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ABC VIERNES 23- -11- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 Víctor Ullate Coreógrafo y profesor HACER BAILAR i larga relación personal y profesional con este genio de la danza, al que tanto he querido y respetado, comenzó siendo yo un joven bailarín. Durante un descanso de un ensayo con la compañía de Antonio Ruiz, decidí ir a verle al teatro de la Zarzuela, donde actuaba el Ballet del Siglo XX. Allí me encontré con un hombre muy especial, con una mirada azul de esas que llegan hasta el alma y que parecen conocerte y analizarte al instante de verte. Decidí que aquél era el momento de que me viera bailar, y así se lo pedí. La mezcla de osadía y frescura que demostré aquel día llamó su atención, porque a los pocos minutos subió a verme a la sala de baile, donde comencé a realizar pasos, como si el espíritu de todos los grandes se hubiera apoderado de mí. De repente me interrumpió y dijo: para, para... no te canses y me hizo bajar al escenario. Cuando terminé, los bailarines me sorprendieron con una gran ovación (ante mi sorpresa) Maurice Béjart ha sido no sólo el hombre que me enseñó a valorar ese matiz invisible que hace visible la calidad y profundidad de todo lo que abor- LA MAGIA DE M Béjart saluda al público, envuelto en pétalos de rosa, durante una gala celebrada en 1996 en su septuagésimo cumpleaños rrido espiritual como una gran continuidad Mantuvo una constante relación con España. No sólo era un ferviente admirador de nuestra cultura, sino que vertió su sabiduría sobre varios artistas españoles. Víctor Ullate y la que entonces era su mujer, Carmen Roche, formaron parte de su compañía y mantuvieron siempre- -ayer no podían ocultar su dolor al recibir la noticia- -un absoluto fervor por el creador y por la persona. Ullate, incluso, le dedicó una velada de su compañía a la obra de su maestro. Pero no han sido los únicos artistas españoles que han pasado por las aulas y los estudios de Béjart: también Nacho Duato estudió REUTERS da, sino que ha sido además mi ejemplo a seguir a la hora de dirigir, enseñar o coreografiar. Fue un hombre con un gran sentido del humor y en ocasiones, también, un hombre cruel con los que profesionalmente, por algún motivo (casi siempre justificable) no respetaba. Es complicado en cualquier compañía de danza satisfacer a todos los bailarines, ya que generalmente es difícil reconocer tanto las propias limitaciones como las virtudes ajenas. Sin embargo, Béjart poseía la magia de hacer bailar a todos y de elegir al elemento que quería resaltar en cada creación. Lograba sacar lo mejor de cada uno gracias a su sensibilidad. Para él, cada movimiento tenía que expresar algo, todo tenía su razón de ser. Con él se ha ido el gran genio de la danza del siglo XX, que popularizó la danza, que llenó palacios de deportes creando adicción a la danza y quien consiguió que el bailarín masculino adquiriera una nueva dimensión, rompiendo tradiciones que elevaban a la mujer al papel protagonista, haciéndose innovador y especialista en crear coreografías que destacaban al hombre tanto o más que a la mujer. Con su pérdida siento una gran soledad profesional, pues la concepción de la danza que transmitió a los que fuimos sus alumnos, aunque no fuera ni admirada ni compartida por todos, a mí personalmente me sirvió mucho, pues fue la que hizo que hoy sea yo mismo. Fue mi maestro, mi padre, mi hermano, mi amigo y alguien al que ahora me cuesta decir adiós. Sin duda ha dejado un gran vacío en mi vida. y trabajó junto a él; Aída Gómez cuenta con orgullo los días que pasó impartiendo un curso de danza española en la escuela Rudra. Y actualmente, en las filas del Béjart Ballet Lausana figura la barcelonesa Elisabet Ros, y también han estado en sus filas recientemente Rut Miró y Víctor Jiménez, que nacieron y crecieron para En el principio fue la Sinfonía de un hombre solo Maurice Béjart era un creador prolífico; su herencia comprende cerca de ciento cincuenta coreografías, a las que hay que añadir su trabajo como director escénico en óperas y teatro de texto. Sinfonía de un hombre solo fue su primera coreografía y sobre ella volvió hace apenas siete años. Al volver a montarla la he dejado tal y como la creé- -dijo entonces a ABC- quitándole toda la basura que le había puesto. Las cosas es mejor dejarlas tal cual A Sinfonía de un hombre solo creada sobre música de Pierre Henry y Pierre Schae- J. B. ffer, han seguido obras maestras, de colores muy distintos, sobre temas absolutamente diversos, pero siempre con ese afán comunicativo, con esa sensibilidad especial que tenía para contar sus ballets Orfeo (1958) La consagración de la primavera (1959) Bolero (1960) -una de las piezas más cautivadoras de su repertorio- La Novena Sinfonía de Beethoven (1964) Misa por los tiempos presentes (1967) El pájaro de fuego (1970) Nijinsky, clown de Dios (1971) Son algunas de las obras que le consagraron y que abrieron nuevas puertas a la danza contemporánea. Pero Béjart siguió creando casi hasta el final de sus días. El público español lo pudo comprobar hace unos meses en ciudades como Madrid o Granada, donde actuó su compañía. la danza junto a Víctor Ullate. Hace unos meses, el ministerio de Cultura español le concedió la medalla de Oro de las Bellas Artes. Ha sido, junto a Bernardo Bertolucci, el único artista extranjero que ha recibido esta distinción. El ministro de Cultura, César Antonio Molina, lamentaba ayer que Béjart no pueda estar en Toledo, donde próximamente se celebrará el acto de entrega de dichas medallas. Antes, ya había recibido numerosos galardones; entre ellos figuran el Gran Premio de la Música de Francia, su nombramiento como Gran Oficial de la Orden de la Corona de Bélgica; el Premium Imperiale, considerado como el Nobel de los artistas, que le fue concedido en 1993 por el Emperador japonés Aki Hito. Era también miembro de la Academia francesa. La danza ha perdido a uno de sus más destacados innovadores, al hombre que, como él mismo dijo, sacó la danza de los teatros y la llevó a los gran- des espacios: los polideportivos, las plazas. Maurice Béjart siempre miraba hacia adelante, pero nunca renunció a sus orígenes ni renegó de sus ancestros. No le hizo falta despreciar la danza clásica para brillar como creador. En su última visita a Madrid, hace algo más de seis años, dijo que no entendía la diferencia entre clásico y contemopráneo. En mi escuela- -dijo- -se trabajan dos técnicas, la clásica y la de Martha Graham. Con ellas el cuerpo puede hacer lo que quiere. Y luego ya todo depende de la inspiración del creador. En la música no existe esa separación. Yo no encuentro diferencia entre Mozart y Stockhausen, y no entiendo por qué en la danza sí; si el bailarín tiene técnicas diversas mejor. A mi escuela vienen también maestros de danzas hindúes, de flamenco, de danzas africanas... Separarlo va en contra de la historia Más información sobre el artista: http: www. bejart. ch