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ABC SÁBADO 24 s 11 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Mira Milosevic Escritora ELECCIONES GENERALES EN CROACIA M AÑANA, 25 de noviembre, se celebrarán elecciones generales en Croacia, las sextas desde que la república se independizara de la antigua Yugoslavia. Ciento sesenta diputados saldrán elegidos entre 3.585 candidatos al Hrvastski Sabor (Parlamento Croata) De estos 160 diputados, que serán votados en 12 circunscripciones, entre 12 y 14 serán elegidos por la diáspora (los emigrantes en América Latina y EE. UU. pero también los de Serbia y Bosnia- Herzegovina) y 8, en el distrito electoral de la minoría serbia. El resto, 140 diputados, se elegirán en las diez circunscripciones de los croatas residentes en el país. Teniendo en cuenta que más del 70 por ciento de los 3.585 candidatos son varones, resulta obvio que la pulsión de igualdad de género que arrasa en la Europa Occidental no afecta todavía a Croacia. En los Balcanes, la política todavía es cosa de hombres. La extraordinaria ventaja de la coalición entre SDP y HDZ sería la gran oportunidad de superar definitivamente la hipoteca del pasado y mirar hacia el futuro. La escena política croata está profundamente marcada por una rivalidad ideológica cuyas raíces se encuentran en la Segunda Guerra Mundial mar un gobierno de coalición, bien repitiendo la fórmula con su actual socio, el HSLS (Partido Social Liberal Croata) o buscando un acuerdo con el HSP, el Partido de los Campesinos. La victoria del SDP supondría más incógnitas. Aunque Croacia también entraría con ellos en la UE y la OTAN, no está tan claro en qué socios de gobierno podría apoyarse. Entre los posibles destacan el HNS (Partido Popular Croata) y el HSU (Partido de los Pensionistas) Otra alternativa para ambos sería la coalición con los diputados de la minoría serbia. Todos estos posibles socios de coalición de ambos partidos mayoritarios tienen demasiadas exigencias que rozan el chantaje, teniendo en cuenta que sólo pueden obtener como máximo 6 escaños. Su posición de fuerza a la hora de negociar viene de su condición de partidos bisagra, necesarios para la formación de cualquier Gobierno. i se llega a un empate entre el HDZ y el SDP, como lo reflejan las encuestas más dignas de crédito, habría cierto riesgo de manipulación de los resultados a la hora de proclamar un vencedor, pero también se crearían las condiciones para que de estos comicios surgiera una sorpresa: una gran coalición rojo- negra (HDZ- SDP) lo que sería quizá la solución más acertada, pero no exenta de peligro para un país que aún está en proceso de consolidación democrática. Con todo, es poco probable. Aunque los líderes podrían llegar a un acuerdo, los votantes de ambos partidos están en contra de esta unión antinatural por considerar que con ello perderían su razón de ser, toda vez que sus identidades respectivas se nutren recíprocamente de la continua confrontación. S unque en Croacia están registrados 101 partidos, desde el 3 de noviembre, comienzo de la campaña electoral, la batalla fundamental se desarrolla entre los dos partidos principales: el Partido Demócrata Croata, de centro derecha (sus siglas en croata son HDZ) y el Partido Social Demócrata (SDP) dirigido por antiguos comunistas. El HDZ que encabezó Franjo Tudjman fue el partido que logró realizar el sueño ancestral de los croatas- -la creación del Estado independiente- el que metió a Croacia en las guerras de la Yugoslavia de los años noventa, y que, tras perder y recuperar el poder, controla actualmente el Gobierno del primer ministro, Ivo Sanader. El SDP, después de la muerte de su indiscutible líder, Ivica Racan, consiguió presentar un candidato sólido, Zoran Milanovic, pero no está claro que éste pueda derrotar a Sanader. De hecho, hasta ahora, en las anteriores elecciones democráticas, el resultado siempre ha sido previsible. Sin embargo, no parece ser el caso esta vez. res semanas antes de las elecciones, todas las encuestas dan por resultado un empate entre los dos grandes partidos- -el mismo porcentaje de votos, un 30,3 por ciento cada uno- aunque al SDP le corresponderían 58 escaños y al HDZ, 53. Si bien los principa- A T les líderes políticos impulsan una campaña electoral alarmista, presentando los comicios como una cuestión de supervivencia nacional, lo cierto es que la situación no es tan dramática y que este discurso sirve principalmente para movilizar a electores aburridos. En realidad, lo que se refiere al futuro de Croacia y a sus objetivos principales- -la entrada en la OTAN y en la Unión Europa- -es independiente de cuál de los dos grandes partidos nacionales sea el ganador. Los políticos del HDZ ofrecen una imagen más internacional de gestores capaces de ponerse al paso de Europa; los de SDP venden la de honestidad histórica, lo que no se ajusta del todo a la verdad si se recuerdan los numerosos casos de corrupción en las privatizaciones que se llevaron a cabo bajo su mandato (1999- 2003) Gane quien ga- ne, tendrá que cumplir con los requisitos impuestos por la UE: realizar una reforma del sistema judicial y frenar la corrupción, la gran plaga de todos los países balcánicos. De hecho, suele decirse que en los Balcanes se ha conseguido que los políticos puedan ser juzgados por crímenes de guerra, pero no todavía por enriquecimiento ilícito. l resultado electoral puede desembocar en tres escenarios políticos posibles, aunque sólo uno de ellos sería realmente sorprendente. Si gana el HDZ, seguirá en el Gobierno y sumará a su ejecutoria el mérito de ser el partido que, además de la independencia de Croacia, consiguió su ingreso en la OTAN y en la UE. El peligro de la victoria del HDZ estriba en un desmesurado triunfalismo, aunque no le libraría de for- L E a extraordinaria ventaja de la coalición entre SDP y HDZ sería la gran oportunidad de superar definitivamente la hipoteca del pasado y mirar hacia el futuro. La escena política croata está profundamente marcada por una rivalidad ideológica cuyas raíces se encuentran en la Segunda Guerra Mundial. El conflicto entre partisanos y ustachas sigue aún sin cerrarse, porque los líderes de los dos partidos principales se acusan mutuamente de ser herederos de sus antepasados políticos, y porque cada uno de ellos, a falta de un verdadero programa electoral, recurre a la memoria histórica. Pero, sea cual sea el resultado de las elecciones generales, Croacia no va a cambiar su rumbo e intentará alcanzar su objetivo prioritario: salir de los Balcanes en dirección a Europa.