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22 ESPAÑA LUNES 19 s 11 s 2007 ABC ESPAÑA AL DESNUDO Al menos, las madres de Serradilla del Arroyo y los policías de Pinto se quedaron en cueros por propia voluntad, un privilegio en un país desnudo por decreto Jaime González E spaña se desnuda y enseña sus vergüenzas en una curiosa lección de anatomía colectiva que debiera obligarnos a una profunda reflexión, porque algo no funciona en un país cuando muestra sin recato los pechos o el trasero en legítima defensa. Las siete madres de Serradilla del Arroyo que posaron en porretas para un calendario erótico de edición limitada utilizan el cuerpo como expresión de protesta. Exhibicionistas de su propio desconsuelo, se quitan la ropa para conseguir un centro de ocio digno para los alumnos del colegio público Tierra Alba. La imagen de la panadera que nos enseña sus carnes más tiernas sobre el mostrador del negocio resulta conmovedora, porque es el paradigma de una España yaciente. Sus zapatos rojos de tacón contrastan con el blanco paisaje de un cuerpo libre y en aparente plenitud, pero preso de unos ojos pudorosos que no ocultan una brizna de amargura. Lo único que no se puede desnudar es la mirada, y esta España que ha decidido ponerse en pelotas transmite, por delante y por detrás, un sereno desconsuelo, como una luna lorquiana a la que quisieran arrancarle de cuajo el corazón. Los policías de la localidad madrileña de Pinto usan sus armas reglamentarias como velo para cubrirse la entrepierna, en otro calendario erótico cuya recaudación se destinará a fines benéficos. Dicen que no son un cuerpo opresor y que su desnu- do busca la cercanía con los vecinos, pero, al igual que las madres de Serradilla del Arroyo, su exhibición- -más allá de lo que logren tapar las pistolas- -rezuma melancolía, una tristeza vaga mucho mayor que el tamaño del velo tras el que parapetan sus defensas. Al menos, las madres salmantinas y los policías de Pinto se han quedado en cueros por propia voluntad, lo que no deja de ser un privilegio en un país desnudo por decreto. La imagen que de España devuelven los espejos muestra una nación corita y desarmada. No hay paño que cubra la fragilidad de su esqueleto, que se consume lentamente doblado por el peso de su insoportable encarnadura. Si este país desparramara su anatomía sobre el mostrador del negocio- -como la panadera de Serradilla del Arroyo- no habría photoshop capaz de adecentarle el cuerpo para ningún calendario de edición limitada. Hay desnudos que pueden resultar rentables, como el de las madres de ese pueblo olvidado o el de los agentes de Pinto. Pero el desnudo doliente de España no provoca ternura, ni melancolía, sino una profunda lástima. Esas siete mujeres- -y muy especialmente Ana López, la panadera de los zapatos rojos de tacón- -nadan y guardan la ropa para enseñar las carnes con cautela. En el fondo, lo que exhiben es pudor, concentrado en el pliegue de sus muslos, como un paso a nivel con barrera en mitad del mostrador. La grandeza de esas siete mujeres está en mantener la mirada, porque no hay desnudo ni calendario erótico sin un rostro que sea capaz de plantar cara a la cámara. Lo dramático es que el desnudo de España no sea el de las madres salmantinas ni tenga mucho que ver con el de los policías de Pinto, que recurrieron a las armas para cubrir sus vergüenzas. Ellos volvieron a vestirse, pero la desnudez de España es mucho más profunda y acaso irreversible. Quebradas sus defensas, el desnudo integral de este país- -carne reseca- -tiene el tono cerúleo del tiempo perdido y la cárdena expresión del moribundo consumido por el error y el exceso. Si España desparramara su anatomía sobre el mostrador- -como la panadera de Salamanca- -no habría photoshop capaz de adecentarle el cuerpo para ningún calendario benéfico