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98 VIERNES deESTRENO VIERNES 16 s 11 s 2007 ABC Billy Bob Thornton, implacable profesor en Cuestión de pelotas La película cuenta también en el reparto con Susan Sarandon y Sean William Scott ABC MADRID. En el camino entre Hollywood y Madrid, Mr. Woodcock se ha convertido en Cuestión de pelotas título español del filme que ha dirigido por Craig Gillespie y que llega a las pantallas españolas este fin de semana. Del título español se puede deducir con claridad que estamos ante una comedia; la acción transcurre en la escuela media de Forest Meadow, y su protagonista es el profesor de Educación Física (al que encarna el recio Billy Bob Thornton) que ha convertido sus clases en una suerte de humillación física y mental hacia sus alumnos. De Mr. Woodcock (el implacable profesor) se ha enamorado Beverly Farley (Susan Sarandon) algo que no comprende John Farley (Seann William Scott) hijo de Beverly, escritor de moda y que acude a visitar a su madre. Farley ha superado gracias al éxito de uno de sus libros, los dolorosos recuerdos de las clases de Woodcock, y la sola idea de verle junto a su madre hace que reaparezcan todos sus fantasmas. Craig Gillespie encontró en el personaje de John Farley un elemento muy atractivo: Tiendo a sentirme atraído por estos jóvenes héroes imperfectos en la veintena que buscan respuestas. John está lidiando con un personaje muy fuerte, con Mr. Woodcock, y todos parecen tener a alguien como él en sus vidas. El hecho de que John consiga la oportunidad de volver y de tratar con él lo convirtió en un personaje realmente interesante, y generó muchas oportunidades divertidas El resultado es una comedia hecha, dice Gillespie, para el público más difícil. Todo lo que sucede y lo que hacen los personajes tiene que venir de un lugar creíble. No se puede hacer sólo para gastar una broma o para arrancar una sonrisa Roman Duris interpreta a Molière en esta película de Laurent Tirard ABC Un genio del arte de escribir comedias Las aventuras amorosas del joven Molière película que hoy llega a las pantallas españolas, enfoca la época juvenil de la biografía de Jean- Baptiste Poquelin, actor y dramaturgo francés, y uno de los grandes nombres de la historia del teatro universal JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Jean- Baptiste Poquelin, Molière, es uno de los patriarcas fundadores y ángeles de la guardia de Francia y la lengua francesa: el espíritu francés es indisociable de su gracia, su genio, que comienza por ser un genio del arte de escribir comedias, para convertirse, con el tiempo, en uno de los cimientos de una forma particular de entender el mundo, las relaciones entre los hombres libres, compartiendo el pan y la palabra en algunas instituciones comunes. Molière pudo ser muchas cosas: comerciante y proveedor de la Corte, como su familia; abogado, como presagiaban sus estudios; hombre de Corte, muy cerca del actual palacio del Elíseo; dramaturgo de la estirpe más severa, como fue su primer deseo; autor de relatos licenciosos, como podían presagiar su vida y sus adversarios. También fue un poco todo eso. Pero su genio se manifestó de manera definitiva como autor de comedias de enredo moralista o filosófico. Educado en un colegio elitista, el actual Liceo Louis Le Grand, cercano a la Montaña de Sainte- Geneviève, tan decisiva en la historia de París, su familia, educación y relaciones pudieron instalarlo muy pronto en las antesalas de la Corte. Pero prefirió embarcarse en una vida de farándula, con un éxito sencillamente nulo, lejos de la capital, vagabundeando por una Francia profunda donde los cómicos de la legua no podían enriquecerse con facilidad. Su talento como actor y hombre de empresa, al frente de su propia compañía, le permitió, sin embargo, reconquistar los favores reales, que le dieron tanta fama, dinero y enemigos, prestos a denuncian al joven libertino que terminaría casándose con una mujer veintitantos años más joven. Y la habilidad familiar del hijo de un antiguo proveedor del Rey le permitió navegar con brío y talento por las procelosas aguas del teatro de corte: riéndose a carcajadas de los cortesanos, los trepadores, los envidiosos, los hipócritas, y la temible fauna que aspiraba a devorarlo. Es fama que Molière agonizaba durante su última representación de El enfermo imaginario El público comprendió que el actor no estaba representando su papel más célebre: agonizaba en escena, con el brío magistral de los grandes maestros. Aunque murió en su lecho, horas más tarde, rodeado de amigos, público, gente de iglesia y de corte venida a contemplar la muerte del hombre cuya frivolidad magistral tocaba la lengua de sus comedias con el aura de una patria común. Los tartufos de Molière son universales por ser humana y provincianamente franceses. Como la pedantería de sus señoras y señoritas filósofas remendonas. Como sus avaros y pillerías de pícaro condenado a medrar en los aledaños de la Corte. Ese hombre solo, que inventa un arte nuevo de escribir comedias, en su lengua, denuncia todos los vicios de su patria, para hacer más hondos los cimientos de su pueblo natal, bien enraizado en la tierra inmaterial de la lengua. Más información sobre la película: http: www. woodcockmovie. com La luna en botella España 2007 90 minutos Género- -Comedia Director- -Grojo Actores- -Edu Soto, Bárbara Goneaga, Dominique Pinon No al no J. C. A pesar de la sinonimia onomatopéyica de su nombre de guerra, este Grojo no parece presumir de método alguno (ni el Grönholm de marras, claro) Al menos, en su primer largometraje, liviano como una ópera bufa y profundo como un escritor en huelga de musas caídas. Justamente esta última imagen es el leit motiv de la historia, mero epicentro argumen- Más información sobre la película http: www. golem. es moliere tal sobre el que se van levantando nubes concéntricas y de desigual suelo, ora movedizo, ora firme. Un negro con el alma muy blanca (encantador Edu Soto) acepta un nuevo encargo alimenticio y especialmente humillante para sus aspiraciones literarias reales. Así, se encierra, portátil en ristre, en un café con olor a magia y revolución que le monta un aquelarre circense de aúpa. Con innegables encantos y cantos de sirena cinéfilos (desde la acumulación gozosa de Jeunet al costumbrismo mágico de Neville) Grojo nos invita a echar una moneda de níquel en el adivino- autómata con turbante y bigotito que es su película. A algunos les sonreirá la buenafortuna y se dejarán llevar por la danza bohemia que llena la pantalla, y a otros les parecerá una mamarrachada, aunque feliz. Riesgos de poner la cámara a un palmo del suelo. Pero ni el cine ni los sueños están hechos para los cobardes.