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ABC LUNES 19- -11- -2007 Italia, protagonista de la gran lacra del deporte rey, la violencia DEPORTES 91 Annus horribilis Enero: En Bolivia, una mujer de 35 años murió aplastada en una avalancha en el estadio La Paz. En Italia, Ermanno Licursi, presidente del Sanmartinese, es asesinado a golpes tras una pelea entre seguidores del Luzzi y de su club. Febrero: Muere el policía italiano Filippo Raciti, que intentaba controlar a los ultras del Catania y del Palermo. En Argentina, hubo heridos por disparos en el partido River Plate- Lanús. El botellazo sufrido por Juande Ramos (entonces técnico del Sevilla) el día 28, en el campo del Betis, fue televisado a todo el mundo. Julio: Un hombre de 23 años fue agredido por hinchas del Liverpool en un tren. Siguen detenidos nueve agresores. Agosto: El Toro Acuña fue herido de bala cuando viajaba en el bus del Olimpia de Paraguay. Septiembre: El niño Carlos Cedeño, de once años, murió en Ecuador. Una bengala se le clavó en el pecho, en un partido entre el Barcelona y el Emelec. En Chile, jugadores del Temulco (Segunda división) dieron una paliza a un aficionado que les insultaba. Octubre: Cuatro autobuses con seguidores del Olimpia fueron tiroteados cuando acudían al estadio del Itaguá. Noviembre: En Guatemala, un directivo del Xelajú fue asesinado en su estadio. En Italia, el aficionado Gabriele Sandri, del Lazio, muere por un disparo del policía Luigi Spaccarotella. muy diferente al europeo y de difícil solución, porque está ligado a la pobreza. Argentina es el país más violento en la historia de este deporte, pero sus vecinos se codean en esta clasificación. La última moda, los secuestros, comenzaron en Colombia, Argentina y Uruguay y se han extendido a Honduras, Bolivia y Ecuador. Italia Cobardía e interés económico Los muertos forman parte del sistema, el calcio no se puede suspender Esta declaración define el estado de gravedad moral que vive el fútbol italiano, tristemente líder europeo de esta crisis de valores. La realizó Antonio Matarrese, presidente de la Liga Profesional del calcio el 2 de febrero, horas después del asesinato del policía Filippo Raciti, quien intentaba apaciguar a los bárbaros del Catania y del Palermo en el clásico siciliano. Desvelaba la huida hacia adelante que políticos y dirigentes del fútbol han protagonizado en ese país durante décadas. Una falta de autoridad que se apoyó en ocho años- -desde 1995 a 2003- -en los que no hubo muertos en la Primera división. Los sucesos en las categorías inferiores se consideraron explosiones marginales. Ocho temporadas en las que se alimentó a los ultras con la concesión de localidades que los radicales vendían para vivir. Ocho campañas en las que crecieron los gestos nazis en los estadios, mientras jugadores como Paolo di Canio emulaban a los ultras, brazo en alto, para ganarse su apoyo. Ocho ligas en las que los tifosi de muchos equipos exhibieron su xenofobia. Fue habitual el racismo contra muchos futbolistas extranjeros, los insultos a jugadores del propio club, sin que los directivos abrieran la boca. Simplemente, pedían resignación a los afectados. No podían hacer nada, justificaban los cobardes del palco. El monstruo fue creciendo y los dirigentes le dieron de comer. Vincenzo Spagnolo, el seguidor del Génova asesinado en 1995 por seguidores del Milán, fue interpretado como un caso aislado. La ausencia de fallecimientos a lo largo de ocho cursos engordó un ambiente en el que los grupos organizados eran los reyes de la grada. En 2003 se produjo la primera advertencia de esta realidad insostenible. Sergio Ercolano, un tifosi de 19 años, era asesinado en el partido Avellino- Nápoles. Era el decimotercer fallecido en la historia futbolística del país. Pero el calcio centrifugó el suceso dentro de sus fronteras y siguió sin adoptar Continúa en la página siguiente Banderas del Lazio sobre el féretro de Gabriele Sandri, que falleció de un disparo hace ocho días 9 de octubre de 2003. Manuel Ríos, seguidor del Deportivo, murió a trescientos metros del campo del Compostela por una patada en el hígado propinada por un seguidor de su propio equipo, que intentó defender a un simpatizante del Compos Era la duodécima víctima del fútbol español. AP que contrasta con los dirigentes italianos, que se rindieron ante la primera llamada anónima. España ha triunfado en su objetivo por haber ejecutado cuatro claves concretas. Primero, la coordinación constante entre la Policía y los clubes. Segundo, la aplicación de sistemas de vigilancia perenne de los grupos peligrosos. Tercero, la enorme inversión tecnológica para conseguir este control tanto en los estadios como en sus aledaños. Y cuarto, la implicación total de los dirigentes de los dos clubes más grandes, que hicieron de correa de transmisión con los demás equipos en su relación con los grupúsculos más agresivos. Florentino Pérez ganó la presidencia del Real Madrid en julio del año 2000 y nada más presentar a Figo comenzó su política de acabar con los Ultra Sur Joan Laporta siguió la misma pauta en el Barcelona. Aniquiló existencialmente a los Boixos a pesar de que su casa se viera pintada con dianas de amenaza. Esta valentía ha sido determinante para nuestro deporte. El último fallecimiento relacionado con el balón se produjo el Iberoamérica Un problema ligado a la pobreza Mucho peor es la situación en Iberoamérica, donde los muer- tos, los disparos, las agresiones y los secuestros se suceden cada semana desde Honduras a Argentina, pasando por Colombia, Brasil, Ecuador, Honduras y Bolivia. La lista sería interminable. El caldo de cultivo americano de esa plaga es Jaume Cruz Feliu Catedrático de Psicología del Deporte de la Universidad Autónoma de Barcelona NO DARLES PROTAGONISMO l fútbol, como cualquier otro acontecimiento, se da en un determinado contexto sociopolítico. Y los equipos tienen su rivalidad y su historia. En Italia, los seguidores de la Lazio y la Roma, con todas sus diferencias, están más en la ultraderecha, y los del Atalanta en la izquierda. El fútbol puede acentuar viejas rivalidades o E hacerlas más patentes. Y esto puede ser un problema cuando se desplazan muchos aficionados. Además, hay personas más propensas a cometer actos violentos, porque tienen necesidad de buscar emociones. En Inglaterra se ha llamado adicción al hooliganismo Estos aficionados mostrarían dos identidades, una aburrida durante la semana y otra excitante durante el fin de semana cuando salen del anonimato y piensan que hacen algo grande al enfrentarse con los hinchas rivales o la Policía. En Inglaterra vieron que era importante no darles más protagonismo que el necesario, porque algunos tenían su habitación empapelada con recortes de periódico de los incidentes que habían protagonizado. Y el endurecimiento de las medidas policia- les aumentaba su nivel de activación, porque desafiar a la Policía les parecía interesante. Un tema importante son las estrategias para controlar esta violencia. La primera: con los grupos ultras, tolerancia cero. También disponer de estadios cómodos que permitan separar las aficiones y controlar las entradas para que no haya reventa que las mezcle. La tragedia de Heysel en el 85 se debió en parte a que los aficionados italianos que compraron entradas en la reventa quedaron en medio de la hinchada del Liverpool. También es fundamental cuidar las declaraciones de directivos, jugadores y técnicos, que pueden suavizar o explotar una vieja rivalidad. Porque el fútbol, a pesar de sus rivalidades, no es algo en lo que nos jugamos la vida.