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64 MADRID DOMINGO 18 s 11 s 2007 ABC Una pareja del poblado, en la habitación principal de su chabola Si tiene que haber muertos, los habrá Los vecinos del poblado de Las Mimbreras no dejarán que tiren sus chabolas sin luchar Como en Cañada Real, han recibido ya numerosas órdenes de desalojo POR LETICIA TOSCANO FOTOS IGNACIO GIL MADRID. Esta es la mejor casa del poblado afirma orgulloso José, uno de los gitanos que viven en la zona chabolista de Las Mimbreras desde hace más de trece años. Mientras enseña los poco más de 60 metros cuadrados que forman parte de su vivienda, muestra la orden de desalojo que recibió la semana pasada. Tiene diez días para presentar alegaciones o derribarán su casa. En total, han llegado 20 cartas en una semana y, desde entonces, las aproximadamente 120 familias gitanas que viven allí están en pie de guerra: no vamos a dejar que nos echen a la calle prometen. Aquí cada familia tiene tres o cuatro hijos, así que son mas de 500 personas las que no tienen a donde ir explica José, consciente de que es sólo cuestión de tiempo que las cartas lleguen a todo el poblado. De origen extremeño, José llegó a Madrid hace treinta años con su familia porque en Cáceres no había vida y desde entonces, vivió en varios poblados chabolistas de la capital hasta que finalmente se instaló en Las Mimbreras. Allí nacieron sus hijos y allí se han construido una chabola dos de ellos cuando se han casado. Según cuentan, hacer una chabola requiere, al menos, dos meses de trabajo. No tenemos grandes lujos, pero no nos falta de nada afirma María Ángeles, su esposa, al tiempo que muestra su casa: un sofá, una televisión de gran tamaño, platos decorando las paredes, cocina con electrodomésticos y dos habitaciones. En Las Mimbreras llega la luz y el agua, pero nadie paga por estos servicios ya que los enganches son ilegales. De hecho, no es raro ver alguna antena parabólica sobre los tejados. La casa de José no es habitual en el poblado. La mayoría son chabolas levantadas con distintos materiales y forradas de cartones para intentar aislar el frío. Sin embargo, los que viven allí saben que eso es prácticamente imposible y muestran los partes médicos de las decenas de niños que padecen bronquitis crónica y otras enfermedades asociadas al frío y las humedades. Más de 20.000 euros de inversión La casa de José está levantada sobre una antigua guardería, por lo que sus paredes son de ladrillo, más seguras que en el resto del poblado. En el mismo espacio conviven cuatro familias y, según cuenta, entre todos han invertido más de 20.000 euros en adecentar su casa. Un autobús recoge a los niños para ir al colegio y a las mujeres para que asistan a clases de alfabetización Los habitantes del poblado advierten que los sucesos de Cañada Real pueden ser solo un aperitivo Sabemos convivir No obstante, aunque no viven en las condiciones más adecuadas, aseguran que los gitanos han aprendido a convivir y niegan los tópicos que les atribuyen. Nosotros no metemos los burros en las casas, ni hacemos fogatas y sabemos diferenciar lo que está limpio y lo que no sentencia María del Pilar, una gitana con cinco hijos que lleva seis años viviendo en Las Mimbreras. Hasta el poblado se accede a través de un carretera repleta de baches y socavones, pero en la que aparecen señales de tráfico que indican el camino. Tienen recogida de basuras, pero los vecinos cuentan que el camión no llega hasta el final del barrio, por lo que, en ocasiones, las bolsas de basura se queman para que no se amontonen y no huelan explica una anciana. Además, un autobús recoge a los niños para ir al colegio y a las mujeres para que asistan a clases de alfabetización y talleres. Todas las madres afirman que los pequeños están escolarizados, pero decenas de niños campan por el poblado en horario escolar sin que nadie parezca alarmarse. El motivo, según nos cuenta Remedios, es que muchas madres se han desmoralizado cuando se han enterado de los derribos ¿Para que vamos a llevar a los niños al colegio si no vamos a tener dónde dormir, ni dónde lavarlos y se van a reir de ellos porque están sucios? se pregunta esta gitana que lleva tres años en Las Mimbreras, donde se mudó tras salir del poblado de La Chuletera Un callejero muy particular Las calles del barrio cuentan con alcantarillado, pero según explican sus habitantes, nunca vienen a limpiar desde el Ayuntamiento y las alcantarillas están atascadas. Cuando llueve se inunda todo y hay charcos por todas partes nos cuenta Carmen, una de las vecinas. Allí, son los residentes los que se encargan de adecentar las calles y hasta han elegido, con mucho cachondeo, el nombre de las vías: calle de la Porra, calle de la Pepitilla... son algunos de los títulos pintados en las fachadas de las chabo-