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4 OPINIÓN JUEVES 22 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UNA DESACELERACIÓN ANUNCIADA OS datos de Contabilidad Nacional del tercer trimestre confirman lo que ya sabíamos, que la economía española tocó techo en el primer trimestre del año y que desde entonces viene registrándose una desaceleración intensa de la economía nacional que solo se ve atenuada por un mejor comportamiento del sector exterior, difícil de mantener si se mantienen las previsiones de crecimiento a la baja en nuestros principales mercados. La situación no es crítica, pero sí preocupante, y se constata que responde a causas internas sobre las que actuará la coyuntura internacional en los mercados de crédito, cuyos efectos económicos aún no han sido percibidos en toda su magnitud. No hay motivos para la euforia ni la complacencia, sino señales de alerta que no cabe ignorar y a las que hay que dar respuesta con políticas serias y no populistas. El dato más significativo es el consumo privado, cuya variación se modera en nueve décimas respecto al período anterior y cuyo ritmo de crecimiento es el más bajo de toda la legislatura. Solo el repunte del consumo público, el gasto de las administraciones que el propio INE reconoce tiene su origen en el notable aumento de las remuneraciones de los empleados públicos, ha impedido que la caída del consumo haya sido más acentuada. Se ha roto así uno de los pilares del modelo de crecimiento mantenido hasta la fecha, lo que sin sustitutos claros que tomen el relevo, no augura nada nuevo para los próximos trimestres. No lo pueden ser las exportaciones por la pérdida de competitividad de la economía española producto del diferencial de inflación y la apreciación del euro, ni parece que lo vaya a ser la inversión en bienes de equipo, cuya tasa de crecimiento cae también dos puntos, ni por supuesto la construcción, en un proceso de ajuste evidente. Tenemos un problema y hora es de preguntarse si las políticas aplicadas han sido correctas para sostener el crecimiento. No se trata tanto de lamentar la ausencia de reformas estructurales que impulsasen el crecimiento en esta legislatura, demasiado tarde ya para ello, sino de cuestionarse si el gobierno tiene el diagnóstico correcto y las políticas adecuadas. Sobre lo primero, el ejecutivo sigue anclado en una euforia injustificada. Sobre lo segundo, los presupuestos son su expresión máxima y como es bien sabido, han respondido más a componendas políticas que a las necesidades de la economía en una fase de cambio de ciclo. Garantizar el crecimiento futuro ha de ser la prioridad de la política económica en esta coyuntura. La campaña electoral ha de basarse en las preocupaciones de los ciudadanos y parece claro, tras los datos del Instituto Nacional de Estadística, que la amenaza de que el ciclo expansivo de la economía española esté llegando a su fin es la primera de ellas. L VICTORIA DE LA CIENCIA Y DE LA ÉTICA OS equipos de investigadores- -uno en Japón y otro en Estados Unidos- -han hecho públicos los resultados de una nueva técnica experimental que puede invertir los términos actuales del debate político, ético y científico sobre la medicina regenerativa. El avance ha sido calificado como histórico porque permite retrotraer células adultas a su estado embrionario, de manera que actúan con la potencia regenerativa propia de esta fase del ser humano. Las conclusiones de ambos equipos científicos abren un campo de experimentación nuevo para una materia sometida a fuertes e inconclusos debates de carácter ético. Ahora bien, este avance científico en la manipulación genética de células adultas no debe alentar expectativas más allá de lo que realmente se ha conseguido, pues sería precipitado afirmar que ya es posible aplicar clínicamente la nueva técnica a concretas patologías y enfermos. Sin embargo, el valor de este nuevo hito de la ciencia médica es determinante para cambiar ciertos planteamientos que estaban asentados sobre las limitaciones de la propia técnica investigadora, por un lado, y, por otro, sobre los condicionamientos de una especie de progresismo científico que descartaba cualquier límite ético a la utilización de embriones para la obtención de células madre. Es evidente que ese debate ético ha sido útil y ha dado sus frutos, porque si no hubieran existido gobiernos y científicos opuestos a financiar investigaciones que implican la destrucción de embriones, es probable que no se hubieran planteado las experimentaciones que ahora permiten potenciar la capacidad regenerativa de las células adultas. Queda, por tanto, desmentida la incompatibilidad entre la afirmación de límites éticos a la actividad científica y el avance de las técnicas investigadoras por cauces moralmente inocuos. La promesa de curaciones masivas de enfermedades cada vez más generalizadas y penosas- -como el alzheimer- -allanó el camino a los defensores de la investigación con D embriones y redujo a la marginación a quienes oponían legítimamente, y con todas las bases científicas posibles a su favor, que el embrión es humano y no un amasijo celular sin valor digno de apreciación política o jurídica. El giro radical que implican estos estudios, junto a las investigaciones y los ensayos clínicos ya en marcha con células madre adultas, confirma lo que muchos científicos ya habían advertido acerca de la eficacia de estas células frente a las embrionarias- -en la medida en que aquellas presentan menos riesgo de desarrollos tumorales en los pacientes- -y en la conveniencia de financiar las propuestas de investigación que ahora se han demostrado exitosas. Por eso, los científicos japones y estadounidenses han aportado mucho más que un avance técnico en la biomedicina. Han cambiado las condiciones de un debate ético y político distintivo de las últimas décadas, lo que deberá tener sus consecuencias directas tanto en futuros cambios de la normativa reguladora de la investigación con embriones y de la clonación terapéutica, como en la política de subvenciones, que ha beneficiado no sólo a científicos de calidad sino también a oportunistas sin prestigio, que, a falta de méritos propios, se hacían pasar por víctimas de la intransigencia moralista y religiosa. No se trata, en definitiva, de un debate religioso, aunque nada ilegítimo- -todo lo contrario- -habría en defender también el valor trascendente del ser humano en su fase embrionaria, como un elemento, fundamental para muchos, del planteamiento ético que debe estar presente en la biomedicina. Precisamente, si se ha producido este avance, que ahora es celebrado unánimemente, es porque ha habido científicos que buscaron alternativas a unas técnicas muy costosas éticamente y dudosamente eficaces para alcanzar los objetivos propuestas. Ahora empieza la responsabilidad de los políticos y de las opiniones públicas para extraer las consecuencias oportunas sobre un debate hasta ahora mal enfocado. TELEVISIÓN Y VIOLENCIA DE GÉNERO A decisiva influencia de los medios de comunicación en la sociedad actual tiene como contrapartida una fuerte exigencia de responsabilidad. La televisión marca pautas de comportamiento y determina la forma de pensar y actuar de mucha gente. Los programas basados en la vida privada, ya sea de los famosos o de la gente corriente, discurren con frecuencia al borde de los límites admisibles en el terreno jurídico y moral. Los problemas de pareja y las disputas familiares pertenecen al ámbito íntimo de las personas y no deberían salir a la luz pública como medios de diversión para curiosos o entrometidos. La situación es mucho más grave cuando está en juego el problema de la violencia doméstica, que alcanza en nuestro país cifras intolerables, por mucho que se aprueben leyes, se creen juzgados y observatorios o se realicen campañas publicitarias. De ahí que sea una grave irresponsabilidad sorprender sin aviso previo a una mujer maltratada que se encuentra en un programa de televisión con su maltratador y recibe ante los espectadores una oferta de matrimonio en términos humillantes para la dignidad más elemental. No cabe tratar con frivolidad los sentimientos ni jugar con emociones que escapan muchas veces del control de sus protagonistas. Ante determinadas situaciones, hay que aplicar un código ético puesto que la vida, la dignidad y la libertad de las personas están L por encima del éxito de un programa o de los beneficios económicos. Esta es la gran lección que la sociedad española y los medios de comunicación deben extraer del dramático suceso de Alicante. Cuatro días antes de ser asesinada en el portal de su vivienda, la joven Svetlana acudió a un plató de televisión para dejar claro que no volvería con su antiguo novio, al que hace unos meses acusó de malos tratos y luego perdonó. La escena lamentable del hombre arrodillado ofreciendo un anillo de compromiso generó sin duda una reacción violenta en un individuo cuyo perfil apunta al clásico maltratador que considera a la víctima como un objeto de su propiedad. Para colmo de males, el futuro asesino se paseaba por los estudios mientras la Justicia era incapaz de localizarle para entregar una orden de alejamiento. Esta cadena de despropósitos culminó con una nueva víctima mortal de la violencia de género, que eleva el número a 69 en un año especialmente dramático. La tragedia de Alicante debe servir de punto de partida para una seria reflexión por parte de los responsables de ciertos contenidos televisivos, porque la brutalidad y el exhibicionismo de determinados sujetos se potencian hasta el límite del crimen cuando están por medio un micrófono y una cámara. Los muchos problemas que plantea una lucha eficaz contra este tipo de violencia se ven incrementados si se ofrece una publicidad gratuita a los actuales maltratadores.