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74 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 19- -11- -2007 ABC ¡Qué bello es lo feo! El escritor y semiólogo Umberto Eco publicó en 2004 la Historia de la belleza Tres años después nos relata la Historia de la fealdad un ambicioso ensayo en el que desentraña cómo los cánones estéticos no son inmutables. Nadie es perfecto POR NATIVIDAD PULIDO MADRID. En el primer acto de Macbeth las brujan gritan: ¡Lo bello es feo y lo feo es bello! La balanza estética se inclina hacia unos cánones u otros, según épocas y culturas. El semiólogo Umberto Eco, que ya en 2004 publicó en Lumen una Historia de la belleza se adentra ahora en unos derroteros completamente opuestos. Acaba de ver la luz en España su Historia de la fealdad (publicada también en Lumen) De lo bello se han ocupado durante siglos artistas y filósofos. Cada uno ha ido dando su propia definición de belleza hasta reconstruir una historia de las ideas estéticas. Pero la fealdad no ha tenido igual suerte y ha carecido, hasta ahora, de ambiciosos estudios. A la hora de definir lo feo casi siempre se ha hecho por oposición a lo bello. Eco se pregunta: ¿Lo feo es simplemente lo contrario de lo bello? ¿La historia de la fealdad es el contrapunto simétrico de la historia de la belleza? Nos insta Voltaire a preguntarle a un sapo qué es la belleza: Os dirá que la encarna la hembra de su especie Y al diablo: Os dirá que la belleza consiste en un par de cuernos, cuatro garras y una cola Para Nietzsche, lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración mientras que en su Estética de lo feo Karl Rosenkranz define lo feo como el infierno de lo bello En este apabullante ensayo sobre la historia de la fealdad, Eco parte del mundo clásico hasta llegar a la actualidad. En Grecia la belleza se idealizaba, como podemos apreciar en las estatuas de Apolo y Afrodita. El arte veía en los dioses el modelo de la belleza suprema. Vitrubio dictó las proporciones corporales exactas: los que no se adecuaban a ellas eran, por ende, feos. Será Platón quien advierta la dificultad de definir lo bello y lo feo. Pero Umberto Eco nos recuerda que ya en la mitología clásica hay un catálogo de crueldades inenarrables: Saturno devorando a su hijo, Agamenón sacrificando a su hija Ifigenia, Edipo cometiendo parricidio e incesto... Ya entonces encontramos seres horribles como gorgonas, esfinges, minotauros, medusas, cíclopes, arpías, centauros, hidras... A continuación, Eco se sumerge en terrenos tan oscuros como la pasión, la muerte y el martirio. En el mundo cristiano, advierte, todo el universo es bello porque es obra divina. Y esa belleza redime la fealdad y el mal Así lo afirma San Agustín, para quien los monstruos son bellos porque son criaturas de Dios. Pero será con el Apocalipsis de Juan el Evangelista cuando lo feo bajo la forma de lo diabólico aparece en el mundo cristiano. El Infierno de Dante está plagado de monstruos, al igual que los juicios universales pintados por Memling y Fra Angelico. Y cómo olvidar los seres infernales del magistral Jardín de las Delicias de El Bosco. A los monstruos dedica Eco un capítulo- -el bestiario llega hasta Drácula, Frankenstein, Hyde y King Kong- Será en el Renacimiento, advierte el semiólogo, cuando la sociedad defienda ya el predominio de lo humano y terrenal sobre lo divino. La mujer ha sido a lo largo de la Historia blanco de una misoginia que identificaba fealdad con maldad interior. Se empleaba la imagen de la anciana- -símbolo de decadencia moral y física- -por oposición al elogio canónico de la juventud como símbolo de belleza y pureza. El diablo- -no podía ser menos- -también cuenta con capítulo propio. En el siglo XVII es cuando sufre una transformación y empieza a soltar el lastre con el que había cargado hasta entonces. En Hamlet Shakespeare dice que el diablo puede adoptar formas bellas. Y Goethe le dibuja en Fausto como un señor elegante. Recientemente hasta le han vestido de Prada, reencarnado nada menos que en Anne Wintour, la temida editora del Vogue americano. Hablar de la historia de la fealdad implica hablar de brujería, satanismo, sadismo... De nuevo la mujer identificada con el ser maléfico. Goya inmortalizó un genial aquelarre, con las brujas alrededor del diablo, bajo forma de macho cabrío y Walt Disney dio vida a la bruja por excelencia- -manzana envenenada en ristre- -en Blancanieves Para Lutero, las brujas eran las putas del diablo Subraya Umberto Eco la fascinación del ser humano a lo largo de la Historia por los espectáculos crueles. Basta con echar la mirada atrás, hasta los anfiteatros romanos. Sade nos recordó que el gusto por la crueldad estaba arraigado en la naturaleza humana. Y, visto lo visto, no andaba muy descaminado el cruel marqués. Eco no pasa por alto en su ensayo sobre la fealdad la fisiognómica (pseudociencia que asociaba los rasgos del rostro y la forma de otros órganos a características morales) Aristóteles, por ejemplo, creía que los hombres con los pies grandes eran forzosamente valientes. El primer intento de reflexión total sobre lo feo llegó, según Eco, con el Laocoonte de Lessing, en 1766. Sirviéndose de la imagen del sacerdote troyano que es devorado junto a sus hijos por dos serpientes enviadas por Minerva, Lessing elaboró una compleja fenomenología de lo feo. Como un siglo después hizo Rosenkranz en Estética de lo feo Shakespeare supo fundir en sus dramas lo bello y lo feo, al igual que ocurre en la naturaleza. Y y es que la belleza nunca está libre de desechos impuros. La literatura y la música están plagadas de héroes románticos horripilantes, pero sensibles, que nos roban el corazón. ¿Quién no prefiere la tierna De monstruos y diablos La muerte y las edades del hombre (detalle) de Hans Baldung Grien. Museo del Prado Sade y la naturaleza humana ¿La historia de la fealdad es el contrapunto simétrico de la historia de la belleza? se pregunta Umberto Eco Shakespeare supo fundir en sus dramas lo bello y lo feo, como ocurre en la naturaleza Mujer grotesca de Quentin Metsys. National Gallery de Londres