergido e pueden ver hoy varados sobre el barro los tocones de los robles y castaños que se cortaron para hacer el embalse de Cecebre. Llama la atención que estén tan limpios, tan blanquecinos de haber estado sumergidos en el agua y faltarles la luz que trae líquenes y hongos y los musgos a los tocones que quedan sobre la tierra, inmersos en el aire, que es el que tiene al fin la vida queriendo posarse, porque ahora vemos que no crece nada sobre el toconal sumergido. Se diría, ahora que vuelven los tocones a formar parte del paisaje después de tantos años de vivir en la más absoluta oscuridad del fondo del embalse, que han estado inmersos todo este tiempo no en el agua sino en lejía, pues no conservan ni siquiera el color de su corteza, sólo sus arrugas y el corte perfecto, horizontal y un poco al bies, que les hicieron cuando los cortaron a matarrasa para construir el embalse. Las raíces, es lo que da más pena, pues si en tierra el tocón queda al menos con una cierta dignidad al seguir enraizado a su tierra, en el agua se desentierra completamente, por lo que ahora se ven los tocones torcidos como barcos varados cuando baja la marea, sin agua y sobre el limo, con las raíces agarrándose a esa nada que es para una raíz el aire. A mí siempre se me fue la vista y casi el alma hacia ese lugar, porque aparece de pronto el embalse de Cecebre tras una curva de la autopista muy cerrada, y aunque lo he visto mil veces, cada día me parece distinto y, según la hora, está orlado de brumas o está la luz del sol volviéndose plateada sobre el agua, o la lluvia le arranca ondas como las hojas, que tenían esos bosques, al aire. Ahora me doy cuenta de que quizá justo allí estaba El bosque animado la fraga de Wenceslao Fernández Flórez, cuyo ultílogo me gusta tanto, porque un ultílogo, a diferencia del epílogo, no es un final, sino el compendio de lo que se ha querido decir. Y en ese bosque varado que ahora se nos aparece y que no habíamos visto jamás aunque al pasar hubiéramos pensado siempre en él, resuena la voz de Fernández Florez diciéndonos que la vida la ordena el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito S Mónica FernándezAceytuno Vista de la tienda de artesanías, alojada en una antigua dependencia de la catedral lisboeta ABC Artesanos TEXTO: BELÉN RODRIGO CORRESPONSAL EN LISBOA Portugal se pone al día El buen paño es mejor salir a venderlo, así que los artesanos portugueses han encontrado en un local del siglo XII, en Lisboa, su mejor embajada. Destacan los Pañuelos de los Enamorados pero no es lo único... L levan más de diez años promoviendo ocho siglos de historia de la artesanía portuguesa. Primero en un local en Almada (al oro lado del río Tajo) y ahora en pleno centro lisboeta. La tienda A Arte da Terra es una verdadera muestra de toda la tradición artesanal lusa, a través de la cual es posible hacer un largo viaje por las tradiciones y costumbres de las diferentes regiones del país vecino. Instalada en un edificio de finales del siglo XII, frente de la Catedral (de la que fue caballeriza) este espacio cultural se ha convertido en un punto de referencia para todos los turistas que llegan a Lisboa y quieren conocer el trabajo de los grandes escultores y artesanos portugueses. Pero no se trata únicamente de ver recuperadas formas del pasado: también hay sitio para el talento de los nuevos diseñadores. Entre los artículos más originales que podemos encontrar están los Pañuelos de los Enamorados (Lenços dos namorados) con orígenes en los siglos XVII y XVIII. Bordados a punto de cruz por las jóvenes en edad de casarse, se regalaban a los pretendientes quienes, según los usaban o no en sociedad, daban a entender si aceptaban o no el noviazgo. En los pañuelos se podían leer poemas de amor como este: En este pañuelo pongo tristes lágrimas que lloro por no poder suspirar en brazos de quien adoro Castelo Branco, Viana de Castelo y Felgueiras son algunas de las localidades portuguesas en las que destacan los bordados manuales que se venden en este local. Hay espacio igualmente para las piezas figurativas, ya sean realizadas en hierro, madera, arcilla, corcho e incluso papel, y las Hierro, arcilla, corcho piezas más decorativas, entre las que destacan las de la artesanía alentejana, modelada en una rueda manual y pintada pieza a pieza. Los niños encuentran en este lugar su propio espacio, a través de todo un universo de historias y muñecos de colores. Y para aquellos que aprecien los dulces, en el establecimiento también se comercializan algunos de los productos más típicos de Portugal, entre ellos, las mermeladas, pastas, té y bebidas regionales. Cada año A Arte... organiza entre tres y cuatro exposiciones temáticas que suscitan la curiosidad de muchos portugueses, extranjeros y personalidades del mundo de la cultura. A Arte da Terra Rua de Augusto Rosa, n 40 1100- 059 Lisboa- Portugal Telef 00 351 12745975 arte net. sapo. pt www. aartedaterra. pt