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ABC DOMINGO 18- -11- -2007 MADRID 65 Una de las vecinas, en la puerta de su chabola, donde comparte una sola habitación con su marido y sus dos hijos, aunque dispone de parabólica y aire acondicionado las. Menos graciosas son las ratas y cucarachas que campan a sus anchas por las calles atraídas, según ellos, por las maderas que se utilizan para la lumbre. En Las Mimbreras no hay tiendas, ni centro de salud: si no tienen coche están perdidos. Una vez al día, viene un panadero desde Torrejón a bordo de una furgoneta y vende desde pasteles hasta juguetes para los más pequeños. Lo que no falta es una iglesia evangélica, enclavada en una caseta prefabricada, donde cada día se reúnen para alabar a Dios a través de la música José, uno de los pastores, explica que intentan ayudar a los vecinos que más lo necesitan: se recoge dinero para las familias que están peor, se ayuda a los jóvenes a salir de la droga, a dejar el alcohol... lo que haga falta Pozuelo de Alarcón Cuartel Retamares Conexión Pozuelo M- 511 Somosaguas Ciudad Ciudad Jardín Jardín Jardín M- 5 01 M- 40 Las Águilas Las Águilas La comunidad de las mil chabolas mundo de miseria Un mundo marginal, de pobreza, miseria y exclusión se levanta a lo largo y ancho de la capital madrileña, así como en diversos puntos de la región. Lo conforman la comunidad de las mil chabolas en las que habitan otras tantas familias que viven en condiciones precarias. Son una decena de núcleos de infraviviendas ocupadas por unas 5.000 personas. Con todo, no son todas las que hay. La cifra solo alude a las que tienen controladas las distintas administraciones. Cuatro Vientos Cuatro Vientos S. José de Valderas Las Mimbreras de Valderas San Jos San José de Valderas Valderas Alcorcón Alcorc n Alcorc Alcorcón Legan s Después de tantos años de convivencia, los habitantes de Las Mimbreras se consideran parte de una misma familia, y todos sienten el miedo a la excavadora. Tanto las mujeres como los hombres aseguran que no se irán sin luchar Lo de la Cañada Real puede ser un aperitivo comparado con lo que va a pasar aquí proclama uno de los hombres ante los policías municipales que intentaban entregar las cartas de desalojo a sus destinatarios. Él, como otros muchos, no duda en reconocer que si tiene que haber muertos, los habrá Nosotros no somos delincuentes, pero o matamos a los que vengan o nos matan ellos a nosotros, con los niños y todo explican alterados a los municipales que intentan mantener la calma. A pesar de estar instalados en un suelo que no es suyo, consideran que, tras tantos años, tienen una serie de derechos adquiridos y no piensan quedarse en la calle sin obtener nada a cambio. José explica que su colectivo no se niega a pagar el alquiler de un piso, pero afir- ma que no tienen dinero para comprar nada. Allí, la mayoría de los hombres son chatarreros o se dedican a la venta ambulante y niegan rotundamente que en el poblado se venda droga. Una familia que vendía intentó instalarse y no les dejamos cuenta José, quien reconoce que algún que otro coche robado, sí que hay, para que negarlo De momento, están a la espera de recibir nuevas noticias sobre su situación y se están poniendo en contacto con abogados para intentar frenar los derribos. Amenazan con concentrarse en la puerta de urbanismo y, hasta con irse a vivir allí si hace falta, con colchones y todo si hace falta. Para ellos, la solución pasa porque les ofrezcan una vivienda digna a cambio de sus chabolas, pero el Ayuntamiento no está dispuesto a este cambio.