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80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MARTES 20- -11- -2007 ABC Una nueva mirada sobre Velázquez Los Reyes han querido sumarse a la celebración del 188 aniversario del Prado. Para festejarlo, el museo vuelve a exponer al pintor que mejor encarna su identidad. Y lo hace con un festín de sus fábulas POR NATIVIDAD PULIDO FOTOS: ERNESTO AGUDO MADRID. Entre Cristo en casa de Marta y María de la National Gallery de Londres, pintado por Velázquez en 1618, que abre la exposición, y Las hilanderas del Museo del Prado, que la cierra, pasaron cuarenta años. Los dos cuadros, advierte el comisario, Javier Portús, tienen mucho en común: Ambas son obras narrativamente muy complejas, miran a la tradición pictórica como homenaje a artistas como Tiziano y Rubens y el motivo principal aparece al fondo en ambos casos De esas cuatro décadas de fecunda creación se muestran 28 obras del maestro, todas centradas en asuntos mitológicos, históricos y religiosos. Cuelga en esta exposición todo Velázquez, si exceptuamos los retratos y paisajes. Velázquez fue, ante todo, un genial retratista. No en vano, de las 130 obras que hay aceptadas por los especialistas como salidas de su mano, un centenar son retratos. El 15 por ciento que no lo son conforman estas Fábulas de Velázquez Distinguidas por los colores delas paredes, lamuestra sedivide en tres periodos. Sobre color ocre cuelga el Velázquez naturalista, que actualiza el mito antiguo. Así, junto a las obras de su etapa sevillana (su Cristo en casa de Marta y María que se encuentra en la National Gallery, se exhibe junto a la versión firmada por Joachim Beuckelaer, en el Prado, además de La cena de Emaús de Dublín) se exhiben algunas pinturas de carácter religioso. Aquí Velázquez se mide con El Greco y Martínez Montañés. El San Juan Bautista del escultor luce junto al retrato que hizo Velázquez del Bau- Las hilanderas recupera su formato original Uno de los atractivos de la exposición es contemplar Las hilanderas tal como creó Velázquez esta obra maestra, que no es como la hemos visto habitualmente. En el siglo XVIII se le añadieron cuatro bandas en sus márgenes (la del superior, de entre 80 y 90 centímetros) que alteró, según Portús, su lectura formal y su contenido. Los añadidos, dice, separaban visualmente el primer plano y el fondo. Ahora, ambos interaccionan y se crean contextos distintos. Tras su restauración, pudo verse como luce ahora en la exposición que el Prado dedicó a Velázquez en el 90. Los responsables del museo son partidarios de que mantenga definitivamente su formato original. Los Reyes, junto a Esperanza Aguirre y César Antonio Molina, ante La fragua de Vulcano Zurbarán. La segunda resulta aún más sobrecogedora: preside la sala el emocionante Cristo crucificado de Velázquez. A un lado, Cristo yacente escultura maestra de Gregorio Fernández; al otro, Cristo y el alma cristiana otro préstamo velazqueño de la National Gallery. Sobre color rojo inglés cuelga el Velázquez más decididamente cortesano. El artista, empapado de las colecciones reales, pudo admirar a Tiziano y a Rubens. Su lenguaje se abre al color. La sala más espectacular delaexposición reúnetres desnudos maestros de la Historia del Arte: una pared que enmudece a cualquiera. Ante tanta belleza sólo queda emocionarse: la Venus del espejo de Velázquez, en su tercera visita a España, se mide con otra Venus, pintada por Tiziano, y con Las tres Gracias de Rubens. ¿Alguien da más? En una sala contigua, en otra soberbia pared cuelgan tres sibilas: dos de Velázquez y una de Guido Reni. En la última sala, el protagonismo es de Las hilanderas A su lado, El rapto de Europa de Rubens. Éste copió a Tiziano en tista, préstamo de Chicago. El color de las paredes se torna verde para acoger al Velázquez clasicista, tras el regreso de su primer viaje a Roma en 1630. En esta sección hay diálogos muy interesantes, Por un lado, Los Borrachos de Velázquez, junto a Joven con cesta de frutas de Caravaggio, un duelo de carnalidad y sensualidad entre dos titanes de la pintura. Por otro, un encuentro emocionante de dos lienzos velazqueños: La túnica de José de El Escorial, y La fragua de Vulcano del Prado. Pintadas ambas obras en su primer viaje a Italia, fueron vendidas al Rey en 1634. Colgaron juntas en el guardarropa del Palacio del Buen Retiro hasta que en 1655 La túnica de José fue enviada a El Escorial para decorar las salas capitulares, que el propio Velázquez se ocupó de reorganizar. Además, destacan dos salas, que más bien podrían ser capillas. La primera, sólo con dos cuadros, enfrenta La tentación de Santo Tomás de Aquino de Velázquez, con la Aparición del apóstol San Pedro a San Pedro Nolasco de Jaime de Marichalar, ayer en el Museo del Prado