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ABC LUNES 19 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MARIANO EL ROJO UANDO Zapatero dijo aquello de que bajar los impuestos es de izquierdas quizá no pensaba en verse abocado de golpe a gobernar. Una vez en el poder prefirió blasonar de rojo en Marie Claire que es gratis, y en vez de la reforma fiscal que había sugerido acometió la del modelo territorial, buscándole las cosquillas a la Constitución por lo bajinis. Eso, desde luego, no era un proyecto de izquierdas, como se ha encargado de enfatizar Alfonso Guerra, a menos que la posmodernidad ideológica haya incorporado a la socialdemocraIGNACIO cia el concepto de las desCAMACHO igualdades territoriales. De modo que nos hemos quedado sin conocer la noción de fiscalidad progresista del zapaterismo, aunque visto lo visto acaso haya sido más recomendable; en esta legislatura lo único que se puede salvar- -virgencita, virgencita, como en el chiste- -es lo que se ha quedado como estaba. Ahora sale Rajoy, supuesto epítome del conservadurismo, y promete una megarreforma fiscal, la mayor de la democracia, la madre de todas las reformas, el reformazo. Si se toma la frase de Zapatero arriba citada como premisa de un silogismo en Bárbara, el líder del PP es un rojo peligroso y el presidente un facha de tomo y lomo. Por sus hechos los conoceréis; uno quiere una rebaja universal de impuestos, con siete millones de ciudadanos exentos de pagar, y el otro le ha otorgado a algunas autonomías el privilegio selectivo de su propia Agencia Tributaria. Del tipo único a la baja nunca más se supo, salvo que el valedor de la idea, Jordi Sevilla- -el de las dos tardes ¿recuerdan? ya ni siquiera es ministro. Está por ver, sin embargo, que los ciudadanos españoles consideren el asunto tributario un argumento electoral de peso. Felipe González implantó un sistema casi confiscatorio y ganaba por mayoría absoluta unos comicios que, para más inri, se celebraban generalmente en el periodo de la declaración de la renta. Cabe esperar que el dinamismo de la época aznarista haya cambiado las prioridades de una nación acostumbrada a la prosperidad y el crecimiento; si es así, Zapatero tendrá que responder a este órdago fiscal con una propuesta seria, y gane quien gane saldremos ganando los contribuyentes. El día en que los candidatos compitan de veras a ver quién baja más los impuestos, éste será realmente un país desarrollado. De momento, Rajoy ha tomado una delantera que buena falta le estaba haciendo en esa precampaña tan paradita en la que parece tomar todo con mucha calma, como si llevase ventaja. Su nuevo cerebro estratégico, Juan Costa, quizá no sirva como gancho carismático para ganar unas elecciones, salvo que se celebren en Puerta de Hierro, pero como experto económico acaso quiera labrarse un futuro de vicepresidente, a imagen y semejanza de su añorado mentor Rodrigo Rato. Si es capaz de sacar adelante ese proyecto, podría merecer la pena incluso el riesgo de que lo sea. C ¿Y SI ZAPATERO FUESE NERONIANO? L cine ha inmortalizado la estampa de Nerón, lira en ristre, oteando desde alguna terraza de su palacio el incendio de Roma; oteándolo con regocijo auténtico, casi con concupiscencia. Nunca sabremos a ciencia cierta si el incendio de Roma lo provocó Nerón; sí sabemos, en cambio, que era un gran desdeñoso, un sibarita de la crueldad que disfrutaba regodeándose en el mal ajeno y haciendo más aflictivas las penurias de sus súbditos. Este sibaritismo de la crueldad podría ser también el que animara a Zapatero a provocar ciertos desbarajustes. Quizá las tribulaciones de la gente le provoquen un cosquilleo en el trigémino, que es un nervio cuya estimulación procura sensaciones muy placenteras, según sabía el faquir Daja- Tarto. La idea no se me había ocurrido hasta que vi a Zapatero el otro día en el programa de Buenafuente, preguntando a su entrevistador si el retraso con que llegaba al plató se debía a que viajaba en tren de cercanías. Me pareció un momento de un humor neroniano fetén; para completarlo, a Zapatero sólo le faltó soltar una risa de hiena asmática, al estilo de aquellas que soltaba el perro Patán en la serie de Hanna- Barbera. Este rasgo de humor neroniano lo JUAN MANUEL han afeado muy airadamente algunos DE PRADA prohombres catalanes, representantes de ese cinismo archisabido del político que, mientras viaja en coche oficial, se finge muy concernido por los problemas del pobre pringado que viaja en tren de cercanías. El cinismo de Zapatero, más descarnado y moderno, ya no se finge concernido con el pobre pringado, sino que directamente se descojona de él en su propia jeta. A Durán le ha indignado que Zapatero se burle de los padecimientos de los barceloneses que es una cosa que queda pomposa y como de folletín decimonónico; y Puigcercós, para envolver su reproche en el celofán de un patetismo dickensiano, ha tachado de frívolo al presidente del Gobierno, recordando que algunos afectados por el desbarajuste ferroviario de Barcelona hasta han tenido que pedir créditos para pagar canguros La frasecita es para llorar a moco tendido, como hacían nuestras abuelas mientras escuchaban los EL ÁNGULO OSCURO E seriales radiofónicos. Salvo que uno posea, como Zapatero, un sentido del humor neroniano: entonces desinfecta el patetismo de la frasecita con el zotal del desdén y suelta una risa de hiena asmática. Signos de ese humor neroniano ya había ofrecido nuestro presidente a cualquier observador atento. Pero a los observadores les costaba digerir que Zapatero fuese un sádico y preferían explicar aquellas muestras de sibaritismo de la crueldad como deslices propios de un pasmarote. ¿No recuerdan cuando le soltó a la madre de Irene Villa que entendía perfectamente su sufrimiento, puesto que a él le habían matado a un abuelo en la guerra? Aquella frase fue interpretada como una sandez, como una muestra de insensibilidad, como una indecencia incluso; nadie se percató de que en realidad era un chiste neroniano. Y si aquella frase fue un chiste, ¿por qué no habríamos de aceptar que el desbarajuste ferroviario que se ha montado en las últimas semanas sea en realidad, como el incendio de Roma, una suerte de gran instalación o montaje de pretensiones colosalistas que Zapatero ha urdido para descoyuntarse la mandíbula, mientras come almendritas en la Moncloa? Todas esas remesas de pobres pringados que solicitan créditos para pagar canguros, mientras deambulan por los andenes de una estación a la que nunca llega el tren, ¿acaso no provocarían con sus miserias la risa de hiena asmática de un neroniano? A falta de un Séneca al que poder emplear de correveidile jocoso, Zapatero ha echado mano de Magdalena Álvarez, que tal vez no sea una eminencia, pero cuyo senequismo zascandil no admite parangón. No hace falta más que verla estrenando trenes que llegan tarde a su destino o inaugurando tramos de vía férrea hundidos entre socavones para comprender que dimitir tal vez no dimita, pero acabará abriéndose las venas. Al fondo, desde los balcones de su palacio, nuestro Nerón otea el desbarajuste y se parte de la risa. Con regocijo auténtico, casi con concupiscencia. Y más que se reirá cuando los pobres pringados que ahora piden créditos para pagar canguros lo voten religiosamente dentro de unos meses, temerosos de que Rajoy traiga el fascismo españolista. www. juanmanueldeprada. com