Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
64 MADRID VIERNES 23 s 11 s 2007 ABC AL DÍA Ignacio Ruiz Quintano Fiesta pop con Josh Rouse Continúa el otoño caliente en la escena musical. Los fans del cantante de Nebraska, en plena gira mundial, paladearon ayer los temas de su nuevo disco POR IGNACIO SERRANO FOTO FRANCISCO SECO MADRID. El todavía sorprendente, aunque ya afianzado, cambio de prioridades de la sala Joy Eslava, ha contribuido definitivamente a la transfiguración del panorama musical de la capital. Ayer, como viene haciendo en los últimos años, volvió a dar un puñetazo en la mesa para reclamar su condición de local indispensable en el ocio madrileño acogiendo el concierto del artista norteamericano Josh Rouse. Sin demasiada ayuda de los grandes medios de comunicación, el de Nebraska ha conseguido hacerse con una buena legión de seguidores en Europa, especialmente en Inglaterra y España, donde hace tiempo decidió establecer su segunda residencia (en Altea concretamente) y donde ha compuesto buena parte de su nuevo repertorio. Como si recibieran a un vecino que ha estado en el extranjero, sus fans madrileños se esmeraron ayer en darle un buen recibimiento tras su gira americana. Rouse se apaña muy bien para plasmar con cierta elegancia un pop a veces de anuncio publicitario que tontea con esa frontera de la trivialidad que separa la imagen de carpeta adolescente del respetado artista indie. Con el concierto de ayer probó que su música puede tomar rumbos mucho más consistentes de lo que demuestran sus hits de MTV Con la compañía de un violonchelo, una voz femenina y un baterista, el telonero Aaron Thomas dio los primeros compases con algunos de sus últimos temas, entre los que destacaron Damage done y We don t care que hizo retumbar el local con su poderosa sección rítmica. Durante el intermedio, excesivamente alargado, muchos aprovecharon para conocer gente nueva entre la gran cantidad de gente extranjera que eligió este concierto para pasar una de sus noches en la capital. He venido para estar diez días decía Phillip, que ya en su Manchester natal se percató de que su viaje tendría un aliciente extra. Lo que no entiendo es por qué no se llena la sa- FOLK Devendra Banhart Lugar: Madrid. Discoteca Joy Eslava. Fecha: 20 de noviembre FUNCIONALISMO a antropología es el deseo de relacionar a los primitivos con los contemporáneos. Al primer antropólogo, sir James G. Frazer, los antropólogos lo miran como a una urraca que recogió muchos datos etnográficos, pero sin contexto. Al segundo antropólogo, Bronislav Malinowski, los antropólogos lo miran como a un manitas que acertó a meter los datos etnográficos en un contexto, dando lugar así a la invención del funcionalismo lo cual, por cierto, no tiene que ver con el funcionariado. En la época de Malinowski, lo mejor que se podía ser era funcionalista, y lo peor, funcionario. Lo cuenta Fernández Flórez, que era, en Hacienda, lo segundo. Le daban treinta duros al mes y se empeñaban en que multiplicase y dividiese. ¡Y con decimales! Un día decidió no volver, y fue cuando dijo, para justificarse, que en los empleados públicos había que considerar dos grupos: uno, muy pequeño, que se dedicaba a escribir en los periódicos sin aparecer nunca por la oficina, y otro, muy numeroso, que iba a la oficina a leer lo que los primeros escribían en los periódicos. Hagámonos, pues, una pregunta francamente antropológica: ¿qué tienen en común los funcionarios primitivos con los funcionarios contemporáneos? Fuera de contexto, al estilo Frazer, todo, pero dentro de contexto, al estilo Malinowski, nada, y aquí quien manda es Malinowski. El Ayuntamiento de Madrid es hoy un Leviatán aterrador del que algún día haremos glosa, pero sus funcionarios, afortunadamente, no escriben en los periódicos. Si acaso, y en sus ratos libres, libros. Ahí están Luis Mateo, con El reino de Celama o Julián de Antonio, con Sara y la orgía urbanística del kilómetro cero un thriller -una emoción por minuto- -sobre las corruptelas al estilo Miau en la vida municipal de la capital, desde las contratas de limpieza de la época de Don Tierno hasta las licencias comerciales de la época de Don Gallardón. La distinción entre écrivain y écrivant que tanto preocupaba a Barthes deberán hacerla los lectores, ya que Barranco, que prologa al señor De Antonio, ni siquiera se ha mojado. Banhart, rey del cajón de sastre I. SERRANO MADRID. Todo medio musical que ha pasado por alto la visita de Devendra Banhart a España lo ha pagado muy caro: ha dejado inmediatamente de ser cool. Así que este concierto era la oportunidad perfecta para comprobar que la prensa no está plagada de cortaypegas, y que realmente el chico es tan bueno en directo como en sus discos. Resultado: Sí que lo es. Mientras muchos aún se empapaban en la cola a las puertas de Joy Eslava, subía al escenario un tipo al que no hace mucho hubieran impedido la entrada a saber de qué maneras. Barba y cabellera larguísimas, ropa poco convencional... Pero no era Devendra, sino su compañero Noah Georgeson, que dio una pequeña introducción de cuatro temas a guitarra acústica y suave percusión. Entonces apareció Banhart, y con ese vibrato tan particular, su voz enseguida comenzó a volverse peligrosamente adorable al son de temas como la hermosa Quédate Luna Una sesión de folk de raíces norte y latinoamericanas marcó un buen equilibrio entre minimalismo y esparcimiento, crecido éste con cada ocurrencia de este tejano criado en Venezuela. Invitó a una chica del público a tocar en el escenario, y a pesar de sus calamitosas cualidades, cosas de la noche, acabó siendo coreada- -al terminar y ver que la habían dejado sola allí arriba, se ganó al público con un sincero y angustiado: ¿Dónde está el Devendra? Después, el requerido seguiría con sus golpes de humor: Antes nos llamábamos Las Mariquitas Barbudas, y también Pedo Gordo. En cada canción nos llamaremos de otra forma, quiero sugerencias dijo en español a un público desternillado. Entonces tocaron los Barbas Lisérgicas los Ratas místicas y hasta Las ardillas cuyas bolas nunca tocan el suelo A partir de ese momento las melodías fueron plantando banderas en todos los territorios que invade esta banda de forma divertidísima, y como en sus discos, sin que nada chirriase. El reggae de The other woman el blues hipnótico e hipnotizado a lo Doors de You baby blue la posterior andanada de píldoras Frisco rock, la samba Vexillographica Devendra Banhart, un auténtico maestro del tres en uno. L Josh Rouse, en su actuación ayer en Joy Eslava la apuntaba visiblemente sorprendido. Poco después debió quedar satisfecho, pues escasos momentos antes de la aparición de Rouse un repentino tropel de personas rellenó las calvas que afeaban la sala. ¡Hola Madrid! fue el saludo de Rousie antes de atacar Saturday Después vendrían God, please let me go back y Giving it up en un tono folkie que buscaba el lado más sedoso de los gustos musicales de la audiencia. Este arranque fue lo más inocuo del recital, pues poco después Rouse, en perfecto español, preguntaría al público: ¿Queréis bailar? Y ya no hubo vuelta atrás. La gente ovacionó el comienzo de Hollywood bass player y desde ahí todo fue rodado. Pilgrim y su entrañable teclado al estilo farfisa un toque jazzero por allí y otro funk por allá y la discotequera Come back -con alguna subida de tiempo se convertiría en un auténtico rompepistas- -pusieron el necesario punto sudoroso de la noche. La relativa calma de Sweetie con su feliz estribillo en plan la- la- la acompañado por una guitarra slide, no fue más que un espejismo, pues la adrenalina se disparó de nuevo con Love vibration que se convirtió en el primer tema con un coro del público en condiciones. ¡Cómo se lo montó el cuarteto al final de esta pieza... Con un logradísimo subidón de la intensidad instrumental, logró una conexión con la audiencia que ya no decayó hasta la despedida con It looks like love punto final a una actuación que sin duda dará que hablar. Rous demostró que su música puede tomar rumbos mucho más consistentes de lo que indican sus hits de MTV Logró una conexión con la audiencia que no decayó hasta el final, en una actuación que dará que hablar