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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Brindis con los vinos de Istria Siguiendo el aroma de la trufa, a través del valle por donde discurre el río Mirna, se llega irremediablemente al corazón de la trufa istriana, a Livade. Allí, el restaurante Zigade Tartufi crea maravillas con su gema terrestre, a la que acompañan los caldos del llamado Triángulo de vinos de Istria Unos suculentos tagliatelle, carpaccio de pez, tortitas de mousse de chocolate, hacen las delicias de los clientes que pueden completar su jornada tartufiana, comprando en su tienda el tubérculo en forma de aceite, marinado, dulce, y tal como lo encuentra escondido entre las raíces de los robles. El diamante negro o trufa negra es asequible, la trufa blanca es otro cantar pecuniario porque, ya lo decían los griegos y romanos, convierte cada plato en una aventura. El restaurante Zigade ha llegado hasta el récord Guinnes con una espectacular trufa blanca de 1,3 kilos que Giancarlo Zigade encontró con la ayuda de su perra Diana. Fue en noviembre de 1999 y la trufa, llamada Millenium, sirvió de homenaje con el que los Zigante celebraron la entrada del 2000 en compañía de un grupo de afortunados. Restaurante Zigade Livade 7, 385 (0) 52 664- 302 E- mail: info zigantetartufi. com www. zigantetartufi. com Mariano, con parte del primer botín olfateado por sus perros en el bosque dad que necesita el bosque para que afloren y si hace falta más lluvia... y si ese año será bueno, y hasta conoce a los compradores, muchos de ellos italianos, que, a las puertas del bosque, esperan y compiten entre sí para ser los primeros en conseguir esas joyas del bosque que comercializarán por el mundo entero casi a igual precio que las piedras preciosas. Llega la hora de disfrutar de la búsqueda. En la finca de agroturismo Spinovici, en las cercanías de Motovun, el feo y contrahecho tubérculo sufre una metamorfosis y pasa a ser el deslumbrante protagonista de un suculento plato de pasta cubierto de finas láminas de trufa y de una carne guisada con esmero. Todo ello al amparo del chardonnay o la malvasía local y acompañado de una fresca ensalada, aliñada con el espeso y sabroso aceite de oliva istreño. El dueño del restaurante- posada habla de la vida de la trufa y lo hace en italiano, ya que en la zona de Istria, dada la cercanía con Italia y sus cambios geográficos a lo largo de su historia, ese idioma es casi una segunda lengua. Cuenta cómo durante cuatro meses la región vive para el tubérculo y se llena de visitantes que llegan a comprar, degustar o a divertirse en los festivales que las aldeas celebran en honor al tubérculo. Los chefs internacionales sienten debilidad por la trufa, especialmente la blanca, quizás por su rareza y dificultad de obtención. La añaden a sus platos favoritos, no sin que antes de ingerirla el comensal disfrute del aroma- -un noventa por ciento de sus encantos- -que invade los sentidos y que hace que a la hora de paladearla haga la comida aún más exquisita.