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90 CULTURAyESPECTÁCULOS Fernando Fernán- Gómez, la vida por delante JUEVES 22 s 11 s 2007 ABC HIPERREALISMO La versatilidad se paga en este país. Fernán- Gómez era, además de actor y cineasta eminente, un novelista sobresaliente, a pesar de que muchos no se quisieron enterar del perfil literario del gran escritor dro y autor iconos del nuevo realismo norteamericano. Se trató de una decisión afortunada porque enlazaba con el corazón de la poética del autor: su admirable hiperrrealismo, sustentado en un estilo terso, duro, vigoroso, que se adecua con maestría a la realidad, muchas veces muy dura, que se presenta: ¡esas sesiones ritualizadas de castigo a latigazos de la mujer infiel por el marido anarquista! La primera parte de la obra, que abarca desde 1909 a 1921, es modélica al respecto. En la segunda, que discurre entre 1923 y 1945, la novela decae y gravitan en exceso sobre el autor el costumbrismo y la inercia galdosiana. Y eso puede incomodar la recta percepción de un texto parcial pero magistralmente hiperrealista, uno de los pocos discursos hiperrealistas de la reciente novela española. PURO TEATRO En Las bicicletas son para el verano se concentran muchos aspectos de la poliédrica personalidad de ese hombre orquesta de la cultura española tante tiempo se había ido retirando del teatro porque se aburría, como espectador y como cómico, algo del teatro iba siempre con él. Se nota en sus mejores películas, singularmente en El viaje a ninguna parte ese canto añorante y ácido a los cómicos de la legua en el que el personaje que él encarnaba, representante de una vieja jerarquía de actores, se desesperaba porque el cine no entendía su interpretación teatral; en ese señoritooo histriónicamente alargado latía toda una declaración de amor y desencanto por su viejo oficio. Muy jovencito, el Panocha como le apelaban algunos amigos y gentes del oficio por el color pelirrojo de su pelo, se metió en jardines jardielescos, saltó a la pantalla a la vez que crecía en los escenarios, formó compañía propia y paseó por la vida del bracete de despampanantes señoras con las que compartió escenario y más cosas. La memoria personal me lo acerca en los años 70 convertido en rocoso y honrado enemigo del pueblo, un vibrante doctor Stockman de una pieza, protagonista de un impecable y actualísimo montaje ibseniano; o dirigiéndose a los hombres del futuro en un cóctel brechtiano, junto a la entonces casi recién eurovisionizada Massiel; comprometidos ambos en tiempos en los que el compromiso significaba algo serio y era, además, arriesgado. Pareja para la eternidad La coartada Los domingos, bacanal Ojos de bosque Del rey Ordás y su infamia El pícaro, aventuras y desventuras de Lucas Maraña y Los invasores del palacio entre otras, conforman su producción como autor teatral, faceta en la que con Las bicicletas son para el verano -galardonada con el premio Lope de Vega en 1977- -logró uno de los éxitos históricos de nuestro teatro. En el texto de esta obra emocionante por tantas cosas se concentran muchos aspectos de la poliédrica personalidad de ese hombre orquesta de la cultura española: su visión amarga de la historia empañada por su confianza en el ser humano, o en algunos seres humanos al menos; su nostalgia crítica, su talante y su talento. Probablemente, Fernán- Gómez sea recordado por el gran público como actor y cineasta, pero era también puro teatro. Miguel García- Posada Crítico Juan Ignacio García Garzón Crítico ernando Fernán- Gómez fue persona de extraordinaria versatilidad. Eso se paga en este país, donde no es conciliable la condición de actor eminente- -el mejor de los últimos cincuenta años, su Pedro Crespo de El alcalde de Zalamea no lo olvidaremos nunca- -con la de novelista de calidad. En esta hora triste hay que recordarlo, pensando además en esos fautores de enciclopedias de la novela española e historiadores del género que no se han enterado todavía del completo perfil literario del gran escritor. Pero el hecho es que Fernán- Gómez compuso varias novelas, entre ellas dos más que discretas: El viaje a ninguna parte (1985) y La Puerta del Sol (1995) Son dos novelas distintas pero vinculadas por un elemento común: el poder de crear realidad que poseía su autor. El viaje narra la peripecia por pueblos y villorrios de un grupo crepuscular de cómicos de la legua, que se baten en retirada ante el triunfo del cine; La Puerta es una recreación de casi la primera mitad del siglo español, cifrada en una familia anarquista. Lo que más sorprende en las dos fábulas es el poder, verdaderamente galdosiano del autor, para aprehender o recrear trozos de palpitante realidad: ambientes, personajes, circunstancias. Más pueblerina El viaje, narrada por un actor semiloco e impregnada de delicioso sentido del humor; más ambiciosa La puerta. La primera edición de esta novela (Espasa Calpe) traía en su cubierta un cuadro, Hotel Room, de Edward Hooper, cua- F sí se titulaba el libro de textos, recuerdos y sucedidos escénicos que Fernando Fernán- Gómez publicó hace unos años. Y aunque desde hace bas- A El corazón de la poética del autor es su hiperrealismo, sustentado en un estilo terso, duro, vigoroso, que se adecua con maestría a la realidad En los pasillos de la Academia Española, en 2004, junto a un casi centenario Francisco Ayala IGNACIO GIL