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56 MADRID MARTES 20 s 11 s 2007 ABC Pesadilla diaria para conseguir un papel Cientos de inmigrantes sufren diariamente largas esperas en los distintos centros de la capital donde se expiden sus documentos, con largas noches a la intemperie. Los centros apenas se han adaptado a esta nueva demanda POR JOSÉ M. CAMARERO FOTO CHEMA BARROSO MADRID. Las aglomeraciones que se formaban en verano en diversos centros administrativos para obtener papeles continúan. Ahora, los inmigrantes han cogido el testigo, aunque realmente nunca han llegado a desprenderse de esta larga espera y ya saben lo que es sufrir horas de cansancio- -y discusiones- -para, en muchos casos, tener que volver otro día, o directamente encontrarse con las puertas cerradas. El caos que cada mañana se vive en diferentes puntos de Madrid supone no sólo un trastorno para los cientos de inmigrantes que allí se acumulan, sino también para los funcionarios que los atienden, en muchos casos, de manera insuficiente. A las conocidas aglomeraciones que se vienen produciendo en la comisaría de General Pardiñas (donde se tramitan las identificaciones de rumanos y búlgaros) hay que añadir otros tres grandes puntos de la capital donde, desde primera hora de la mañana e incluso de la madrugada, se acumulan cada día centenares de ciudadanos pendientes de agilizar cualquier documento: en el Centro de Extranjeros de Avenida de los Poblados, para obtener tarjetas de identidad o renovar residencia; en el Registro Civil de la calle Montera, para hacer oficial matrimonios y acogimiento familiar; y en la plaza del Campillo del Mundo Nuevo, para tramitar los expedientes de residentes comunitarios. El centro al que más inmigrantes acuden diariamente es el situado en avenida de los Poblados (distrito de Latina) Allí, el Ministerio del Interior ha habilitado una Comisaría de Policía de Distrito, además de una Oficina de Extranjeros, e incluso un Centro de Internamiento de ciudadanos sin papeles Acercarse a este lugar a primera hora de la mañana es prácticamente imposible. Desde la cercana estación de Aluche se vislumbra una hilera de inmigrantes que- -papeles en mano- -se encuentran con la primera sorpresa: una inmensa cola de gente. ¿Y quién da la vez? se preguntan Evelin y María Luisa, una pareja ecuatoriana que llega para que les tomen las huellas dactilares. Tú ponte en la cola y espera a que te digan algo le contestan unos compatriotas. Los agentes de Policía Nacional destinados en el lugar intentan poner orden ante un caos que comienza desde primera hora. A las cinco de la mañana, ya hay gente por aquí, incluso se traen colchones asegura Evelin. Dormir a la intemperie La cárcel, punto caliente Una ojeada al recinto deja ver los rastros que dejan quienes allí osan a dormir en invierno, por el frío, y durante estos días, por la lluvia: algún colchón desperdigado, varias cajas de cartón, restos de comida, varias botellas de refresco. Es comprensible relata M. J. un agente de Policía Nacional. Muchas veces se quedan a las puertas, después de cinco horas esperando, así es que prefieren hacer noche y asegurarse que van a conseguir hacer sus trámites explica. El problema es que, ante la llegada masiva de inmigrantes, las dependencias apenas se han adaptado a la nueva demanda. Aquí trabajamos los mismos desde hace muchos meses asegura C. O. una funcionaria que prefiere no identificarse para evitar represalias. Están viendo que llegan cada día más, y aquí no cambia nada. Llegará un momento en que esto se sature completamente explica esta trabajadora de la Administración. Las quejas, además, vienen por parte de quienes se trasladan en los autobuses que pasan por delante de la antigua cárcel de Carabanchel. Los autobuses 121, 131 y 139 llegan saturados. Coger uno es misión imposible a las ocho de la mañana. Si saben que vienen muchos inmigrantes a la cárcel, pues que pongan más servicios reclama una usuaria an- Cientos de inmigrantes colapsan a diario las oficinas de extranjería en la antigua cárcel de Carabanchel Los problemas continúan en el DNI y en General Pardiñas No hay una mañana que las puertas de la Comisaría de Policía de Santa Engracia o la de General Pardiñas aparezcan repletas de gente. Desde luego, la situación no es como la que se producía durante los meses de verano, aunque no hay un jornada en que no se libre en una pequeña disputa por el sitio que ocupa cada ciudadano. Yo vengo a hacerle el pasaporte a mi hija, que se va ahora a Estados Unidos, y nunca creí que, a estas alturas, hubiera tanto problema comenta Manuel, impresionado por la fila que rodea prácticamente al edificio policial. Aquí convergen quienes se hacen el DNI, quienes desean obtener el pasaporte o los extranjeros que recogen sus permisos de residencia. Situación parecida se vive en General Pardiñas. Ya casi nadie habla de esta comisaría, pero las colas siguen día tras día se lamenta un vecino. Al parecer, la inseguridad es la nota dominante durante las mañanas. Me voy por otras calles, porque aquí muchos aprovechan para el pillaje asegura Valentona, una vecina del barrio de Salamanca que ve cómo decenas de familias del Este se acercan cada día hasta este lugar, sin saber si van a conseguir su objetivo- -conseguir papeles para trabajar- -o no. te la mirada de un conductor de la EMT. A estos trabajadores llegan muchas veces las críticas de los viajeros, porque no realizan todas las paradas. Si el autobús va completo, no paro porque no puedo arriesgarme a tener falta de visión explica Manuel Lavillo, uno de los conductores. Todos juntos, distintos papeles Tampoco es mucho mejor la situación que se vive en el núme- ro 18 de la calle de Montera. Allí se encuentran las oficinas del Registro Civil Central, donde se pueden realizar los trámites de petición y recogida de certificados de nacimiento y matrimonio. El problema en este céntrico punto es que a la demanda de los madrileños se une cada vez más las de inmigrantes que llegan para solicitar sus certificados. Deberían poner dos oficinas, porque aquí hay muchos más inmigrantes que vienen a hacer sus papeles, que españoles explica Manuela Cerro. Los propios inmigrantes reconocen que es un caos porque cada uno va a hacer un trámite diferente, y todos estamos en la misma cola explica Boika, una ciudadana búlgara que acaba de contraer matrimonio con un español. La situación es, en muchas ocasiones peligrosa, por la presencia de prostitutas y todo un entrama-