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ABC MARTES 20 s 11 s 2007 En la muerte de Soledad Ortega s Heredera del filósofo CULTURAyESPECTÁCULOS 83 Vida y obra ejemplares Soledad Ortega Spottorno, presidenta de la Fundación Ortega y Gasset, nació el 2 de marzo de 1914. En 1937 acompañó a su padre al exilio, y dictó un curso de Lengua y Literatura española en Gran Bretaña. Tras pasar una época en Buenos Aires, regresa a España a finales de 1940. A su vuelta crea, con Julián Marias y otros compañeros de carrera, una Academia para exámen de Estado (la reválida del Bachillerato) en la que entre 1940 y 1942 ejerció como profesora, y que se llamó Aula Nueva Ha publicado numerosos artículos y obras, como Cartas a Galdós (1964) una recopilación del epistolario galdosiano, e Imágenes de una vida (1983) Ha traducido, entre otras obras, La Gran Guerra de Marc Ferro, y la Historia de la Rusia soviética de sir Raymond Carr. Soledad Ortega, frente a una fotografía de su padre, José Ortega y Gasset ABC Una mujer del siglo XX Soledad Ortega Spottorno, fundadora y presidenta de Honor de la Fundación José Ortega y Gasset dedicada a la memoria de su padre, ha fallecido a los 93 años. Nos lega la dignidad democrática y el espíritu liberal de su padre POR FERNANDO R. LAFUENTE Para Francisco Ayala, la gran revolución, permanente, del siglo XX fue, ha sido, la revolución de las mujeres. La única que ha salido bien. En un siglo de asesinos e iluminados. La incorporación de las mujeres a la vida profesional, política, económica, intelectual es un hecho gozosamente irreversible. Si en España vale un modelo, y un ejemplo, de lo que advierte Ayala, sin duda, ese nombre es el de Soledad Ortega Spottorno (Madrid 1914- 2007) única mujer de los tres hijos de José Ortega y Gasset y Rosa Spottorno, Miguel y José. Como la de tantos españoles, la vida de Soledad Ortega estuvo marcada por el terrible acontecimiento de la Guerra Civil española- -una guerra de canallas, hunos y hotros (Unamuno) -que como desastre histórico y personal así se vivió. Y así lo declaraba en las páginas de ABC, el 16 de septiembre de 1993 a Clara Isabel de Bustos, poco antes de recibir de Su Majestad el Rey la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio: Toda catástrofe histórica deja marcada poderosamente la existencia de quienes la viven. La Guerra Civil amputó la trayectoria de mi vida profesional Pero la historia, y no digamos la memoria, no pudieron con Soledad Ortega. Sobrevivió al desastre, primero, al lado del lacerante exilio de su padre: París, Buenos Aires, Lisboa; la Segunda Guerra Mundial y después, en el Madrid de la resistencia antifranquista, de la recuperación y de la dignidad democrática, y más tarde con la participación en los emocionantes momentos de la Transición española, a través de su dirección de la Revista de Occidente (a partir de la IV Época de la Revista en 1980 hasta ayer mismo) la creación de la Fundación José Ortega y Gasset y del actual Instituto Universitario de Investigación, el Centro de Estudios Internancionales de Toledo, el cuidado y esmero del Archivo y la Biblioteca del filósofo español, base sobre la cual ha sido posible la actual edición, la definitiva, de las Obras Completas (Taurus) limpias y exhaustivas. Soledad a todo se sobrepuso. Fiel al ideario aprendido en sus luminosos años de aprendizaje, aquellos años de la Edad de Plata de la cultura española, años de esperanzas, aperturas, sueños, anhelos y voluntades. Años de viajes y descubrimientos. Los años de García Morente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, de las conferencias en la Residencia de Estudiantes, del inolvidable crucero académico por el Mediterráneo. Como señaló Emilio García Gómez en una Tercera de ABC dedicada a Soledad, ha hecho lo que tenía que hacer No era poco. Julián Marías, compañero de Facultad, Julio Caro Baroja, Victoria Ocampo, son algunos de los nombres que acompañaron su aventura intelectual, su infatigable voluntad de dar con un estilo decididamente innovador, regeneracionista. Porque la vida es un estilo y se juega en los detalles, en las formas; sobre todo, cuando el sentido de lo que importa ha cobrado un destino sin regreso. A mi espalda sentía el acicate de mi padre recordó la memorable tarde en los jardines de la Fundación cuando recibió la citada Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Menudo acicate, menuda presencia, menuda estela. Menudo legado. Dedicó todo su quehacer intelectual a la obra de su padre, a su memoria, y lo hizo hasta ayer mismo. Culta, discreta, dura negociadora, firme en sus objetivos, empren- Dedicó todo su quehacer intelectual a la obra de su padre, a su memoria, y lo hizo hasta ayer mismo En todas sus obras se percibe la sabia inteligencia de una mujer delicada dedora, valiente y elegante, con una cierta ironía cervantina, más británica que ibérica, no dudó, como se suele recordar en ese lenguaje arcano y doblemente castizo que es el taurino, entrar en corto y por derecho a todos aquellos asuntos que comportaban la proyección y cuidado de la obra orteguiana. Más que notable escritora, ahí están sus Cartas a Galdós (1964) Imágenes de una vida (1983) la más completa iconografía editada hasta el momento sobre José Ortega y Gasset, con unos textos cuidados y exquisitos, y la ordenación de las Cartas de un joven español (1991) la correspondencia de su padre enviada desde Alemania en las primeras décadas del siglo XX. Sí, lástima que la Guerra Civil truncara la vida no ya profesional sino la de universitaria y escritora de Soledad Ortega, porque en todas sus obras, las escritas y las otras, se percibe, se vive la sabia inteligencia de una mujer delicada que se enfrenta a la Historia de España y al siglo XX con una nueva sensibilidad, con un arrojo inédito, renovador, ilustrado, contemporáneo que queda hoy intacto en la obra y en la presencia de sus tres hijos: Soledad, José y Consuelo.