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4 OPINIÓN MARTES 20 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA TERCERA MUERTE DE BÉLGICA BLÁZQUEZ, MODERACIÓN E INTEGRACIÓN N tiempos de confusión social y crispación política, la voz de la iglesia debe transmitir un mensaje de sosiego y buen sentido a los católicos y al conjunto de la sociedad española. De ahí que merezca el mayor elogio el discurso de monseñor Ricardo Blázquez en la inauguración del XC Plenario de la Conferencia Episcopal española. El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia hizo ayer una llamada a la integración y a la moderación que debería ser objeto de una seria reflexión. España vive, sin duda, momentos difíciles, derivados de la política irresponsable de Rodríguez Zapatero al reabrir cuestiones que estaban bien resueltas desde la Transición. Sin embargo, las respuestas exageradas y el radicalismo de signo contrario no sólo distancian a ciertos sectores de la derecha respecto de la opinión pública más ecuánime y moderada, sino que también sirven de pretexto al sector laicista del PSOE. Por eso, Zapatero recoge buenos réditos de la actitud de quienes ofrecen una imagen hosca y extremista. De ahí que el discurso firme y a la vez sereno de monseñor Blázquez acierte de lleno por estar dirigido a las grandes mayorías sociales. La ley de Memoria Histórica es un grave error del Gobierno, pero la forma de reducir su influencia no es darle más vueltas al rencor y al resentimiento, sino plantear en positivo el reconocimiento de los mártires, como se hizo en la reciente beatificación en Roma. El presidente de los obispos españoles habló ayer de recuperar la memoria histórica sin abrir heridas ni atizar rencores sabiendo pedir perdón y reconocer las propias limitaciones, así como practicar el propósito de enmienda, según destacó con una hermosa cita de Juan Pablo II. La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que E se desarrolle a partir de una aproximación abierta, objetiva y científica a los hechos. La Iglesia, más que nadie, está dispuesta a que se haga plena luz sobre el pasado. La beatificación de los 498 mártires no va contra nadie, porque nadie echa en cara su muerte a nadie se acusa y a nadie se pide cuentas En este sentido, es muy oportuno el recuerdo que el obispo de Bilbao dedicaba a la figura de monseñor Tarancón y su papel destacado en la Transición, durante la cual la Iglesia supo estar a la altura de las circunstancias, al igual que otras instituciones y sectores sociales. En un ambiente donde parece que sólo se escucha al que más grita, como si fuera depositario único de la razón, es reconfortante analizar el discurso ponderado y profundamente evangélico con el que se abrió ayer la asamblea plenaria de los obispos españoles. La firmeza en la defensa de las propias convicciones es plenamente compatible con el tono mesurado y la capacidad de análisis objetivo. De hecho, el éxito de la beatificación deriva del profundo significado religioso y espiritual del acto y de que nadie pretendió utilizarlo al servicio de visiones partidistas o de viejas querellas en la guerra civil. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una verdad oficial propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores- -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe- -refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. Por eso acertó de lleno monseñor Blázquez al plantear la memoria histórica como una fuente de concordia entre todos los españoles y no- -como pretende la ley que ahora se debate en el Congreso de los Diputados- -como una vía para abrir de nuevo la discordia al servicio de intereses partidistas. LOS QUE NO ESTÁN EN EL GUATEQUE A operación Guateque está aportando nuevos datos sobre personas implicadas en la red de funcionarios del Ayuntamiento de Madrid que supuestamente habrían venido cobrando, desde hace años, comisiones para la concesión de licencias administrativas de apertura de locales o de obras. La investigación judicial está en sus inicios- -como lo demuestran la puesta en libertad de algunos detenidos y la prisión provisional decretada para otros- pero el hecho de que ya se sepa que el supuesto muñidor de la trama entró en el consistorio de la capital durante la etapa de gobierno socialista y fuera cuñado de un, por entonces, conocido edil del PSOE- -Saturnino Zapata- -es toda una invitación a este partido para que modere sus expectativas de embestir al alcalde madrileño, Alberto Ruiz- Gallardón y, por extensión, al Partido Popular. Por lo que hasta el momento se sabe, esta red de cobro de comisiones ilegales no tiene vínculos con responsables políticos, ni está formada por personas de confianza o de libre designación, cuya supuesta responsabilidad penal pudiera derivar en una de carácter político para algún concejal del PP No es, por tanto, una versión madrileña del caso Malaya ni de otros de índole similar, porque las irregularidades no responden a un propósito de enriquecimiento de los cargos electos, ni la infección delictiva ha alcanzado a todos los niveles de la institución. L Como es lo debido en estos casos, el juez y la Policía son los encargados de seguir acumulando pruebas para determinar exactamente lo sucedido y quiénes son los presuntos autores de los hechos; luego las acusaciones concretarán las imputaciones y las peticiones de condena en juicio oral. La instrucción del caso no será fácil porque lo previsible es que se encadenen los hechos con apariencia delictiva y se complique la trama de los que cobraban y también de los que pagaban, porque en los delitos de cohecho- -pagar a un funcionario para que haga lo que debería hacer en el ejercicio de sus funciones- -no hay que confundirse de víctima: siempre que se descubre un corrupto, a continuación hay que buscar al corruptor. Lo llamativo del caso es que el empeño en que el asunto salpique a las instancias políticas del PP en el Ayuntamiento no es sólo del PSOE. Ya están en marcha nuevos juicios paralelos con intencionalidad política, que son una temeridad y demostrarían que algunos siguen sin aprender de sus propias experiencias, aunque ahora, disparando fuego amigo hayan cambiado de objetivo y exhiban todas sus viejas fobias hacia el alcalde Madrid. Por ahora, la operación Guateque es la que es y ni Ruiz- Gallardón ni ninguno de sus concejales están concernidos. Para decepción del PSOE y de otros. L diario bruselense Le Soir ha calificado la actual crisis política como la tercera muerte de Bélgica La frase indicaría que si esta situación se ha dado en otras dos ocasiones no habría que tomarse tan en serio las referencias fúnebres, pero la acertada expresión certifica también que una cierta forma de Bélgica murió cuando, por primera vez en los 177 años de historia del país, en la Comisión de Interior de la Cámara de Representantes, se impuso la decisión de una comunidad, la flamenca, contra la otra, la valona, a propósito de la demarcación de barrios bilingües. Nunca hasta ahora los diputados del norte del país habían utilizado la potencia de su ventaja demográfica para pasar como una implacable apisonadora por encima del tradicional mecanismo del consenso. La de este pequeño país ha sido precisamente una historia de cómo negociar y acordar civilizadamente cualquier cosa. Hace treinta años, cuando se produjo la que según esta tesis fue su segunda muerte sus dirigentes optaron por la federalización y la segregación de facto de las dos comunidades, en lugar de fomentar el bilingüismo enriquecedor. Desde entonces se ha producido un deslizamiento constante hacia la separación. Aunque a cada problema se le haya buscado una solución, superponiendo capas y capas de instituciones regionales y comunitarias, unas y otras han sido inútiles para consolidar la unidad del país porque todo se ha desarrollado en ausencia de lealtad al proyecto común. La famosa carta al Rey del diputado Destree diciéndole que tendría que resignarse a reinar sobre valones y flamencos Señor, los belgas no existen data de 1912, es decir, que la situación no es nueva. Desde la fundación del Reino, unos y otros saben perfectamente que Bélgica sólo podrá existir si prevalece esa voluntad de seguir siendo un solo país en el que se mantiene férreamente la determinación de pactarlo todo hasta el absurdo. Lo nuevo es que una comunidad- -la flamenca- -haya decidido poner fin a ese principio e imponer abiertamente sus intereses particulares sobre los comunes. Hace ya más de cinco meses que el país está sin Gobierno, algo que no había creado ninguna sensación de crisis hasta que se ha producido esta ruptura del consenso. La manifestación de este pasado domingo a favor de la unidad del país ha representado un relativo éxito, aunque no fuera más que por haber logrado evitar que sembrase más la división acusando a los que quieren acabar con el país. El Rey Alberto II ha acertado al sugerir que los dirigentes políticos exploren nuevas fórmulas de convivencia entre las dos comunidades, ante la evidencia de que las actuales, en efecto, pueden darse por muertas. Pero ni la reforma del Estado ni la elección de un Gobierno servirán de gran cosa si los valones y, sobre todo, los flamencos no demuestran que quieren seguir siendo, ante todo, belgas. E